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Sufrimiento

Mirada al frente.

Nervioso e intimidado. Las palabras que podrían definir mi percepción de lo que me rodea ahora. 

Sentado esperando mi comida, a pocas horas de empezar la ultra, con el dorsal recogido, las mochilas entregadas y el trabajo realizado, la incertidumbre que siempre me acompaña en estos momentos se convierte en nervios y dudas. 

La noche no acompañara, se prevé viento, lluvia, niebla e incluso nieve en las cumbres. Desde luego que este panorama ayuda a tener nervios sobre lo que acechara cuando caiga la noche. 

Llego a la prueba con el plan de entrenos cumplido al 96%, siguiendo cada instrucción de mi entrenador y adecuando familia y tiempo libre a el objetivo. 

Esta vez, todo lo controlable no esta controlado. Los meses previos han sido muy atareados, poco tiempo para preparar los entrenamientos y la cabeza siempre ocupada con el día a día. Eso me ha llevado a no tener buenas sensaciones en estos 4 meses cuando los entrenos eran exigentes. 

Ahora mas que nunca hay que tirar de cabeza y casta. He de usar la experiencia de ultras anteriores y buscar la concentración máxima para evitar malos pensamientos que me lleven al fondo del abismo. 

Toca sacar la rabia contenida, mirar al frente y buscar con la mirada el siguiente punto.

Repetiremos una vez mas el mantra que me lleva persiguiendo mas de dos años en cada momento de bajón:

“Lo que se empieza, se termina”

M

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Soy un romántico.

Así de rotundo y de tajante, sin matices ni medias tintas. Soy de los que anhelan esa sensación que se produce al realizar algo que ansías por primera vez. Y es por eso que suelo rememorar a menudo aquel primer fin se semana de Diciembre del año 2014, cuando enfundado en una camiseta que representa los mejores valores que el deporte puede albergar, rebosante de miedo, incertidumbre y ganas, comenzaba mi andadura en la mítica distancia.

Dos años y mucha experiencia acumulada después, aqui estamos nuevamente, a escasas dos semanas de comenzar a recorrer la mejor ciudad del mundo a pie. Y esto, para un romántico declarado como yo, es muy bueno, pues no conozco otro acontecimiento en la vida que me haga sentir estos nervios en la boca del estómago cada vez que se acerca (y eso que llevo a mis espaldas varias maratones de montaña y 3 ultras, mas dos maratones de asfalto). ¿Os imaginais sentir cada vez que teneis sexo la misma sensación de nerviosismo y ganas de vuestra primera vez? ¿Esos nervios del conductor novato en cada ocasión que se sube al coche? Pues eso es exactamente lo que sucede con la maratón: por muchas que pasen, los nervios y la incertidumbre no hay quien los evite.

Y no nos engañemos, del mismo modo que vuelven los nervios por comenzar, soy consciente de que no todo serán alegrías y risas, sino que llegaran los calambres, dolores musculares, rodillas inflamadas, pájaras monumentales, y mucho, pero que mucho sufrimiento. Pero no creo que exista satisfacción sin una pequeña dosis de sacrificio, y cuando este es compartido junto a buenos amigos, es mucho más fácil de sobrellevar y mucho mas gratificante cuando se ha superado.

Si a esto le unimos que el club que por aquellos días estaba en sus albores ahora es todo un referente en Málaga  (y casi diria que también fuera de ella) por los valores que transmite, por la bondad de sus integrantes, por el compañerismo, la solidaridad…todo ello crea una mezcla de sensaciones que hacen imposible no emocionarse en estos dias previos, una vez que se va de la cabeza la presión por el entrenamiento y se sustituye por el sosiego del descanso y la buena alimentación.

Y a raíz de estos pensamientos es imposible no rememorar el porqué de que este nuevamente a escasos días de cruzar la línea de salida de la mítica distancia. En aquella ocasión fue mi padre, en esta es mi segundo padre -mi abuelo- el que no estará para coger el teléfono y escucharme emocionado contarle las mil batallitas que surgen en apenas 4 horas.

Por eso, en esta ocasión, cuando llegue la ostia -porque sabed que llegará- serán dos personas las que ocupen mi pensamiento y me hagan avanzar hasta cruzar el paseo del parque y reunirme con mis amigos.

Porque la vida se conforma de vivencias; pero también de recuerdos. Porque, qué le voy a hacer: soy un romántico…

Mr Law

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En el año 2004 un chico de 17 años, acompañado de sus amigos del barrio, hacía su primera carrera, la edición número XXVI de la tradicional carrera del Corte Ingles. Consiguió un discreto tiempo de 1:12:00 aproximadamente. No estaba mal para alguien que no corre de forma habitual, prueba superada.

cmalagaItinerario de la carrera en 2004. Solo ha variado la salida en este año.

Poco tiempo después, un doctor le diagnostica una enfermedad degenerativa que irá acortando su vista y lo dejará ciego tarde o temprano y poco o nada podrá hacer para evitarlo. Sin embargo, tras el shock inicial, decide seguir con su vida, ya que rendirse no era una opción para él y emprende un largo viaje en forma de carrera universitaria. Nadie piensa que vaya a conseguir llegar a la meta: padres, amigos, a veces ni siquiera él… pero van pasando los años y poco a poco va subiendo peldaños para alcanzar esa meta.

Estos años de sedentarismo hacen que este chico olvide todo lo relacionado con el deporte durante años. Pero después de una mala experiencia decide empezar a correr para cumplir un sueño de niñez, acabar una Maratón. Se propone pequeños objetivos. Correr durante 15 minutos seguidos, luego 8km, luego 10, 12… llega a participar en el Medio Maratón de 2015. Después de eso, lesiones de todo tipo, cintilla, piramidal, rodilla… un calvario tras otro y vuelta a empezar una y otra vez en soledad. Pero rendirse sigue sin ser una opción.

Los meses van pasando y llega de nuevo la carrera del Corte Ingles en su edición número XXXVIII. Sabe que no está preparado del todo pero decide correrla para reencontrarse con sus ilusiones de juventud. En los días previos se suceden una serie de acontecimientos que le hacen replantearse su participación en esta edición. Pasa semanas sin entrenar y prácticamente sin dormir para intentar acabar su carrera universitaria, lo que no consigue y tiene que posponer. Además, problemas sentimentales recientes y otras historias. Pero finalmente, decide que rendirse nunca fue una opción.

Día 23 de Octubre de 2016. Me enfundo mi camiseta de Bichos Runners y me dirijo hacia el punto de encuentro para la foto oficial con la familia bichuna. Media hora después, me dirijo hacia la línea de salida donde me espera un amigo. Me siento extraño porque es la primera vez que no tengo los nervios pre carrera, como si supiera que no va a ser una fiesta para mí, hoy va a tocar sufrir.

14-05Foto pre carrera con la familia bichuna

Disparo de salida y empiezo mi camino, 10 km de viaje me esperan. El primer kilómetro a 6:30 junto a mi compañero y, pese a que quede a más de un minuto de mis mejores ritmos, siento buenas sensaciones. Otro kilómetro a 6:10, quizás me haya equivocado y esté mejor de lo esperado. El camino se inclina y me pone en mi sitio. Le digo a mi amigo que no me espere, definitivamente toca sufrir. Me pasan los bichos más rezagados que me dan ánimos, y sigo hacia delante.

En torno al kilómetro 5 el enésimo grupo de la marea verde me corta y quedo por momentos en tierra de nadie. El cansancio y la nube de problemas de los días previos me alcanzan y hacen que me plantee abandonar. Nunca antes me había pasado ni en tiradas ni carreras, siempre tuve una gran fortaleza mental aun cuando las fuerzas flojeaban. Pero esta vez realmente estaba sufriendo por momentos, no quería seguir, ¡ojalá no hubiese tomado la salida! En ese momento recordé que rendirse seguía sin ser una opción y menos con esa camiseta, no me iba a permitir parar. Abandoné mis pensamientos y el cansancio, solté todos los lastres y solo miré hacia adelante, pasó a paso, metro a metro de sufrimiento hasta que pasé el cartel de los 100 metros hasta meta. En ese momento, aun roto de cansancio, corrí con toda mi alma para llegar en 1:12:00 con una sonrisa en la cara. Nunca pensé que volver a correr en ese tiempo me pudiera hacer feliz.

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Foto finisher

No hice marca personal, ni siquiera entré antes que la mitad de los participantes, pero doce años después me reencontré con aquel chico que hizo su primera carrera. No importa que no estés en tu punto más dulce, volar sin lastres es fácil. Lo realmente importante es soltar las piedras que te impiden avanzar y que eso te permita crecer como persona. Creo que lo importante no es el crono sino el camino, las sensaciones y experiencias vividas, a veces malas a veces buenas. Y a menudo lo olvidamos, yo el primero.

Doy las gracias a aquel chico de 17 años que cruzó la meta en 1:12:00, que me ha conectado por momentos con aquella época, y que ha hecho como si el tiempo nunca hubiera pasado, dándome un soplo de aire que necesitaba. Y que dure… espero estar el año próximo para superar otra meta.

Mr Vanma

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Cuesta escribir una crónica de carrera cuando no se siente motivado. Eso me pasó el pasado mes de Junio tras cerrar el círculo de la primera etapa: conseguir todos los puntos necesarios para optar a una plaza para la UTMB 2017.

¿Y porque no me sentía entusiasmado ni orgullosos de haberlo conseguido?

Simplemente porque en el Gran Trail Peñalara fallé. Fallé en la preparación. Se me escaparon elementos de la ecuación que hicieron que no disfrutara en la carrera, más bien todo lo contrario.

Comprendo que con mi poca experiencia en ultras necesite más aprendizaje para dominar el arte de maximizar el rendimiento del tándem cuerpo-mente, pero no soy un conformista y si se puede conseguir algo más, voy a por ello. No siempre se consigue.

Un resumen de mi experiencia en el Gran Trail Peñalara 2016 (115km +/- 5000 m) podría ser el siguiente:

1.- La prueba.
El nivel organizativo y de voluntarios de lo mejor que he visto. Todo funcionaba a la perfección. Un engranaje con funcionamiento suave y eficaz que hace justicia a la fama de la prueba. Eso es un lujo en estos años de burbuja del running donde saber elegir y acertar en las pruebas, especialmente en ultras, está siendo ya una necesidad para evitar a cuatreros sin escrúpulos que por ganar dos duros exponen a deportistas a situaciones límites e inclusos peligrosas. Pero este es otro debate que no viene al caso en esta prueba ni en este post.

2.- El entorno.
Espectacular. No me esperaba encontrar esa belleza de paisajes, donde estar a 2.500m de altitud en la cima del Peñalara te da la sensación de estar flotando en un aire espeso, divisando en 360º todo el mundo a tus pies y un silencio que te envuelve de libertad.

El Parque Nacional de Guadarrama es de una belleza sin igual y parajes realmente únicos. Para los que vivimos en el sur, encontrarnos arroyos a cada paso con agua fresca donde sumergir el calor y refrescar el cuerpo es un lujo que nos gustaría tener más a menudo.

3.- La carrera.
Llegaba bien. Muy bien. Tras atacar el sub13h en Ronda llegaba con buenas sensaciones. El objetivo era terminar y conseguir los puntos, pero también hacer buena carrera estaba en el horizonte.

Apliqué mi estrategia que me estaba funcionando bien en las últimas carreras: salir intenso para estar en el top 50 de corredores en las primeras horas de carrera hasta tomar mi ritmo de carrera para controlar el desgaste muscular.

La prueba se podrían resumir en los siguientes puntos clave de lo acontecido allá en el mes de Junio.

Km 0. Salida. Ambientazo. Temperatura perfecta. Primera carrera fuera de Andalucía y con ganas de arrancar.

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Ambiente ultrero 100% previo a la salida

Km 25. Tras dos bajadas intensas empiezan las molestias de los tibiales. Este sería uno de los puntos clave de la carrera a partir de ahora. Dos descensos muy técnicos donde tomé la decisión de hacerlos muy conservador, desgastando muscularmente los tibiales en exceso, marcaría mi destino.

2016_06_24_gran-trail-pe-alara-2016_la-maliciosa_gran-trail-pe-alara-2016-2182348-40745-96Descendiendo la Maliciosa (2.227 m) de manera conservadora. Gran error de principiante.

Km 30. 4:30 de la madrugada y el sueño intenta apoderarse de mí. Lo achaco al efecto de la altitud tras haber ascendido a la Maliciosa así que aprieto dientes hasta ver amanecer. Problema superado con los primeros rayos.

Km 77. Las molestias se vuelven dolores cuando el terreno baja. Subir a Peñalara y sentir ese aire limpio y ese sonido mudo del paisaje te hace olvidar por momentos los problemas de tibiales.

2016_06_24_gran-trail-pe-alara-2016_risco-de-los-claveles_gran-trail-pe-alara-2016-2182348-40739-513Riscos de los claveles. Simplemente espectacular.

Km 82. KO técnico. Caigo a la lona y no me puedo levantar. Los tibiales ya no me permiten correr. Toca andar 33 km y aguantar el dolor, mucho dolor en cada cuesta abajo a paso corto y lento.

2016_06_24_gran-trail-pe-alara-2016_km-105-gtp-y-km-55-tp60_gran-trail-pe-alara-2016-2182348-40742-2365Los últimos 9 kilómetros de la prueba son bajada constante. Solo quedaba mantener el ritmo de paseo lento para llegar antes del anochecer.

Km 115. Meta. Llevo 9h andando sin poder correr y con dolores en los tibiales a cada paso que doy. Ni tan siquiera en recta de meta con todos los ánimos que recibía del público pude correr. Sensación extraña. Termino tras 22h 16’ (3 horas más de mi tiempo estimado). Consigo mi objetivo, ya tengo los puntos para UTMB pero vuelvo a casa con la cabeza baja, pensativo y buscando la causa del fallo.

2016_06_24_gran-trail-pe-alara-2016_meta-gtp-y-tp-desde-17h31_gran-trail-pe-alara-2016-2182348-40748-1553Por encima de todo, el objetivo es terminar. La sonrisa siempre debe salir al cruzar la meta.

Termino muy dolorido y una posible lesión importante es lo que me preocupa. Visita obligada al físico el día siguiente, donde me revelan el problema: falta de fortalecimiento de tibiales en la preparación. Es solo una sobrecarga.

Me alivia saber que no quedarán residuos de la ultra y conocer la raíz del problema me hace sentir mejor. Me vuelven las ganas de seguir entrenando y aprendiendo. Ya conozco lo que tengo que mejorar para tener más control de los elementos que componen una ultra.

Mi entrenador toma nota, yo tomo nota y tras un mes de Julio de descanso activo, volvemos al trabajo en Agosto para preparar el siguiente objetivo, la Ultra Gran Vuelta Valle del Genal (130km +/-6.000 m) donde los castaños y colores del otoño me esperan para surcar su valle.

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A 3 semanas de la prueba, las sensaciones son diferentes que hace 4 meses. Los cambios de rutina de gimnasio, los ejercicios de propiocepción y los entrenamientos en terrenos técnicos me dan confianza cara a la próxima prueba.

Todo puede pasar, y de hecho soy consciente que habrá elementos incontrolables o imposibles de predecir, así que por mi parte, el trabajo está realizado.

Comer, hidratarme e ir descargando el trabajo muscular es lo que me quedan en estas semanas para completar el plan de entrenos. Estamos listos. Pronto recorreremos el Gran Valle.

Mr M

 

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“La vida no es una caja de bombones Forrest, es una ultra maratón – Mr. M

“Los 101: la vida en 24 horas” – Mr. Surman 1

 

Prólogo

Mr. M, Mr. Surman1 de Marea Naranja, D. Emilio Chamizo y otros pocos forman parte del imaginario de héroes que se plantearon antes que yo realizar 101 Km y lo consiguieron. A ellos les debo esta crónica, pues abarcaron gran parte de mis pensamientos durante 101 Km y de ellos robo esta idea. A ellos y a todos y cada uno de los Bichos y de los NSB… y por encima de todos a mi mujer. Ellos son los que despertaron en mí una simple pregunta retórica… ¿Qué es la vida sin sufrir?…. 

… Ahora ya lo sé  yo también… una vida es una ultra… toda ultra… contiene una vida.

…. Paso pues a narrar mi vida a quien quiera compartir mi sufrimiento.

 

Concepción

Todo ciclo de la ovulación contiene días que alcanzan el zénit de la fertilidad. Para los 101 Km de Ronda de 2016, esta fertilidad duró sólo 49 segundos.  O conseguías fecundar y hacerte con un dorsal en ese minuto, o quedabas condenado al ostracismo, a intentarlo en otra ocasión, a no disfrutar de toda una vida.

Yo y mis compañeros de esta vida (mis amigos de la infancia y otros Bichos Runners) tuvimos suerte. Nuestros códigos entraron en periodo fértil. Tuvimos dorsal y con ellos, la posibilidad de nacer.

 

Embarazo

El embarazo prepara al embrión para convertirse en feto, y al feto para poder nacer y convertirse en bebé. Para mi vida durante los 101 Km, el embarazo consistió en 12 semanas de entrenamiento específico, diseñadas por Mr. Sensei.

A lo largo de este tiempo, preparé a mi cuerpo para soportar distancias épicas sin desfallecer, a través de constancia, pasión, compromiso y diálogo con mi entorno, especialmente con Virchy y Sofía,  a las que agradezco el apoyo incondicional brindado durante este periodo.

 

Parto

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Los marchadores nacimos el 14 de Mayo de 2016 a las 11:00 AM. La atmósfera legionaria; la emoción contenida del resto de participantes; la legendaria sombra de personas a la altura de Super Paco; el momento de saludar fraternalmente al resto de bichos la cena de la pasta del día anterior, compartida con Mr Montain y el resto de bichos; la recogida de dorsales y especialmente, las salves cantadas desde el palco, facilitaban un nacimiento mítico, donde en el rostro de familiares que contemplaban el espectáculo desde las gradas, ya se reflejaban algunas lágrimas y sólo con esto ya se erizaba la piel. ¡Dios mío, si sólo estamos empezando… ¿Qué nos esperarían las próximas horas?!! – pensé.

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Nos esperaban todas las emociones sensibles por el ser humano y condensadas en 101 Km, que bailarían entre ellas, mezclándose: Alegría con miedo. Ira con tristeza. Felicidad con sorpresa y con afecto…. emociones llenas de vida.

 

Lactancia

Ronda se volcó al 100%. Una vez nací, experimenté los colores de su paisaje, la calidez de su gente, la monumentalidad de su estructura. Aromas a pan recién hecho, a humedad de la lluvia, a jovialidad y espectáculo, a comercios que rebosaban energía. Con gritos de vamos, vamos, levité sobre el tajo. Tras el puente, la plaza. Ronda abrió las puertas de su corazón y nos permitió ser bombeados por su ruedo, como sangre fresca por arterias. Tras la plaza, más Ronda, más vamos, vamos… más viva, viva… más emoción… más vida.

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El casco urbano se fue alejando poco a poco, a través de una larga recta a través de la que se desplazaba un enorme gusano, lleno de color, vitalidad, esperanza y gloria. En su cola, los militares cerrando el paso. Olía a barro. Fango inofensivo que apenas frenaba. Refrescaba. Si esto era el barro que presagiaban las lluvias, bienvenido era ¡¡¡Cuan equivocado estaba!!!

Atravesé el brillante bosque mediterráneo, deslumbrante por la lluvia, por la vía de los pescadores y llegué al círculo cerrado de las navetas, donde aprendí a andar, a comer, a hidratarnos, a consolidar mi cuerpo a la carrera.

Cuando yo entraba en este círculo de aprendizaje, Mr. M y Mr. Belu salían, vaticinando un nivel de vida impresionante. Me alegré, al igual que me alegró muchísimo ver a Mrs Litle, apoyando a los bichos. Iba bastante suelto. Adelantaba. Buenos augurios.

 

Infancia

Al salir de las navetas, ya era todo un niño. Trotaba a velocidad de crucero, me alimentaba de forma autónoma, me hacía con la carrera. El campo verde, fresco, iluminado, brotando, jovial como también lo era mi ritmo de carrera.

Aún era un niño y con los niños de Arriate me fundí, chocando las manos. Nos trataban como héroes.

– ¡¡¡Choca, Choca!!! ¡¡¡ Eres un “PRO”!!!!. – Decían inocentes.

Pros son los que acaban en menos de 10 horas, o en 13, como M o Belu… yo sólo era un triste figura que disfutaba de una de sus experiencias top 5 de su vida, aunque en verdad, esa inocencia de niño me hizo sentir pro.

– ¡¡¡ ARRIBA ARRIATEEEEEE!!!!!, ¡¡¡VAMOSSSSS ARRIBAAAA!!! ¡¡¡ARRIBA ARRIATEEEEE!!!! – grité.

La multitud respondía dejándose hasta el último aliento. El pueblo entero se levantaba, y aplaudía, y ovacionaba…. Y eso te crecía… y pasabas sin ser consciente de ello a la adolescencia de la carrera.

 

Adolescencia

Toda adolescencia se hace muy cuesta arriba, pues es una edad cochina. Efectivamente, con precisión en el paralelismo de este relato, Arriate acabó en la cuesta de los cochinos, posiblemente la pendiente más larga de la carrera. Desde ahí brinqué de cortijo en cortijo, dimensionando mis pasos a velocidad que me podía permitir en subida. Toda competición exigente te pone en tu sitio, y en este instante, la carrera distinguía entre senderistas entrenados en cuestas y corredores que daban lo mejor de sí en llanos y bajadas. No por ello me dejaba amedrentar, pues cada uno tiene su ventaja competitiva a la que debe saber sacarle partido, aunque la mía estaba en otro instante. Lo mío no eran las cuestas. Me adelantaban por la derecha y por la izquierda.

Tras coronar el Polear, la situación cambió, las piernas se soltaban de forma sostenida y en pendiente pronunciaba. Volaba. Adelantaba a los que optaban por andar o trotar muy lentamente. Sentía que avanzaba. Sentía vida y esta fuerza te acompañaba hasta Alcalá, donde de nuevo los niños te llamaban “Pro” u optaban por reírse de ti, sin término medio, si te veían desencajado. Los lugareños vitoreaban:

– ¡¡¡ ARRIBA ALCALÁÁÁ!!!!!, ¡¡¡ VAMOSSSSS ARRIBAAAA!!! ¡¡¡ ¡¡¡ ARRIBA ALCALÁÁÁ!!!! – decía, y la multitud se dejaba hasta el último aliento otra vez.

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Justo en el zénit de kilómetros atravesé la cuesta con más gradiente, que te catapultaba para abandonar Alcalá y sumirte en un paisaje glorioso de naturaleza abundante, maleza enriquecida por las últimas lluvias, aromas desconocidos para un urbanita y sonido de pájaros y otros bichos. Humedad, verdor, frescor, ritmo y microclimas danzaban hasta impulsarte a Setenil, a través del sonido del agua que cargaba con violencia sobre las paredes de los arroyos, fundiéndose con los pasos de los que trotábamos.

Setenil fue una fiesta comunitaria. Jóvenes y mayores bebían en las calles y se amontonaban, estrechando aún más sus pequeños carriles, apoyando a la carrera.

– ¡¡¡ ARRIBA SETENIL!!!!!, ¡¡¡ VAMOSSSSS ARRIBAAAA!!! ¡¡¡ ¡¡¡ ARRIBA SETENIL!!!! – decíamos, y la multitud se dejaba hasta el último aliento una vez más.

… y los oriundos estrechaban aún más espacio en un escenario que te recordaba a los pueblos del Tour de Francia, o a los de la mítica UTMB, y conseguías llegar hasta el polideportivo, hito donde pasabas de la adolescencia a la madurez.

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En el polideportivo, a través del cambio de mochila, maduré de adolescente a adulto. Una ampolla irrumpió con fuerza al cambiar de calcetines. Fea y gorda. Me podía causar problemas en un futuro no muy lejano. Mi compañero Toni optó por amputar, con la inestimable ayuda de Mr. Lauval que me sujetó la cabeza para no mirar. Con pericia militar, Toni pasó aguja e hilo y saneó el líquido de la herida.

-¡Dos minutos y a correr!, – me dijo

-¿Qué hago con el hilo? – Pregunté.

-El hilo forma parte de ti hasta llegar a meta. Ni caso. ¡Vámonos!

… y así nos fuimos, aunque se nos esfumaron 45 minutos de vida en ese polideportivo, entre cambios de mochila, avituallamientos y ampollas. Costó retomar la inercia de carrera. Durante un par de kilómetros, estuve pensando en Annie Wilkes de Misery.

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Adultez

Setenil me hizo mayor. Asumí con responsabilidad el resto de la carrera, sabiendo que lo más duro estaba por llegar.  Me planteé racionar los kilómetros, asegurar los pasos cuando debiera y disfrutar trotando cuando pudiera.

La vida adulta pasa deprisa. Durante este tramo de carrera disfrutas menos. Recuerdas menos. Vives menos. Sólo te centras en avanzar y devorar kilómetros.

– ¡¡¡ Oooooootro ¡!!.- Gritábamos los NSB cada vez que el garmin sumaba uno.

La subida desde la Huerta del cura hasta Chinchilla fue bastante nefasta. Perdí posiciones. La carrera volvía a ponerme en mi sitio: entre los que no han entrenado suficientemente bien las subidas. Adopté la única estrategia válida posible, la de la mirada al frente y hacia delante, contando los kilómetros.

Al coronar chinchilla, pocos trotaban. Los NSB luchamos. ¿Quién dijo que a partir del 65, los participantes de nuestra talla no podían correr?¿Dónde estaba escrito?. David, Toni, Miguel y yo no nos resignamos a seguir marchando. Teníamos chispa, nos sentíamos frescos y conservábamos ganas, así que hicimos lo que habíamos venido a hacer: Trotar y dar lo mejor de nosotros.

Primero adelantamos a dos primeguis, luego a una decena más de participantes. Conforme pasábamos a gente, más rápido corríamos, hasta enfilar la mítica cuesta previa a la fuente de la higuera. La mayor parte andaba, nosotros levitábamos. 10, 20, 30…. Seguíamos adelantando.

-¡Son los kilómetros de la verdad!!! ¡¡Si adelantamos aquí, llegamos!!!! – animó Miguel.

Puse velocidad sub 6 min por Km. La carrera nos recolocó en nuestro sitio y es lugar eran bastantes posiciones por delante. El dibujo del circuito hace que toques Ronda, que toques la meta, que sientas la muerte de la carrera… pero realmente se encuentra a unos 20 Km de distancia.

– ¡¡¡¡Oooootrooooo!!! ¡¡¡Oooootrroooo!!!!- Seguíamos cantando cada vez que superábamos un Km.

Con la moral por los cielos, nos adentramos en el cuartel de la legión, punto mítico de la carrera, donde se producen cada año la mayor parte de los abandonos.

-“Al cuartel hay que entrar aún chispa”.- recomendó Mr. M a los bichos en los momentos previos a la salida. “Aún me queda mucha chispa. Voy muy bien”.- Pensé.

En la puerta, avituallamiento frío. En el comedor, avituallamiento caliente. Al entrar, el cambio de temperatura se hace notorio. Fuera el termómetro debía situarse en torno a los 10 grados. Dentro pasaría de 25. Al cruzar las puertas del comedor, el desvencijado edificio parece un paraíso: las sillas, lujosos y acolchados tronos; las mesas y la comida, auténticos manjares; las cocineras, auténticas sacerdotisas que suministran miel y ambrosía, el manjar de los dioses. ¡¡¡Había televisión!!!

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-¡¡¡ Ni se nos ocurra sentarnos!!!.- Dijo David. .- Vamos a salir de aquí rápido o la carrera habrá acabado para nosotros. – Añadió como si le estuviera aconsejando la mismísima Cirse, quien advirtió a Ulises de los peligros de los cantos de sirena…

Ciertamente el bullicio del resto de los participantes, sus familiares y los televisores, invitaban a reposar. Un estridente ruido enmudeció la sala. Un corredor desfalleció, cayendo de súbito desplomado. Afortunadamente la cosa no pasó a mayores, pero nos animó devorar la sopa, el arroz y el perrito caliente para salir cuanto antes de allí, de vuelta a los 10 grados.

Cambiamos las mochilas, saludamos al resto de heroicos bichos que encontramos (Mrs Monroe, titánica; Mr. Sebas; Mr. Rubio; Mr. Boar; Mr. Buzo y Mr. Beetle y enfilamos a trote la senectud, hasta llegar a la cuesta de la Ermita de Montejaque, donde entramos de pleno en la vejez.

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Sabía que la subida a la ermita era la cuesta más dura de la prueba, quizá no tanto por su pendiente o por su trayecto, sino por la propia escasez de fuerzas, algo ya decrépitas. Toni, David, Miguel y Yo debíamos llegar juntos. Guardamos fuerzas. A partir de aquí, se acabó el trotar. Ciertamente, ya no se producían adelantamientos significativos, ni por parte nuestra, ni por parte del resto. La carrera dictó sentencia en las posiciones a partir de este momento: así se quedarían los que consigan llegar. Aun así, se producían abandonos, muy a pesar de quienes, aun habiendo sobrevivido a las seductoras sirenas del cuartel, sufrían calambres, desfallecimientos o simplemente ausencia de voluntad para continuar.

Coronar la ermita dejó un sabor agradable. Esperaba un templo cargado de magnificencia y decoro, pero encontré a la izquierda un simpático, austero y humilde templete. Tras él, inicié la bajada, sumido en la más absoluta oscuridad. Miré arriba, me sentí pleno acompañado por las estrellas. En estas condiciones, la capacidad de introspección se agudiza. Contestas a preguntas de tu yo interior. Ordenar armónicamente la información. Los sentidos pasan a segundo plano, salvo por la belleza de las montañas que bordean Benaojan.

Al mirar atrás, vislumbraba centenares de frontales que desfilan tras de mí, dejando una línea de puntos que se perdía lo lejos. El escenario me recordó al relato de Bécquer del monte de las ánimas, o al desfile de almas errantes de la escena de Poltergeist.

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Cruzamos Benaojan. Admirable como a las 3 de la mañana aún había lugareños animando, aunque a esas alturas carecía de fuerzas para un ¡¡¡ ARRIBA BENAOJÁN!!!!!  Les miraba a los ojos, pero no tenía fuerzas para articular palabra. No hacía falta, en su mirada había complicidad y apoyo y que estuvieran ahí a esa hora, también me hizo sentir como me hicieron sentir los niños de Arriate…. muy “pro”.

Pensé en Sofía. Pensé en Virginia. Pensé en mis padres y mis familiares. Pensé en todos los que me rodean. Pensé en los Bichos, en los que están aún en carrera, en los que han llegado y en los que estaban expectantes alegrándose por nosotros. Pensé en Mr. White, cuyos pasos ya han llegado más lejos que cualquiera de los nuestros. Pensé en mi hermana, que había vencido a su batalla. Pensé en los que están, en los que no están (Ramón Martínez, entre otros). Pensé en Dios y di gracias. Detrás de esta plenitud, sólo podía estar él. Pensé en los NSB que estaban a mi lado, acompañando mis pasos y me sentí afortunado. Pocos terminan los 101 en compañía de sus mejores amigos de la infancia. Pensé en Doc Brown, cuando revelaba a los del salvaje oeste que un día el hombre sólo correría por placer. Sonreí.

Pronto me adentro en el infierno y salgo del estado introspectivo al estado “constant tensión”. El barro aparece. Aunque se le esperaba, ataca con una virulencia desprevenida. Conseguimos a duras penas, ascendiendo con precaución. Resbalamos, caemos, nos levantamos, caemos. Nos quedamos anclados. Nos resbalamos. A las 4 AM nos pasa factura el cansancio y el lodo para el que no estamos entrenados. Coronamos el ascenso, pero el descenso fue aún peor. Caemos. Nos levantamos. Nos resignamos a seguir, luchando por no correr la misma suerte que Artax, devorado por el pantano de la tristeza. 25 minutos por kilómetro, más de una hora en ese lodazal.

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Tras el barro, pocos son mis recuerdos. Entre el 95 y el 99, el cansancio me vuelve muy viejo. Senil. Recuerdo vagamente pasar por un estado de frondosa vegetación. Al fondo, en el cielo se intuían las primeras llamaradas del amanecer. Recuerdo el aroma a café de los puestos de avituallamiento. Recuerdo avistar el tajo a mi izquierda, iluminado como el sol, señalando la gloria. Recuerdo como pensé que la victoria sería nuestra y ya nadie podría arrebatárnosla. Recuerdo como ya no caminaba, deambulaba sonámbulo. Luchaba por mantener los ojos abiertos.

Llegamos al KM 100, el inicio de la cuesta del cachondeo. Subimos con muchísima emoción. Nos felicitamos. La carrera llegaba a su fin. Ronda nos recibía madrugador. La cuesta daba paso a la monumentalidad de la ciudad. En silencio, vuelvo a pensar. Pienso en este deporte como instrumento psicoterapeutico. Pienso en este deporte como instrumento de paz. Tal vez el secreto para la concordia resida en fomentar que  los seres humanos corran largas distancias junto a otros, y no huyendo de otros.

– “Felicidades…. cómo sois los bichos… os machacan, os trituran, parece que morís pero luego siempre estáis ahí… enhorabuena!!”.- Me giro y veo a Mena de Runs App. Yo contesto con un simple “gracias” y una mirada de complicidad, acompañada de un abrazo.

Cruzamos el suelo de uno de los puentes más bellos del mundo. Giramos a la derecha, rumbo al arco de meta.

Muerte

Dicen que al morir contemplas toda tu vida en un segundo y que te acompañan tus seres queridos. En ese segundo me pasaron flashes de la plaza de toros, de ¡¡¡Arriba arriate!!!, de la ampolla de Setenil, del canto de sirena, del olor del café, del lodo y sobretodo de un pensamiento: los NSB lo habíamos conseguido. Alcé la mirada. Vi la sudadera de Law, ya vestido como finisher cientounero. Lo había logrado!!! Y Jc!!!!!! Bravo!!!! Vi a Mrs Little y al lado vi al rostro más angelical de la faz de la tierra. La madre de mi hija. Mi querida Virchy. Pensé en Sofía. Rompí a llorar. Saludé a María, que aguardaba paciente y emocionaba a David.

– ¡Lo has hecho cabrón, eres un crack! – Me dijo Mr. Beluga señalándome. Le abracé. Él sí que fue un crack, debutando en apenas 13 horas y sin entreno específico.

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Los NSB nos colocamos con paso decidido en meta. Paramos a pie de línea. Nos hicimos una foto. Nos abrazamos. Giré. Alcé los brazos y lancé un grito matando la carrera.

– ¡¡¡¡ Toooomaaaaaaaaa!!!!!!

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Fin de la vida.

Al otro lado me esperaba Mr. M, que sin percatarme grababa la escena, en un regalo a la altura del de Mr. Lizard dos años y medio cuando grabó mi último kilómetro en mi primer maratón.

– “Gracias por recomendarme esta mierda”.- Le confesé. Te lo debo, M.

Así de cierto…  una vida es una ultra… toda ultra… contiene una vida.

¿Qué es la vida sin sufrir?

Mr. Fartleks Killer

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“El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”

Volviendo a mi intención de dejar por escrito lo que va aconteciéndome en mi camino al UTMB, encontré este texto a medio empezar, el cuál ni tan siquiera recordaba haberlo iniciado.

El texto pretendía publicarlo en la previa de los 101 de Ronda de este año, pero la falta de tiempo e inspiración no se pudo completar. El post decía algo tal que así:

[…Solo ha pasado un año y vuelvo a encontrarme esa piedra en el camino. Esa piedra de querer hacer un tiempo determinado en una carrera, cuando siempre he renegado de marcas y batallas. 

Debe ser que además de animal, la edad me está volviendo valiente, o loco quizás, pero aun siendo consciente de que conseguir el buscado sub13h no es el único objetivo en Ronda este año, siempre ser finisher debe ser un objetivo en toda ultra, me ilusiona luchar para conseguirlo. 

Hacer una carrera de 101 km como entrenamiento de otra de 115 km con 5 semanas de diferencia puede parecer una grosería deportiva para un aficionado al trail como yo, pero en esto de las ultras la experiencia es la base del éxito, y yo necesito aún muchas horas de monte para  sentirme capacitado y con seguridad para llegar al objetivo del 2017. 

En realidad, pensándolo fríamente, me siento preparado para el asalto y con opciones de salir victorioso. El convertirme en bandolero hace 10 semanas me da una confianza añadida, demasiada para mi gusto a la hora de encarar la prueba, y ese es el principal rival a batir este fin de semana. 

Tengo muy claro que la confianza crea accidentes y solo la preocupación los evita, así que la clave será encontrar el equilibrio entre arriesgar y controlar; el resto será fruto de tomar las decisiones correctas en el momento adecuado.]

Me resulta extraño ver el contraste del antes y el después.  Si antes de la carrera me sentía con miedos, incertidumbres e intrigas, a pocos minutos de completarla en 15′ por encima del sub13, aún con el cuerpo abatido y bajo la fría madrugada de ese sábado en la Alameda de Ronda, mi compañero de batalla ya estaba planeando el asalto al sub12 el año que viene.

img_0987Objetivo del año que viene: saltar la piedra y cruzar el arco

Yo, precavido y calculador como de costumbre, no lo tenía tan claro. Hasta revisar la carrera con sus errores y aciertos, analizar tiempos de paso y paradas, no me he dado cuenta que sí, que era posible e incluso se podía haber conseguido este mismo año, pero no pudo ser.

Podría poner unas cuantas razones razonables para justificarlo, pero no sería justo. Todos hemos pasado por aquel barrizal y todos hemos disfrutado de la agradable temperatura durante el recorrido. Pensar en el asalto al sub12 el año próximo es un aliciente más para seguir avanzando y aprendiendo.

 img_1022Última recta visualizando ya la Alameda, dejando a trás el pais del barro que tanto costó superar este año.

Como resumen de la carrera de Ronda, se podría ver representado en mi histórico de tiempo en esta prueba. Con tres participaciones, entrenos focalizados en carreras de montaña y la propia evolución del cuerpo, la progresión es clara y sobretodo, tener la sensaciones de poder seguir avanzando.

r1 Gráfica de tiempos realizados y previsión para el 2017.
Como se puede apreciar, ver el Tajo de Ronda con las últimas luces del dia es un privilegio solo para unos pocos.

Como decía al inicio, ahora todo se centra en terminar la próxima prueba, Gran Trail de Peñalara (115 km +\-5200m) y conseguir al fin los ansiados puntos que me permitan acceder al sorteo de una plaza para la UTMB.

53995230bf435Próxima parada: Sierra de Guadarrama para coronar el Peñalara

Mr M

 

 

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Cuando llevas un tiempo corriendo, cumpliendo con tu planificación, y superando tus objetivos, el running deja de ser sólo deporte, para convertirse en algo terapéutico… un sistema de vida.

El running no sólo aporta beneficios deportivos, sus logros también se irradian al resto de aspectos de nuestra vida.

Ten en cuenta que formamos partes de numerosos sistemas que se relacionan unos con otros. Nuestra composición humana es un ejemplo ilustrativo de ello. Como sabes, estamos compuestos por sistema circulatorio, sistema nervioso, sistema muscular, sistema linfático… los diversos sistemas interrelacionan entre sí, desde una perspectiva holística. Un fallo en uno, tiene efectos sobre el resto.

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Nuestros sistemas no sólo se limitan a la esfera corporal. Ya lo decían los latinos (y luego se apropió de ello la prestigiosa marca de zapatillas, ASICS) “Anima Sana In Corpore Sano”, y el running te deja el cuerpo sano, sano…

Todo está relacionado. Formamos parte de otros sistemas: sistema familiar, sistema laboral, sistema deportivo…. Que forman parte de nosotros mismos, se alimentan unos de otros en sus relaciones.

Hay toda una teoría desarrollada al respecto, con una fuerte influencia en el ámbito de la psicología y con aplicaciones prácticas al campo de la psicología deportiva, en la línea de lo que tú estás comentando. Esta teoría a la que me refiero es la “TEORÍA GENERAL DE SISTEMAS”, desarrollada inicialmente por Von Bertalanffy.

Una buena progresión como corredor popular te proporcionará beneficios en la salud y en tu autoestima que irradiarán sus efectos positivos sobre el resto de sistemas. Para ser runner no sólo entrenas tu cuerpo, también entrenas a aceptar tus limitaciones, a superar tus debilidades y a comprometerte con proyectos a largo plazo, y esto son valores que son igualmente válidos para tus estudios, tu profesión, tu familia y tu forma de vida.

Desgraciadamente, los aspectos negativos de nuestra vida, generan un impacto emocional con más facilidad que los aspectos positivos. Es más fácil caer en una espiral negativa, que en una espiral positiva. El running amortigua a los efectos negativos y potencia los efectos positivos, en parte por su influencia sobre la bioquímica corporal.

Como forma de acabar el año, te propongo que te comprometas a tomar consciencia de todo lo positivo que te rodea, no sólo por influencia directa del running, sino por el resto de sistemas que influyen en tu vida. Si lo haces, el resultado de todo un año será espectacular. Para ello, te propongo en siguiente ejercicio:

Hazte con una hucha. Servirán las de tipo cerdito de toda la vida, o una caja de zapatos, o un tarro de cristal bien grande. A partir del 1 de enero, comprométete a escribir en trozos de papel todas las experiencias positivas que te vayan sucediendo a lo largo del año, Por ejemplo:

hucha-cerdo-martillo

  • 1 enero: A pesar de la resaca del 31, corrí 10 km
  • 2 enero: me encantó la guerra de las galaxias
  • 6 enero: disfruté de un entrañable día de reyes con mi familia
  • 11 enero: afronté la vuelta al trabajo de forma muy positiva
  • ….

Tus eventos positivos son tuyos. Añade cualquier competición, cualquier encuentro familiar o con amigos, cualquier momento especial, cualquier cosa que te haya ocurrido que sea positiva. Dobla muy bien el papelito e introdúcelo en la hucha. NO INTRODUZCAS NINGÚN SENTIMIENTO NEGATIVO!!! Sólo valen las experiencias positivas!!!!!

El 31 de enero, rompe la hucha, disfruta de la espiral positiva que hayas construido. Valora qué logros están directamente o indirectamente relacionados con el running, te sorprenderá lo que vas a encontrar. Resetea el año y comprométete con una nueva hucha. Visibiliza tus espirales positivas!!!!

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Feliz 2016 que sin duda tendrá una tendencia en espiral positiva !!!!!

Mr Fartleks Killer

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Málaga, 7 de diciembre de 2014, 8:30h.

Suena el pistoletazo de salida del V Maratón Cabberty Málaga y mi corazón late por encima de 140 pulsaciones antes de dar siquiera el primer paso. Atrás, 5 meses de escrupuloso trabajo, con 900 kilómetros a mis espaldas como garantía y un objetivo definido: Ser finisher maratoniano con un tiempo cercano a 3h35′. Mis rodajes certifican mi capacidad pero dos semanas antes de ponerme bajo el arco de salida, tras un rodaje de 32 kilómetros en Jarilla (Cáceres), fui consciente que mi sola participación en la carrera sería casi imposible. Me había roto.

Mi ambición y los 103 kilómetros acumulados en 8 días habían hecho saltar por los aires mis ilusiones de debutar en Maratón por todo lo alto. Por delante quedaron dos semanas de reposo absoluto y fisioterapia intensiva en cadera y rodilla izquierdas para intentar ponerme en la salida con intención de hacer unos kilómetros hasta que me retirase… pero aguanté. 4h10 minutos de sufrimiento y 1 solo de Gloria.

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Fui finisher en una de las experiencias más agridulces que he vivido. La angustia, el tremendo dolor y la felicidad al cruzar la meta fueron tan extremas que me hicieron vetar la distancia de Filípides para los restos. Una espina del tamaño de una estaca quedaría clavada en mi corazón hasta que algún año decidiera tratar de sacarla en una de las grandes. Pero por supuesto no en Málaga y menos en 2015.

Málaga, 6 de diciembre de 2015, 8:30h.

Ayer tuve la suerte de entrenar con uno de mis ídolos de la infancia, Abel Antón (he de confesar que le tengo especial aprecio porque siempre se me ha parecido a mi padre, jeje). El año anterior me lo perdí porque iba a correr y no podía hacer ni un kilómetro de más, pero este año hice pleno: entrenamiento por la mañana, visita a nuestros Bichos voluntarios en la feria del corredor, y voluntario por la tarde con mi compañero de batallas del año pasado, Juanillo, alias Mr Anfibio.

02Total, como solo iba a hacer de liebre durante la primera media maratón a un ritmo cómodo para el grupete bichuno de las 3h45, podía permitirme lo que quisiera.

Ya nos hemos saludado todos, hemos hecho fotos y activado los nervios del grupo. Reconozco que me mola eso de verles desde la barrera a todos con el gusanillo del que se enfrenta a un gran reto. Están ilusionados y yo emocionado porque voy a participar al menos en el logro de 5 compañeros. Cuenca, Truji, Pablo, Agus y Fran serán mi sombra durante 21 kilómetros, y después Mamerto me dará el relevo para seguir con ellos hasta el final… ¡¡ qué ganas !!

Suena el pistoletazo de salida del VI Maratón Cabberty Málaga y mi corazón late a 130, son altas pero estoy tranquilo. Se nota que es competición. Me encuentro bien, no suben mucho en los primeros metros y voy a poder disfrutar sin esfuerzo con mi gente… ¡¡ espero no fallarles !!

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A partir de ese momento, mientras buscaba el ritmo que habíamos acordado entre bromas varias, empezaron a venirme a la cabeza muchos pensamientos y recuerdos de la pasada edición. El quiero y no puedo de 2014 se iba convirtiendo en el quiero y no debo de 2015. Y según avanzaban los kilómetros, cuanto más disfrutaba con mis Bichos, más me pesaba la idea de separarme de ellos a mitad de carrera. Ver a mi mujer animando por sorpresa llegando al Palo me hizo subir aún más la moral de cara al objetivo.

Llegando al Km15 nos cruzamos con los primeros del grupo que iban por delante, Miguel, Gus y Zuri. Al dar el giro de 180 grados, el resto de pretorianos venían iluminando con su felicidad toda la avenida. Es difícil de explicar lo que se siente al vernos cumpliendo un reto si no lo vives desde dentro, porque sabemos lo que cada uno ha trabajado durante meses para poder estar justo donde está. Poco a poco el grupillo fue creciendo con atletas que se unían al calor del buen ambiente que reinaba entre todos, llegando a ser unos 15 en el paso por la media.

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Y mi momento llegó. En el kilómetro 21 esperaba puntual Mamerto para relevarme en el puesto. Mi cabeza no paraba de dar vueltas. 3 días antes hablaba en mi post sobre salud y deporte de aquéllos que se enfrentan a duras pruebas sin estar preparados pero, jolín, me encontraba fuerte y tenía una base muy buena de la montaña, tampoco era tanta locura, ¿no? Pero entonces varias voces del grupo resonaron en mi cabeza animándome a seguir, disipando mis dudas. Decidí probar suerte unos kilómetros más.

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Los minutos pasaban. Uno tras otro iban cayendo los carteles que marcaban cada punto kilométrico. Íbamos clavando el ritmo con puntualidad suiza y sin ápice de cansancio, nos adentramos en el Estadio de Atletismo los 6 mosqueteros con Mamerto todavía escoltándonos. Habíamos completado los 2/3 de carrera juntos y parecía que así seguiríamos.

Pero el kilómetro 30 hizo que se produjesen las primeras bajas, y M decidió quedarse más atrás para ir ayudando a quien pudiera necesitarlo. Continuamos Fran, Pablo y yo hacia adelante al mismo ritmo medio de 5:19’/km, con la moral por las nubes, desafiando al temido muro mientras veíamos cada metro pasado como un boleto más para cruzar la meta juntos. Así hasta el 36.

Tras 3h10 largas, quise echar mano del último plátano que había guardado en la mochila. Ese debía ser mi extra de gasolina que me hiciera llegar “entero” hasta el final. Pero por más que rebuscaba, no lo encontré. Se había caído sabe Dios cuándo. Ya estaba hecho, no quería darle vueltas para no condicionar mi rendimiento. No obstante, unos minutos más tarde noté la falta de glucógeno y empecé a perder fuelle.

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El ritmo bajó solo unos pocos segundos aunque psicológicamente parecían un mundo. Daba comienzo el maratón puro, el que pone a prueba tu fortaleza mental. Es entonces cuando un verdadero compañero entra en escena y marca la diferencia entre el éxito y el fracaso. Y así fue, dos grandes me escoltaban, uno a cada lado para que no me diera por vencido y me echase a andar. Sabía que si andaba con el trabajo casi terminado no me lo iba a perdonar. Sabía que la meta era mía, pero la espina se astillaría al sacarla simplemente con haber andado 10 metros por fatiga.

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Pero Sir Francelot y Lordoñez sacaron de mí lo mejor que podía dar y juntos superamos la crisis tremenda del km39. La meta estaba cerca y mi amor esperaba en ella para ser testigo del momento. Y tras nuestro paso escalofriante por calle Larios donde la gente aplaudía solo escuchando a mis compis animarme, se abrió ante mí el Elíseo. La inmensa Avenida del Paseo del Parque que un año antes me vio arrastrar, este año iba a ser escenario del lugar donde el lobo lamería su herida para sanarla definitivamente. Y cobré mi recompensa. Me lo debía y se lo debía a mi Bego, que en el fondo sabía que la herida era más profunda de lo que dejaba ver.

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Siento el tochazo, no suelo escribir crónicas de las carreras que hago porque me cuesta resumir lo que vivo en ellas, pero es que esto es algo más que una crónica; es un bonito capítulo de mi vida que quiero recordar siempre.

Desde ese día sé que cada vez que tire una moneda al aire, dé las vueltas que dé, con los Bichos cerca siempre saldrá “cara”.

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Mr Lizard.

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Casi todos celebramos los años que cumplimos… aunque cierto es que conforme los vamos cumpliendo, las celebraciones se vuelven menos intensas… pero en mayor o menor medida, la rememoración del día de nuestro nacimiento, es algo que gusta y por ello es celebrado en todo el mundo.

Sin embargo, casi nadie celebra el día de su concepción, entre otras cosas, porque no siempre es fácil identificar con exactitud, cuándo ocurre ese momento. Cuestiones religiosas aparte (aunque no excluyentes), considero que la concepción es un momento para celebrar con emoción, si el embarazo es deseado, y esta cualidad se acentúa mucho más si además, es esperado. La fusión entre amor y placer orgásmico supone el pistoletazo de salida a la vida de un ser que nacerá aproximadamente 9 meses después. Spermrace

Ilustración de Mr Lizard

Dejemos reposar esta enigmática introducción por el momento y hablemos del domingo. El próximo 6 de Diciembre, día constitucional por excelencia, tendrá lugar la VI Maratón Cabberty de Málaga. Escribo estas líneas emocionado y con la incertidumbre propia de un niño en la víspera de Reyes, donde sus pensamientos acerca de lo que pasará en tan señalado día monopolizan la atención. En mi caso las dudas (¿Podré bajar de 4 horas?) se fusionan con la ilusión (“Da igual si no lo consigo, lo importante es volver a acabar”). Dudas e ilusión vibrarán juntas hasta la línea de salida, donde se fusionarán con las dudas y las ilusiones del resto de corredores.

El domingo, 3.750 runners coincidiremos en cumplir un objetivo: acabar un episodio de nuestra historia. Porque detrás de cada maratonista hay un motivo épico que forma parte del impulso de correr y que al cruzar la meta se transforma en relato. 3.750 historias que merecerán la pena ser contadas. El relato épico de Filípides fue salvar Atenas. La primera vez que corrí un maratón fue para completar mi recorrido desde el sedentarismo hacia la confrontación de mis propias limitaciones (podéis leer la primera parte de este episodio en el post “Los 10 Km del Corte Inglés: Giros de vida”). Oscar correrá para volver reivindicar que SÍ SE PUEDE; José Manuel para honrar a su padre; Miguel para vengarse de su pinchazo muscular; habrá quien corra para ganar dinero o para hacer méritos dentro de un reputado club. Se me vienen a la cabeza decenas de relatos épicos relacionados con la Maratón…

…Yo esta vez correré para celebrar el día de invocación de Sofía.

¿Qué es para mí eso del día de la invocación de Sofía?

Hace dos años, completé mi primera maratón. Hice un discreto 4 H 11 M. Cruzar la meta supuso una de las experiencias Top 5 de mi vida. Dos años y medio antes de cruzar aquella meta, hubiera tomado por loco a quien me hubiera dicho que un día cruzaría la frontera de los 42 Km, ya que sería capaz de apostar 1.000 € a 1 a que jamás lo haría.

Por aquel entonces, no conocía a nadie de mi entorno cercano que hubiera completado una maratón. Ese día mi situación dio un nuevo GIRO DE VIDA. Hoy puedo pensar con facilidad en los nombres de más de 100 personas que me rodean y que se han iniciado en la distancia de Filípides. De hecho, BICHOS RUNNERS germinó en aquel momento.

Pero no nos desviemos del elemento central de este post, que enlaza con su introducción. Mi primer maratón, transcurrió sin demasiadas incidencias. En el 32, el banderín de las 4 h se alejó. Parecía que el pelotón de repente aceleraba, cuando realmente era yo el que iba más despacio. Los siguientes 9 Km me debatí entre parar o seguir. Salí airoso gracias a un único pensamiento: “Sí, esto es un maratón. Sufre y vive!!!”. (Este año, si me vuelve a pasar, el pensamiento será… “…A tope…”)

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En el 41 me esperó Raúl y me regaló algo que nunca olvidaré y que hizo forjar a hierro caliente su nombre en mi listado de grandes amigos: la grabación con su móvil de lo que pasara en mi último km hasta la meta. En el 42 estaba mi mujer, con mi familia y mis amigos. El trecho hasta los 195 me supo a gloria y este es un sabor que el domingo quiero recordar.

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Tras el almuerzo, me eché una reparadora siesta. Me acosté como un cansado mortal. Me desperté autoproclamado héroe. Sólo aquel que soporta por primera vez el peso de una camiseta de finisher, es capaz de entenderme con toda plenitud.

Mi mujer despertó conmigo. Hacía un par de meses que planeábamos tener hijos y la ocasión era propicia para intentarlo. Del amor y del placer de esa tarde, conseguimos invocar a Sofía. Algunas semanas más tarde, se confirmaron las sospechas y la incertidumbre se volvió bienaventuranza, que culminó en septiembre con un glorioso desenlace: el nacimiento de Sofía.muchas gracias, vida mía.

Pocos son afortunados de clarificar con exactitud cuándo conciben a un ser querido. Muy escasos han de ser los que lo recuerdan y que además sean tan afortunados que tengan la suerte de que ese hecho esté asociado a algo tan grandioso. Épica, lucha, cansancio, amor, placer y felicidad jamás podrían estar tan sincronizados.

El domingo aportaré al imaginario colectivo de la maratón una de 3.750 historias. En mi historia se celebrará… la invocación de Sofía. Entre los agónicos 195 últimos metros, entre mis cansados pasos me encontraré con unos ojillos brillantes que apenas lograrán reconocerme y mucho menos comprender qué estoy haciendo. Con este inocente gesto, sub 4 o no, daré por victoriosa mi participación en la VI Maratón de Málaga.

El paso del tiempo convertirá anécdotas en hábitos… el habíto de correr para ella y ojalá, algún día si ella quiere, con ella.

Larga y feliz vida a Sofía!!!

mr farleks

 

Mr Fartleks Killer

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¿Cómo conseguir una motivación extra a la hora de practicar running? ¿Puedo aumentar la probabilidad de que me adhiera a un programa de entrenamiento, con el objetivo de superar mis objetivos? Veamos cómo hacerlo…

Durante el siglo XX, la psicología se debatió entre el diván (Con Freud como máximo exponente) y la caja de Skinner (Con… sí, Skinner como investigador más representativo). Freud no necesita credenciales. A todos nos suenan conceptos como el inconsciente, el complejo de Edipo y la interpretación de los sueños. Skinner es algo menos conocido, aunque su influencia en las ciencias sociales fue brutal hasta la llegada de rivales como Chomsky, Beck o Pinker, que añadieron un componente cognitivo al estudio de la conducta humana. Ya vimos a Skinner en plena acción en el post 8 #Ritual Runner. Aquí podemos ver un breve documental que sintetiza su trabajo:

Historia de la psicología aparte, ¿Qué podemos aprender de Skinner y sus ratas de laboratorio, para aplicarlo al running? Skinner descubrió los principios del llamado “Condicionamiento operante”. Los humanos, al igual que los animales con determinado grado de desarrollo, aprendemos asociando estímulos.

Por ejemplo, si vamos a Burger King con un niño, le premiarán con una corona y un juguete en el menú infantil. La conducta de ir a Burger King se asocia con la corona (y con ser el Rey) y con el juguete (Además de otros estímulos atractivos para los niños, como puede ser el parque gigantesco). De esta forma, Burger King se asegura que en ese niño se aumente la probabilidad de acudir a su establecimiento.

La corona y los juguetes del menú, actúan refuerzo positivo, cuya presencia tras la conducta que queremos reforzar (ir a Burger King), incrementa la frecuencia de respuesta deseada.

Los reforzadores no tienen por qué ser sólo materiales. Pensemos por un momento, ¿Dónde reside el gran éxito de Facebook? ¡Exacto! ¡En el botón de “Me gusta”!!!! (Recordad que el creador de Facebook, Mark Zuckerberg, estudió algo de psicología) Los refuerzos sociales son, junto con el dinero, los más poderosos.

Para aplicar todo esto a la práctica del running, debemos tener en cuenta varias cosas:

  • El reforzador que elijamos debe administrarse después de la conducta, nunca antes.
  • El reforzador debe administrarse muy poco tiempo después de que se ejecute la conducta.
  • Debemos generar también nuestros propios refuerzos.

Vale, ahora…. ¿Cómo lo llevamos a la práctica? Aquí van algunos consejos:

  • Tras un buen entreno o una buena carrera, procúrate siempre una buena recompensa. ¿Qué mejor momento para tomarte esa cerveza bien fría que llevas deseando desde la noche anterior? Las buenas comidas, ¿Acaso no saben cómo nunca tras una buena competición? Piensa en este post y dite a ti mismo “¡Este es mi refuerzo positivo!

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  • Posturea. Vivimos en el siglo del postureo. En la era de la web 2.0 y en la generación prosumidora. Consumimos y generamos contenidos, y parte de este contenido consiste en publicar lo que hacemos. Un postureo sano atraerá a “Me gusta” en nuestra red social. También atraerá a gente con tus mismas inquietudes, y tus mismos intereses. Gente que también adora correr y que está encantado de buscar refuerzos positivos. Gente como nosotros, los BICHOS RUNNERS.

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  • Comenta a las personas que te importan que te serán de mucha ayuda en la carrera si se sitúan en los tramos más difíciles. Unos gritos de ánimo en el último kilómetro te reforzarán en tu lucha e impedirán que desfallezcas.

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  • Procura que correr nunca enmascare a otras conductas placenteras. Compatibiliza correr con otras situaciones o conductas que tengan un alto valor motivacional para ti, pero jamás las sustituyas. Si lo haces, correr se convertirá en un castigo para esas conductas y por lo tanto, acabarás odiando el running. Hay cosas más importantes que el running, y estas cosas deben ser más prioritarias, como por ejemplo, la familia.

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  • Que no te de vergüenza autoreforzarte. Acostumbra a que tus pensamientos te hablen a ti mismo y te digan con precisión, de forma específica y centrándote en el presente mensajes que fomenten tu competencia y que anticipen consecuencias positivas. Por ejemplo cuando alcances el Km 18 en media maratón cumpliendo objetivos, puede ser un buen momento para decirte a ti mismo “¡Cojonudo, vas ahora mismo por el Km 18 (precisión y de forma específica), estás hecho un máquina (fomento de la competencia), pedazo de artista, te quedan 3 Km de gloria y lo tienes!!! (anticipar consecuencias positivas) ¡¡¡¡¡Maquinón!!!!!”

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  • Pide a otros que te refuercen. El universo del running está repleto de personas que estén dispuestos a hacer de liebre y reforzarte en los tiempos que necesites para llegar a tu destino. Los Bichos Runners sabemos reforzar.

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En esta página encontrarás y seguirás encontrando post con capacidad reforzadora. Si te ha gustado, puedes darle a “Me gusta” a nuestro perfil de FACEBOOK. No hay mayor refuerzo para nosotros que leer lo que escribimos.

De paso te invitamos a que te incorpores al proyecto BICHOS RUNNERS. El crecimiento que aportes será nuestro mayor refuerzo.

Mr Fartleks Killer