Soy un romántico.

Así de rotundo y de tajante, sin matices ni medias tintas. Soy de los que anhelan esa sensación que se produce al realizar algo que ansías por primera vez. Y es por eso que suelo rememorar a menudo aquel primer fin se semana de Diciembre del año 2014, cuando enfundado en una camiseta que representa los mejores valores que el deporte puede albergar, rebosante de miedo, incertidumbre y ganas, comenzaba mi andadura en la mítica distancia.

Dos años y mucha experiencia acumulada después, aqui estamos nuevamente, a escasas dos semanas de comenzar a recorrer la mejor ciudad del mundo a pie. Y esto, para un romántico declarado como yo, es muy bueno, pues no conozco otro acontecimiento en la vida que me haga sentir estos nervios en la boca del estómago cada vez que se acerca (y eso que llevo a mis espaldas varias maratones de montaña y 3 ultras, mas dos maratones de asfalto). ¿Os imaginais sentir cada vez que teneis sexo la misma sensación de nerviosismo y ganas de vuestra primera vez? ¿Esos nervios del conductor novato en cada ocasión que se sube al coche? Pues eso es exactamente lo que sucede con la maratón: por muchas que pasen, los nervios y la incertidumbre no hay quien los evite.

Y no nos engañemos, del mismo modo que vuelven los nervios por comenzar, soy consciente de que no todo serán alegrías y risas, sino que llegaran los calambres, dolores musculares, rodillas inflamadas, pájaras monumentales, y mucho, pero que mucho sufrimiento. Pero no creo que exista satisfacción sin una pequeña dosis de sacrificio, y cuando este es compartido junto a buenos amigos, es mucho más fácil de sobrellevar y mucho mas gratificante cuando se ha superado.

Si a esto le unimos que el club que por aquellos días estaba en sus albores ahora es todo un referente en Málaga  (y casi diria que también fuera de ella) por los valores que transmite, por la bondad de sus integrantes, por el compañerismo, la solidaridad…todo ello crea una mezcla de sensaciones que hacen imposible no emocionarse en estos dias previos, una vez que se va de la cabeza la presión por el entrenamiento y se sustituye por el sosiego del descanso y la buena alimentación.

Y a raíz de estos pensamientos es imposible no rememorar el porqué de que este nuevamente a escasos días de cruzar la línea de salida de la mítica distancia. En aquella ocasión fue mi padre, en esta es mi segundo padre -mi abuelo- el que no estará para coger el teléfono y escucharme emocionado contarle las mil batallitas que surgen en apenas 4 horas.

Por eso, en esta ocasión, cuando llegue la ostia -porque sabed que llegará- serán dos personas las que ocupen mi pensamiento y me hagan avanzar hasta cruzar el paseo del parque y reunirme con mis amigos.

Porque la vida se conforma de vivencias; pero también de recuerdos. Porque, qué le voy a hacer: soy un romántico…

Mr Law

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