Desafío UTMB 2017
Enero 2015 - Año cero. Agosto 2017 - Fin del trayecto. Mr M inicia su reto personal. Aquí comparte con nosotros su camino hacia la Ultra Tral du Mont Blanc de 2017. Entrenamientos, sensaciones, miedos, errores, aprendizajes, motivaciones y todo lo que rodea la preparación de una prueba tan emblemática. Un largo viaje de más de 2 años y medio en el que muchos factores influirán en la consecución del objetivo: estar en la linea de salida. Lo que ocurra despues será otra historia.

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Chamonix, la tierra santa del montañismo, el lugar de preregrinacion obligado de todo aquel que ama la montaña y la siente desde su ser más íntimo. 

Aquí estoy yo, en Chamonix ahora. Un montañero novato, con pocos años de experiencia esperando a que en pocas horas se inicie la gran batalla, esa que todo corredor de montaña quiere luchar. 

Una batalla donde solo hay un ganadora. Ella. Ella siempre gana. Ella decide quién entra y quién sale. No hay más opciones

Hace años cuando me encuentré con la montaña, o mejor dicho, cuando ella me eligió, me atrajo toda su belleza y naturalidad, pero también me atrajo que es implacable, fría, calurosa, cruel y omnipresente. Aun así, decidí ponerme a sus pies e intentar bailar con Ella aquí y ahora. 

La montaña te transforma, te hace ver lo pequeño que eres y aprendes a respetar el entorno natural pero sobre todo, el entorno humano.

Hace tres años me propuse un reto, y hoy lo voy a conseguir. Recuerdo la primera vez que lo dije en voz alta, y se lo comente precisamente al que seria mi entrenador todo este tiempo. Le comente que quería estar lo más preparado posible una tarde de Agosto frente a una pequeña iglesia en un remoto pueblo de los Alpes. Fue la primera vez que me escuchaba decirlo y me sonaba como algo lejano y sin realismo práctico. 

Entonces, ¿por qué me embarque en esta aventura? Sinceramente, no tengo respuesta clara. 

Cada corredor tiene una razón para empezar a correr. Razones médicas, superación personal o para hacer vida social suelen ser las más habituales, cada uno con sus peculiaridades y particularidades.

En mi caso, no he tenido una razon inicial, ni una busqueda de superación, simplemente sentía la necesidad de hacerlo, de completar un camino sin direccion que empecé a construir hace tiempo. Se que en un futuro cercano entendere la razon de esta aventura, sabré el por qué invertí todo estos años en entrenamiento y fortaleza mental para este momento. 

Siempre recurro a la teoría de los puntos de Steve Jobs en conversaciones con un buen amigo cuando cambian nuestras situaciones personales y conseguimos conectar los puntos. 

Esta teoría dice lo siguiente:

“No puedes conectar los puntos mirando hacia adelante; sólo puedes hacerlo mirando hacia atrás. Así que tienes que confiar en que los puntos se conectarán de alguna forma en el futuro. Tienes que confiar en algo: tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea. Porque creer que los puntos se conectarán luego en el camino te dará la confianza de seguir tu corazón, incluso cuando te conduce fuera del camino trillado, y eso hará toda la diferencia”

Algún día uniré los puntos que me dibujara una constelacion que me dará la respuesta a por queé estoy donde estoy ahora mismo. 

Si algo ya he ganado, ha sido el ver tanto apoyo a algo que no deja de ser un acontecimiento más. 

El Lunes volverá a ser Lunes. Todos volveremos a la rutina diaria con sus preocupaciones, penas y alegrías. No cambiará en esencia nada importante. Vendrán más carreras, más retos y otros objetivos. Míos y de otros. 

La vida no acaba este fin de semana. Pero tambien decir que esto es una Ultra, asi que una vida de duracion limitada empieza en unas horas. Por delante muchas emociones, tanto buenas como no deseables, sufrimiento, dolor mezclados con esa sensacion de libertad indescriptible y única, con el deseo de que salga todo bien, poder sortear los obstaculos que encuentre y volver de vuelta a Chamonix. Ademas, se siente una especie de responsabilidad ante quienes me han apoyado en todo este tiempo, solo por el hecho de ser como soy. 

De las muchas palabras de apoyo que he recibido estos días, todas muy agradecidas y sentidas, me quedo con esta frase:

“…. piensa siempre que eres un ejemplo para todos los bichos, para el deporte y para el mundo, mas personas responsables como tu hacen falta” 

Sinceramente, me cuesta hacer publico el mensaje, me gusta pasar desapercibido, soy más de ponerme en la ultima fila de la foto, pero sin entrar a valorar el contenido, la frase es un gran resumen de lo que ya he conseguido. 

Por un lado, el grupo humano que se ha generado en estos años y que sigue creciendo, llamado Bichos Runners, genera momentos que son dificiles de explicar con palabras. 

Algo mas que correr, decimos, y no es una simple frase con gancho, porque ese “algo” es parte de un todo, donde la amistad, compañerismo y lealtad encuentran su maxima expresion. Yo personalmente he encontrado una nueva forma de entender la amistad y es algo de lo que mas orgulloso y afortunado me siento. 

Los valores y beneficios que el deporte te aporta son ilimitados, dependientes de la inversion de cada uno y lo que este dispuesto a conseguir. 

La mezcla de deporte y amistad te lleva inexorablemente a la responsabilidad. La responsabilidad de cumplir, de devolver algo que te dan sin pedir nada a cambio, de recibir el ente no economico mas valioso de nuestros dias, el tiempo. 

Yo me he quitado mucho, pronto sabre si lo suficiente, porque entrenar este deporte exige una dedicacion intensa sin perder la concentracion, debiendo centrarse en el objetivo durante muchos meses para cumplir con el plan de entrenos. 

Atrás queda el valioso tiempo quitado a la familia, eje principal sobre el cual gira mi mundo a una revolucion variable segun mis necesidades, quitándole y dándole tiempo según mis ocupaciones y horarios, sin haber puesto nunca impedimento alguno. 

Es ese tiempo de mi entorno, mi familia y mi gente, que han ayudado a que este proyecto salga adelante y por lo que a día de hoy me siento orgulloso y sobre todo ganador, preparado  para irme a la linea de salida con la mejor de mis sonrisas, con la responsabilidad de cumplir con todos en la manera que me lo permita Ella, y rodearla durante mas de 33 horas para volver a Chamonix, gracias a la aportacion de cada persona que me a acompañado en este viaje, convertido finalmente en un montañero de verdad. 

Mr M

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Llega el medio día. No es uno más. Quizás es uno de los más esperados del año para mí.

El ritual es el mismo desde hace cuatro años, allá por 2014 cuando empezaba en esto de las carreras de larga distancia sin saber hacia dónde me dirigía, impulsado por una desconocida fuerza hacia la búsqueda del mas allá, como Cristobal Colón buscando el mismo borde de la tierra para confirmar que esta no era plana.

Ronda me esperaba de nuevo como cada segundo viernes del mes de Mayo, aunque esta vez he estado a punto de perderme la fiesta. El destino me hizo esperar hasta el último momento, haciendo la maleta para ir a Ronda o a otro continente, pero finalmente las fuerzas del destino eligieron que debía estar otro año más visitando la ciudad soñada.

Por delante, un par de horas de viaje y el deseo de que fuese un gran fin de semana para todos mis amigos que estarían en los 101 km de Ronda.

En mi peregrinar hacia Ronda, pienso en las anteriores veces que he corrido allí.

Desde aquella incipiente aventura en solitario del 2014, pasando por la insípida carrera del año siguiente y la disfrutona del año pasado, este año afrontaba la carrera desde un ángulo diferente.

El tiempo era el objetivo, no porque quiera ganar algo, sino todo lo contrario, no quiero perder. No quiero perder la oportunidad de estar en Chamonix, de estar en verano con el trabajo bien hecho.

Desde hace meses, decidí que cada entrenamiento lo haría al máximo de intensidad (cuando así lo requería la sesión) como si no hubiese un mañana.

Dar un apretón de rosca más y rozar el límite en los entrenamientos.

No quiero perder. Quiero ganar. Quiero ganarme en UTMB.

He aprendido en este deporte que no hay magia, solo dedicación y esfuerzo. No hay secretos ni atajos. El camino está marcado y solo hay que saber seguirlo. No hay más. Esto del rendimiento deportivo es matemáticas, una ciencia exacta con el aliciente de variables incontroladas que hacen de cada carrera un resultado predecible en resultados positivos e impredecible en los negativos.

En esta ocasión, el resultado se decantó del lado positivo.

Comparativa de mis cuatro ediciones y su desarrollo. La experiencia lo es todo.

Habrán sido esos entrenamientos intensos o de haber llenado el vaso de la experiencia a niveles importantes, que la carrera se decantó por el lado deseable.

Llegaba a Ronda con un rutómetro a seguir que marcaba llegar a Ronda antes de que sonaran las campanas de la Iglesia de la Merced, junto a la Alameda, marcando las 11 de la noche. Eso suponía hacer un tiempo inferior a 12 horas del recorrido (ritmos ya establecidos hace un año justo tras acabar la carrera)

Campanario que decidiría la consecución del objetivo este año.

Este año, al igual que el año pasado, habría dueto para asaltar la marca. Si el año pasado el papel de escudero y caballero fue alternándose durante la carrera con mi compañero Belu, este año la aventura estuvo acompañada de Javi, nuestra gacela humana, que le auguraba un gran tiempo en su primera ultra.

Antes de partir, disfrutando desde el estadio los momentos previos a colocarse en el corralito

Las emociones y sensaciones que desprende esta carrera son inigualables: recogida de dorsales, cena de la pasta, entrada al estadio, salves al rey, recorrido por calle la Bola… el destino quiso que pudiera disfrutar otro año más de esos momentos únicos.

La alameda engalanada para la ocasión

Inevitable pararse a contemplar zona Bandolera desde el mirador del Tajo y recordar cada momento vivido este año.

La carrera transcurría según el plan,  hasta que  pasamos Arriate donde a mi compañero de batalla le saltaron problemas musculares.

Le costaba subir la cuesta de los cochinos. Yo le decía que no me siguiera, que mantuviera las distancias que estas carreras son muy largas. Tan tozudo como gran persona, me seguía la estela y tras pasar el Cortijo del Polear saltó la alarma.

En estos casos normalmente (yo y cualquiera de mi gente de los bichos) nos quedamos para ayudar al compañero y no abandonarle, pero tal y como le había dicho en la salida, esto es una vida entera concentrada en pocas horas, y cada uno debe vivirla a su manera.

Pactamos que había que seguir el plan, si uno se quedaba atrás, ya habría momento de encontrarnos más adelante.

Y así paso, que tras dejarle atrás y estar pensando en él durante los siguientes 20 kilómetros, me lo crucé justo cuando yo abandonaba Setenil, a escasos 5′ de diferencia. Pensé que me alcanzaría antes de llegar al cuartel, pero finalmente no pdo y llego a Ronda cunpliendo también el objetivo, unos minutos detrás mia.

Todo marchaba según el plan, incluso me atrevo a decir que sabía de antemano que me sería fácil seguir el rutómetro, ya que marque los mismo ritmos que el año anterior y la experiencia y entrenamientos de todo un año sabía que me pondrían en una mejor situación de carrera.

Paso por Benaoján todavía con mucha luz. Conseguir ver Ronda de día era lo único que tenía en mente.

Correr para no perder. Me lo repetía sin cesar en muchas ocasiones. Había que apretar dientes si quería ver Ronda de día, porque me habían dicho que desde el kilómetro 90 se ve el Tajo, y lo tenía cerca, muy cerca, tan cerca que al final de aquella larga cuesta apareció. Tengo la imagen clavada en mi mente. Una panorámica de toda Ronda, con los rayos del sol del atardecer bañando toda la alameda, el puente nuevo, la Ronda vieja y la moderna. Allí estaba, enfrente mía, y lo conseguí.

En esos pocos segundo que se tarda en cambiar el ritmo entre subir y bajar, pude mirar hacia delante y contemplar lo que muchos desean ver y este año no lo conseguirán. Me sentía un privilegiado por estar en ese momento en aquel lugar.

No paré, no saqué la cámara para inmortalizar el momento, no hacía falta. Lo tengo clavado en mi retina y siempre lo recordaré. Siempre que quiera verlo de nuevo, sólo tengo que cerrar los ojos y lo tendré, delante mia de nuevo. Ahora era el momento de ir a por el premio gordo: entrar en Ronda de día.

Miro la hora, son casi las 9 de la noche, me queda al menos 1 hora de luz y 11 kilómetros. Teniendo en cuenta que desde la cuesta del cachondeo hasta la Alameda son al menos 20 minutos, solo me dejan 40 minutos para 10 kilómetros. Misión complicada.

Llegó el momento, me digo. Ahora era el momento de correr para ganar, para ganarme, para ganarme Ronda. Había que intentarlo, llegar a las calles de Ronda de día o al menos sin usar el frontal.

Corono el Puerto de la Muela a las 21:39 con los últimos destellos de sol acompañando las últimas rampas. Sólo me quedan 5 kilómetros y el ocaso empieza a aparecer.

Justo cuando paso a los pies del Tajo, ya la luz era muy tenue, pero podía seguir avanzando por la cuesta del cachondeo sin problemas de visión y alcancé las calles de Ronda con las luces de la ciudad marcándome el camino hasta la meta.

La llegada como siempre, emotiva y espectacular, aún más por el momento que se pasa por Ronda con todas las calles llenas de gente animando y aplaudiendo. Ha merecido la pena apretar y sufrir los últimos kilómetros para sentir estos momentos.

Objetido Sub 12 conseguido

La magia de Ronda no termina cuando cruzas la meta. Quedaba una larga noche esperando a todos y cada uno de mis amigos cumplir sus sueños. Llegar el primero del grupo tiene la ventaja de que puedes vivir parte de los sentimientos que tu gente cuando cruza el arco de meta y yo, como cualquier otro miembro de los Bichos, no me lo quería perder, no me quería ir de la Alameda para ver a todos entrar. Y así fué.

Primeras luces del día esperando al último de los Bichos, donde los tiempos y ritmos dejan de tener valor, pasando a usar como armas de la batalla el coraje, tesón y constancia.

 

Mr M

 

 

 

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Penyagolosa trails, una prueba que suena en todo el entorno ultrero español. ¿Por qué tenía esa fama de carera perfecta y bien organizada?

Desde que salió la oportunidad de verla en directo en Enero, se activó el protocolo Castellón e inició la aventura MIM- Maraton i mitja 63k 3.000m+.

A continuación  un resumen de lo acontecido.

Organización

Una prueba totalmente arraigada en Castellón, con 2,100 participantes,  19 ediciones y fama de ser de las mejores de España, lo cual no garantiza que todo funcione a la perfección, pero en esta carrera TODO es perfecto.

El trazado rápido y totalmente corrible desde el principio, para los que aguanten los 63k.  

La zona preciosa, me recordaba a la zona de Yunquera pero cambiando pinsapos por pinos, salvando las distancias. Prácticamente todo senderos, algo siempre de agradecer.

Voluntarios de sobra, la coordinación pre y post carrera era un baile perfectamente sincronizado con personas que viven la carrera y la miman.

Bolsa del corredor de lo mejor que he recibido, sin llegar al nivel de Bandoleros.

Tratamiento al corredor muy profesional, sin formalismos pero muy serio y  con toda la información muy clara, reflejando tantos años de experiencia de la carrera.

Pertenecer a la Ultra Trail World Tour y conseguir que el año que viene se celebre el campeonato mundial aquí no es de extrañar, y fruto de muchos años de buen hacer.

Buenas sensaciones pre carrera con gran ambiente en la feria del corredor

La carrera

Sin haber estudiado el trazado me puse el objetivo de 7h30′, ¿porque? Intuición ultrera supongo.

Tras la charla técnica, la estrategia estaba clara si quería ir a por ese tiempo.  Los primeros 33k eran rápidos, la gente va a tope y luego lo pueden pagar así que habría que ir con prudencia y no alargar el ritmo fuerte demasiado tiempo.

En el km 5 se produce un estrechamiento al iniciar el primer sendero y aparece el llamado momento lemmings (tapón, corredores en fila y adiós a la planificación). Por tanto estaba clara la estrategia: ritmo a tope desde el inicio y luego ir fuerte pero sin gastar depósitos, que la carrera realmente empieza en el km 33 donde viene más de la mitad el desnivel y es la parte más técnica, al menos así nos lo cuentan los lugareños.

Con esas premisas, me sitúo en tercera línea de salida, con los pro, con los tops, con los ultreros castellonenses,  ¿y por qué no?

Salida. Todos a fuego, salida explosiva desde el estadio de atletismo de la universidad Jaime I (alucinante salir desde el tartán a las 6 de la mañana)  por zona urbana durante 5k registrando ritmos de media maratón (4’10 km)

Kilómetro 10 en 50′, lo de salir a fuego se está alargando, pero el terreno permite correr, son senderos en los que me permite subir a mi ritmo sin problemas, así que me propongo llega al avituallamiento y buscar  reserva de gasolina.

Siguen los kilómetros y ya en posición de carrera fijada, los corredores nos vamos turnando los puestos y manteniendo el tiempo final objetivo, así que bajar el ritmo significaría no cumplir y sigo apretando y corriendo todo el tiempo.

Kilómetro 33. Mitad de carrera y punto clave. Llego con las energías un poco tocadas en los últimos 3 km, ese no era el plan así que activo el protocolo anti pájara y dedico mi tiempo en comer, beber y relajarme. Creo que estoy varios minutos en el avituallamiento, pero me compensan y salgo renovado. Un reset a tiempo es un salvavidas.

Quedan tres subidas largas donde según dicen son muy complicadas.

Decido empezar a usar bastones y subir andando a ritmo fuerte y correr llanos y bajadas para mantener la media.

En parte, me han decepcionado esas zonas difíciles que venían en este tramo. Senderos fáciles de correr salvo alguna zona con piedra suelta pero nada comparado con pruebas como cara los tajos o bandoleros.

Ya con un calor que empezaba a apretar y que sufrirían los que vinieran detrás, entro en meta en 7h31′. Objetivo cumplido y satisfacción plena.

Conclusiones

Y ahora escribiendo estas líneas junto al arco de meta esperando a mis amigos que lleguen, me emociono al recordar la carrera y todas las buenas sensaciones de las que he podido disfrutar en esas 7h 31′.

Disfrutado del ambiente post carrera, momentos unicos e irrepetibles

Creo recordar que es la primera vez que en una carrera larga la gestión de la misma ha sido perfecta, con experiencia y cumpliendo un plan que no tenía realmente planteado.

En carrera siempre voy concentrado, serio y pensativo, solo en los avituallamientos suelto cualquier gracejo a los voluntarios (que bien que se lo trabajan y es la única forma de responderles por mi parte) y me olvido de sensaciones más allá de las musculares o energéticas que no sea la propia carrera.

Ahora ya relajado es cuando me doy cuenta de que estas sensaciones tan buenas no son casuales, es fruto de más de 2 años dedicado a esto y siguiendo cada sesión de entrenamiento al pie de la letra de mi entrenador y amigo Dani Perez.

Sin pestañear, sin dudar ni tan siquiera preguntar por qué, simplemente lo hago, no hay más. Hoy puedo decir eso que me gusta tanto escuchar, y que lo he vivido en total plenitud esta mañana: hoy he jugado con la montaña….y ella ha querido jugar conmigo.

Mr M

 

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Año 2. 12 Enero 2017. Se ve a lo lejos la oportunidad buscada. Todo dependía de la fortuna del momento. De ese momento de estar o no estar, de seguir adelante o tener que retrasar todo 12 meses. Recuerdo perfectamente hace dos años cuando tome la decisión de estar frente a la iglesia de Chamonix el último fin de semana de Agosto, allí entre una multitud de corredores de 90 países, esperando el momento de partir a lo desconocido y vivir la experiencia UTMB desde dentro.

Mucho ha pasado desde entonces, y no solamente mi cambio físico y deportivo, sino que lo más sorprendente es el efecto que he provocado en mi entorno sin proponerlo ni buscarlo.

Lo que en principio me plantee como un reto personal y de búsqueda del límite deportivo, en este tiempo ha ido tomando otra forma, otro sabor, otra esencia, otro matiz añadido.

Los caminos no se recorren solos, es inevitable tener compañeros de viajes, unos buscados y otros encontrados en el caminar.

El año pasado, en la Ultra de Bandoleros (155km) ya se produjo algo mágico que comente en su momento (http://bichosrunners.com/utsb-155-km-capitulo-1/) y en ese instante previo a enfrentarme al destino me vienen aquellos recuerdos. La sensación de miedos iniciales se transforman de alguna manera en responsabilidad. Una responsabilidad sin obligaciones, sin requerimientos previos, simplemente la necesidad de corresponder.

Conociendo a todos ellos, solo de pesar que estarán durante más de 35h atentos a lo que pudiera acontecer, a destripar mi rutómetro y dar seguimiento visual en cada cámara del recorrido, cuanto menos me daba ese punto de necesidad de responder.

Los días previos toda mi gente me preguntaba sobre la prueba, que cuando era el sorteo, que si tenía alguna opción o que pasaría en caso de no tener la suerte de mi lado.

Lo que aconteció los minutos previos y siguientes al sorteo ya los explique hace meses (http://bichosrunners.com/refuse/)

La sensación de impotencia y de no poder hacer nada va en contra de todo lo que simboliza una ultra, de todo lo que he ido aprendiendo en estos años. Era el momento de asimilar y analizar la situación real.

Sobre las 11:24 esa misma mañana recibo un correo de la organización confirmando lo que ya había visto 81 minutos antes.

En el correo decían lo siguiente (de forma resumida)

[…  los corredores que no vengan seleccionados en el sorteo tienen dos  posibilidades:

1.- Solicitar el reembolso de la pre-inscripcion y esperar al año que viene conservando coeficiente 2 en el sorteo. 

2.- Optar a un dorsal solidario. 

…]

Por unos instantes, la palabra Refusé empieza a dejar se resonar en mi cabeza.

¿Había todavía alguna opción para estar en Chamonix este verano?

La marcha Radestzky empieza a sonar de fondo en mi cabeza de nuevo. Se respira ese silencio mágico anteponiéndose a las primeras notas. El redoble de tambor increscendo va encendiendo una pequeña y tenue luz de esperanza. Sale el director de orquesta al centro del escenario. Si, lo voy viendo cada vez más real. Si había una opción, por rocambolesca que pudiera ser, había que intentarlo.

 Siempre adelante, despacio pero adelante. Un mantra que me suelo repetir en los momentos difíciles en las ultras, y esto no es muy diferente a una carrera de larga distancia, y desde luego era el momento anímico más bajo que había estado en estos años.

Me informo de la opción de dorsal solidario, era lo único a lo que me podía agarrar en ese momento. Según la web, existen disponibles un total de 150 dorsales solidarios que ofrece la organización para aquellos corredores que consigan una donación mínima (de cuantía importante) a una de las 10 ONG’s con las que colabora la UTMB.

Los siguientes días fueron verdaderamente intensos. Intercambio de correos electrónicos con la ONG’s seleccionada para colaborar, ver alternativas para obtener la donación y mucha incertidumbre (los dorsales solidarios suelen agotarse también en pocos días).

Tras varios meses de gestiones, el resultado lo resumiría en una palabra: Agradecimiento.

Agradecimiento a Frères des Hommes, organización que me ha elegido como su corredor para representarlos en la carrera.

Agradecimiento a mi empresa por apoyarme sin dudarlo y hacer la donación íntegra.

Agradecimiento a los que me animaban a seguir adelante y no parar de soñar despierto.

Hoy, a poco más de 5 meses para la prueba, recibo el correo que tanto tiempo he estado esperando. Nicolás, un señor francés de la organización me escribe un mail oficial informándome de lo que tanto anhelaba estas semanas atrás:

 “Your participation to the UTMB® is now guaranteed and you can enjoy one of the solidarity bib”

 Pocos segundos después, casi sin pestañear y sin darme cuenta de la situación, estaba registrando mi plaza, enviando el certificado médico y realizando el abono de la prueba.

 Ya si puedo decirlo. Ya si puedo decir que tengo dorsal. Ya si puedo decir que tengo 5 meses para preparar el gran momento, ese donde se escuche a escasos minutos de la salida la canción de Vangelis (el tema principal de la película “1492 La conquista del paraíso”, la banda sonora que probablemente hará emerger todo ese esfuerzo, dedicación y constancia para estar en el lugar y momento que me propuse voluntariamente años atrás, cuando el 1 de Enero de 2015, viendo el concierto de año nuevo me dió por pensar, ¿cómo sonará la marcha radetzky a los pies del Mont Blanc?

 

Mr M

0 19

Miro al frente y solo veo nubes bajas. No puedo ver el camino que debería atravesar en el siguiente tramo, ni tan siquiera se intuye. El frío se unió como compañero de viaje desde hace ya demasiadas horas.  Mientras el viento me golpea de nuevo y la lluvia sigue quitándome energías, alzo la vista,  subo una de las últimas cuestas camino al siguiente avituallamiento y me sale en voz alta un pensamiento:

“Cuando llegue a Villaluenga abandono…”

“!No! ¡Lo has dicho, lo has dicho!” –  me repito en voz alta con desesperación.

22 horas de carrera y 126km recorridos. No se me había pasado ni por la cabeza abandonar, a pesar de que las últimas 7 horas han sido especialmente duras, muy duras, y ni tan siquiera estaba en mis pensamientos esa hipótesis.

Simplemente alzó la voz mi yo lógico y racional. Mi subconsciente fue más fuerte que mi intención de terminar lo que empecé y mi pasión por el trail, casi apagada por cruzar ríos con agua hasta las rodillas en condiciones meteorológicas extremas. Según oía mi propia voz entremezclada con la lluvia y el viento, sabía que la decisión no tendría retorno.

Unas horas antes, en el avituallamiento de Cortes de la frontera (118km) ya sabía que la situación se complicaba. Llegué sin entrar en calor, a pesar de ir a buen ritmo de carrera, pero con los primeros síntomas de frio calado en el cuerpo.

Me tomo mi tiempo en ese avituallamiento, comiendo pasta para coger energías y sopa caliente para entrar en calor. Los guantes y el buff los coloqué encima de un pequeño radiador, en un intento de secarlos el tiempo que estuviese allí.

Junto a él veo una silla. Me siento buscando algo de calor mientras no paro de pensar en qué condiciones estará la Sierra de Grazalema, si también se habrán convertido los senderos en ríos.

Solo veía como única vía para poder enfrentarme con garantías a la noche del sábado conseguir ropa térmica en Villaluenga. Cogí el teléfono, activé la red y llamé a mi amigo Pablo. Él vive en Ronda, era mi opción más cercana y le daría tiempo a llevarme ropa a Villaluenga, estimaba casi 3h el tiempo que tardaría en llegar.

Cae la noche alrededor de El Bosque, nadie esperaba lo que acontecería mas adelante. 

No me coge el teléfono. Le mando un mensaje y desconecto de nuevo la red. La suerte estaba echada, el destino marcaría mi carrera, no podía hacer otra cosa más que alcanzar el siguiente punto y esperar a que mi mensaje llegara a su destino a tiempo.

Desde ese momento ya era consciente de mi error, el error que me hizo abandonar a falta de 40k de carrera y no poder completar mi primer 100 millas. Ese error no lo cometí durante la carrera, ni antes de ella ni en su preparación. Es un error que se comete desde el primer momento que decides enfrentarte a la montaña sin suficiente experiencia en ella.

Es ley de vida, la confianza es parte de nuestro entrenamiento, creer en nosotros mismos para salir indemnes ante tantas horas de esfuerzo, pero por contra la confianza hace que te confíes, que descuides los detalles más básicos y sobre todo subestimes a la madre naturaleza desde la siempre soleada Málaga.

A efectos prácticos, sentencié la carrera en dos momentos. El primero en no prever que tras intensas lluvias del viernes y sábado, los senderos podrían estar muy mal y eso conllevaría estar mojado, siendo necesario (y vital en esas circunstancias) ropa seca para mantener el máximo tiempo posible el calor corporal.

El segundo, haberme quitado la ropa térmica que tanto me protegió la noche del viernes en el avituallamiento de Ronda (km 88). Esa primera noche, para mí y me atrevo a decir que también para muchos de los participantes de la prueba, ha marcado un antes y un después.

Solo se es consciente de las condiciones de frio, ventisca, lluvia, hielo y nieve que sufrimos cuando se piensa a tiempo pasado.

Al  salir del avituallamiento del puerto del Boyar (km 33), momento en el cual estaba cayendo una gran tromba de agua, me comentó un voluntario que las condiciones en el Simancón eran muy malas, que había que abrigarse mucho y que estaban abandonado mucha gente al llegar al siguiente punto de control ( Villaluenga km 46). En ese momento me puse la camiseta térmica y el guante caliente para poder contrarrestar lo que vendría.

Momento previo al inicio de la subida al Simancon

Tan solo a pocos minutos de salir del gélido avituallamiento (soportales de refugio abierto al exterior) los caminos empezaban a mostrarse en lo que se había convertido ya para todo el recorrido. Los senderos se convirtieron en arroyos, donde pisar en seco era una misión complicada. En esos momentos empiezo a no sentir los dedos de las manos, una sensación muy extraña y preocupante que permanecía durante largo tiempo.

El uso de bastones me hacía tener las manos en alto, así que solo me quedó dejarlos y avanzar con las manos abajo moviendo los dedos constantemente para favorecer el riego sanguíneo. Pude salvar la papeleta antes de llegar a la ascensión del Simancón, donde la aparición de la nieve hacía el tramo muy entretenido hasta que el manto blanco cubrió todo lo que alumbraba el frontal y la ventisca empezó a hacer acto de presencia.

En la parte más alta, donde una larga explanada recorre su cumbre hasta volver a descender, no había tiempo de pensar con un viento polar que empujaba fuera del camino. Solo había una opción: correr lo más rápido posible para salir de allí cuanto antes.

La nieve acumulada desvelaba el camino a seguir, siguiendo los pasos de los corredores que dejaban su huella al pasar. Las pisadas de los corredores marcaban el camino centrando la concentración en protegerse de la ventisca

El cielo ya avisaba de lo que nos esperaría

Un antes y un después es lo que marca esta edición en cada uno de los participantes, voluntarios y organizadores por las condiciones que se desarrolló. Los tiempos de carrera, los tramos y pueblos de paso, la belleza del paisaje y los deseos por llegar a Pradollano tomaron un sentido muy distinto al que todos hubiésemos querido.

La montaña saco su lado más crudo y cruel sobre nosotros, recordándonos que es ella la que marca los tiempos, la que nos deja entrar en su ser y que debemos ser parte de ella, admirarla  y saber respetarla, porque sus riscos, ríos, senderos, cimas y montañas no son más que cicatrices en su piel de su larga vida.

Con algo de distancia en el tiempo desde que abandone mi primera carrera, los sentimientos siguen siendo los mismos. No me arrepiento de que mi yo racional se impusiera en aquel momento, me hizo sentir débil, con frio y sin ganas de seguir.

No gusta tener que abandonar, a nadie le gusta tirar la toalla aun en aquellas condiciones, y se puede llegar a justificar la retirada y parecer que era lo más sensato. Y lo era, pero los errores de previsión no me lo perdono, se queda grabado en mi diario personal y no puede volver a pasar.

Nos alimentamos de vivencias que van sumando momentos clave a recordar a lo largo de nuestra vida de corredor e incluso en nuestra vida cotidiana, y desde luego que Bandoleros 2017 forma parte especial de ese tarro de experiencias que da forma a nuestra forma de ver y entender la vida.

Momento previo a la salida. 

Mr M

Mirada al frente.

Nervioso e intimidado. Las palabras que podrían definir mi percepción de lo que me rodea ahora. 

Sentado esperando mi comida, a pocas horas de empezar la ultra, con el dorsal recogido, las mochilas entregadas y el trabajo realizado, la incertidumbre que siempre me acompaña en estos momentos se convierte en nervios y dudas. 

La noche no acompañara, se prevé viento, lluvia, niebla e incluso nieve en las cumbres. Desde luego que este panorama ayuda a tener nervios sobre lo que acechara cuando caiga la noche. 

Llego a la prueba con el plan de entrenos cumplido al 96%, siguiendo cada instrucción de mi entrenador y adecuando familia y tiempo libre a el objetivo. 

Esta vez, todo lo controlable no esta controlado. Los meses previos han sido muy atareados, poco tiempo para preparar los entrenamientos y la cabeza siempre ocupada con el día a día. Eso me ha llevado a no tener buenas sensaciones en estos 4 meses cuando los entrenos eran exigentes. 

Ahora mas que nunca hay que tirar de cabeza y casta. He de usar la experiencia de ultras anteriores y buscar la concentración máxima para evitar malos pensamientos que me lleven al fondo del abismo. 

Toca sacar la rabia contenida, mirar al frente y buscar con la mirada el siguiente punto.

Repetiremos una vez mas el mantra que me lleva persiguiendo mas de dos años en cada momento de bajón:

“Lo que se empieza, se termina”

M

0 65

6:54 am. Suena el despertador como todos los días, Radio Nacional me despereza con sus voces, esos no duermen nunca y me aseguran un despertar a ritmo de palabras. Apuro unos minutos y me levanto de un salto para iniciar el día. Es 12 de Enero de 2017. No es otro día. Es el día.

Mi reloj me lo recuerda desde hace 2 años que este es el día donde se debe empezar a gestar el sueño, el día que se pasa de ilusión lejana a sueño realizable, el inicio de un viaje apasionante a lo desconocido, directo al corazón de Europa para rodear su cumbre más alta en menos de 46 horas.

La mañana transcurre con cierta normalidad, similar a cualquier otro día mientras que se acerca la hora del momento decisivo.

Sé que no las tengo todas conmigo, que las probabilidades no me dan la victoria asegurada, de hecho pierdo el partido antes de empezar por 2 a 5, pero hay que usar el poder oculto del pensamiento positivo y cualquier otro elemento de persuasión y me aferro a él los días previos.

Palabras cruzadas con la manada los momentos antes de que se publique el sorteo me tranquilizan. Ellos, mi gente de correr, siempre los he sentido detrás empujándome en cada ultra que he hecho. Es como si les debiera en parte estar aquí ahora mismo y no quería defraudarles. Aunque parezca que practicar ultras es algo solitario, no es así. Todas esas horas de soledad en el monte genera vínculos más fuertes con los tuyos. Se piensa y mucho, unas veces en silencio y otras en voz alta. Y esos lazos forjados en soledad se trasladan al día a día en forma de cariño y amistad.

Se acercan las 10 de la mañana. Resuena en mi cabeza una vez más la marcha Radetzky (Johann Strauss padre, 1896). Al igual que en todo inicio de año, esta marcha sirve de banda sonora para purgar y resetear, mirar hacia el futuro y proponerse objetivos a cumplir, así que es buen momento para invocar al mariscal de campo Joseph Wenzel Radetzky una vez más.

Lo tengo todo preparado. Los vuelos seleccionados y el alojamiento localizado tras buscar y rebuscar la mejor ubicación con el mínimo coste, todo a tan solo un clic de ratón. Me imagino que los otros 7.000 corredores estarán haciendo lo mismo que yo y se agotará pronto la oferta.

Son las 10 de la mañana del 12 de Enero de 2017. Es mi momento. Es hora de mirar al destino cara a cara, entro en la web de la prueba y allí está mi nombre.

Refusé. No se Francés, pero no lo necesito para saber el resultado del sorteo.

Miro la pantalla del ordenador y allí estaban las ventanas abiertas de easyjet y booking preparadas para darle al botón de pagar  que me llevarían al epicentro del ultra trail mundial y no podía.

Vuelvo a mirar la web de la organización. Refusé. Ahora parece que leo el francés como si fuera mi lengua nativa, porque lo entiendo a la perfección, incluso me atrevo a decir que hasta hubiera pronunciado perfectamente la “R” francesa como si hubiera nacido en el mismísimo Chamonix.

Refusé. No había nada más que hacer que esperar otros 12 meses hasta que llegara mi hora. No entraba en mis planes esta situación. Intento tener todo lo controlable controlado, pero obviamente este punto estaba fuera de control, así que simplemente me sentía consternado por no poder seguir mi estrategia, de seguir mi segunda fase del plan.

Hablo con mi círculo más cercano. Les doy la noticia. Vuelvo a mirar la pantalla y allí estaba la palabra centelleante enfrente de mis ojos. Refusé.

En un acto de autodefensa, me intento convencer de que la vida sigue igual, que si no ha podido ser este año, el año que viene tendré más oportunidades, ya que tendré doble boleto en el sorteo, y me hago la eterna pregunta que te persigue cuando estás de bajón en toda carrera, ¿y para qué quieres correrla?.

Unos segundos de silencio y sin tener respuesta a mi pregunta, de repente me viene a la mente la primera vez que tuve constancia de esta carrera.

Era el 2014, acababa de empezar a correr trails y por casualidad me encontré por la red una retransmisión en directo de una carrera, en donde había muchos españoles y dos de ellos iban en segundo y tercer lugar. Cuando me enteré de que era una carrera de 170 km simplemente me quedé sin palabras. ¿Es posible correr esa distancia sin descansar ni dormir?

Mi interés por la retransmisión aumentó aún más cuando el comentarista explicaba que los dos españoles llevaban corriendo juntos desde el kilómetro 100, porque auque con muchos problemas fisicos, uno iba bien bajando y el otro subiendo, y así se ayudaban para poder llegar a meta y hacer pódium los dos juntos.

Aquello me dejó enganchado a la pantalla y desando ver a esos dos guerreros cruzar la meta juntos.

Desde ese momento, cada vez con más entusiasmo e interés miraba de reojo la prueba, los artículos, las fotografías y los videos de aquellos parajes espectaculares de dónde venían historias de sufrimiento y superación. El resto de la historia, ya la he ido contando desde hace 2 años en esta web.

Ahora me tocaba empezar de nuevo, retrasar 12 meses el plan y esperar de nuevo mi hora. Siempre se confirma que la vida es una ultra trail, y en este caso no iba a ser muy diferente.

En una ultra siempre hay momentos de bajón y momentos pletóricos llenos de efusividad, los sentimientos positivos se mezclan con negativos y generan una oleada de sentimientos en un corto espacio de tiempo.

Ahora estaba en uno de esos momentos de bajón, de pinchazo como llamamos en las carreras. ¿Pero va a acabar todo aquí? ¿De verdad que no puedo hacer nada para conseguir dorsal y cumplir mi reto UTMB 2017?

Aún no tengo una respuesta clara a mi pregunta de por qué hago ultras, pero si algo he aprendido en esto de correr, es que si se sabe aguantar los momentos malos, casi de forma mágica emergen energías de la nada que te hacen levantar vuelo que finalmente te llevan a la línea de meta. Son momentos en los que hay que pararse a evaluar la situación y tomar las decisiones correctas. Ahora es uno de esos momentos. Toca pensar, ver opciones y reformularse la pregunta que inició todo esto, ¿cómo sonará la marcha radetzky a los pies del Mont Blanc?

Esto no acaba aquí. Objetivo UTMB 2017 sigue adelante.

Mr M

 

 

 

 

 

 

 

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Julio del 2016. Empieza el verano. Tras acabar el Gran Trail de Peñalara el objetivo estaba conseguido. Los puntos para UTMB estaban ya en casa a espera solamente de la suerte en el sorteo para poder empezar a mirar más de cerca los Alpes y soñar con Chamonix.

Este mes de Julio lo tomaría de descanso. Tras 18 meses siguiendo un plan cada semana y focalizando los esfuerzos siempre al objetivo me costaba no salir a correr. El cuerpo y las piernas me pedían actividad, salir al monte y perderme entre los árboles. Pero en verano, y si vives en Málaga, no hay nada mejor que ir al atardecer al paseo marítimo a rodar por su bahía.

Este viaje de correr sin parar empezó precisamente aquí, recorriendo esas baldosas cuadradas del paseo y respirando la brisa malagueña.

Este descanso no iba  a ser muy extenso. Desde Agosto ya estaba pensando en la próxima aventura, esta vez por el mero hecho de correr, sin necesidad de obtener puntos, aunque me sirvieran para el 2018 en caso de no obtener plaza el año próximo.

Y tras 3 meses de preparación me dispongo a ir al pueblo de Gaucín, a disputar la Gran Vuelta al Valle del Genal, una carrera por bosques de cobre y castaños que recorre 15 pueblos de la comarca en un total de 130 km y un desnivel total de 12.000 m.

Decían de ella que es bonita y dura, como suelen ser las Ultras, y que sus gentes y pueblos tienen un encanto especial. Pronto lo descubriría.

Mirando el valle que en pocas horas recorrería por completo.

Castañas y Ultratrail, buena combinación.

Tras los problemas físicos de la anterior Ultra, el objetivo en esta prueba era comprobar si los entrenamientos específicos de tibiales y propiocepción habían dado resultados, y poder completar la prueba sin problemas musculares severos.

La carrera en sí no transcurrió como esperaba, y aunque suene redundante, era de esperar.

La semana previa la paso con virus estomacal, lo que supone no haber recargado los depósitos correctamente y ello me condicionaría el rendimiento muscular a la larga, aunque apareció antes de lo esperado.

Comenzando este relato desde su inicio, la salida la hago como de costumbre, aplicando la estrategia “anti-Lemmings”: salir fuerte con los de cabeza para evitar tapones por concentración de corredores.

Operación anti-lemmings activadaMomentos previos a la salida, donde se mezclan la incertidumbre y la ilusión por igual

La carrera discurrió con normalidad los primeros kilómetros sintiendo en mis pies el famoso cortafuegos del Capitán, incluso estando en posiciones muy adelantadas del pelotón y llegando con las primeras luces a Jubrique, con un retraso sobre mi tiempo estimado de 9 minutos en los primeros 26 kilómetros. Los que me conocen saben ya que algo pasaba, y no tardaría mucho en saber el qué.

Avituallamiento de Genalgaucil. Km 21. Me acordaría de ese plato de salchichón más tarde.

Pasan unos pocos kilómetros desde que abandono el pueblo y parece que llevo 100  en las piernas. Cansado, con sueño y con falta de energías avanzo lentamente hacia el Jardón, punto con más altitud de la prueba.

Todos los corredores de ultras  tenemos momentos de bajón anímico o físico en estas pruebas, pero que me llegaran tan pronto me descolocó bastante. Analizo la situación: Por la intensidad que estaba haciendo la carrera, no he comido nada desde la salida, y de eso hace 3h 30´. Gran error.

Lo asumo, poco más podía hacer mientras andaba a paso lento mientras me apartaba a que los lemmings de la salida me pasaran como rayos. Ahora era yo el único lemming que había en la carrera (eso me imaginaba) y era el que hacia tapón. Cuando ya se abre el sendero me encuentro solo, con dolor de estómago y empieza la parte psicológica del problema.

Estos momentos son duros y muy personales. Hay que caer para poder levantarse y será por ello que la mente empieza a culparme de todo el tiempo invertido, el tiempo robado y el tiempo ganado al tiempo los últimos meses. Me autolesiono mentalmente por no haber hecho bien los deberes la semana anterior y por haber cometido un error de principiante y no dar energías al cuerpo con antelación.

Siempre que se tienen estos momentos se asumen como parte de la prueba, ¿pero con tan solo 30 kilómetros por detrás y con 100  kilómetros por delante? ¿No era demasiado pronto? ¿Porque estoy aquí y no en casa viendo a los niños desayunar?

Los minutos pasan y la auto culpabilidad también. Es parte del proceso, es algo natural que hay que soportar. No recuerdo si fueron 5 minutos o 20, cuando de repente me paro, miro al frente, a lo lejos se divisa el inicio de lo que parece un cortafuegos. Bebo agua, me seco el sudor y saco los bastones. Es el momento de salir a flote y empezar a comer kilómetros poco a poco. Andar siempre se me ha dado bien, así que andemos hasta que el camino permita empezar a trotar. Y troté, después corrí e incluso llegue a adelantar corredores. Había encontrado de nuevo el equilibrio. En el kilómetro 55 volvía a estar en mis tiempos previstos de carrera y comenzaba una nueva Ultra.

Las cosas solo pueden ir mal cuando antes van bien. Esto podría ser el resumen del resto de la carrera.

Como se puede ver en la gráfica de tiempos estimados-Tiempos reales, desde Parauta (Km 55) empezó una nueva carrera.

Tabla comparativa de tiempos estimados y reales.

Desde este momento los problemas musculares serán las revienta fiestas del baile de fin de curso. Correr, andar masajear, estirar. Así transcurren los kilómetros hasta la meta. La falta de una correcta alimentación pre carrera se debe pagar, y yo lo hacía al contado.

Subiendo iba muy fuerte, controlaba la intensidad lo justo para que no se me subieran los cuádriceps (en un momento se me subieron los dos a la vez,  incomoda situación como te puedes imaginar y más incómoda aun cuando te pilla orinando, visualiza la situación y lo comprenderás) y cada llano o bajada arrancaba a trotar a pesar de los dolores, sabiendo que eso es lo que me haría reducir el tiempo de carrera (y el tiempo de sufrimiento). Casi no disfrute la carrera, pero se terminó. No fue mi día. No hay más.

Siempre se está contento cuando se termina una Ultra, aunque no de la forma que uno quisiera.

Aunque no esté satisfecho  totalmente de como  discurrió la carrera, visto en perspectiva si estoy contento de como gestioné la situación. A fin de cuentas se trata de terminar la carrera, y eso es lo que hice.

Miro atrás y veo 5 ultras en 13 meses. Esto me da experiencia, rodaje y  saber cómo enfrentarme a las situaciones.  Me quedo con eso en todo este año, a fin de cuentas, es una carrera de larga distancia (y tiempo) y el objetivo todavía queda lejos de la vista.

Mr M

 

 

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Cuesta escribir una crónica de carrera cuando no se siente motivado. Eso me pasó el pasado mes de Junio tras cerrar el círculo de la primera etapa: conseguir todos los puntos necesarios para optar a una plaza para la UTMB 2017.

¿Y porque no me sentía entusiasmado ni orgullosos de haberlo conseguido?

Simplemente porque en el Gran Trail Peñalara fallé. Fallé en la preparación. Se me escaparon elementos de la ecuación que hicieron que no disfrutara en la carrera, más bien todo lo contrario.

Comprendo que con mi poca experiencia en ultras necesite más aprendizaje para dominar el arte de maximizar el rendimiento del tándem cuerpo-mente, pero no soy un conformista y si se puede conseguir algo más, voy a por ello. No siempre se consigue.

Un resumen de mi experiencia en el Gran Trail Peñalara 2016 (115km +/- 5000 m) podría ser el siguiente:

1.- La prueba.
El nivel organizativo y de voluntarios de lo mejor que he visto. Todo funcionaba a la perfección. Un engranaje con funcionamiento suave y eficaz que hace justicia a la fama de la prueba. Eso es un lujo en estos años de burbuja del running donde saber elegir y acertar en las pruebas, especialmente en ultras, está siendo ya una necesidad para evitar a cuatreros sin escrúpulos que por ganar dos duros exponen a deportistas a situaciones límites e inclusos peligrosas. Pero este es otro debate que no viene al caso en esta prueba ni en este post.

2.- El entorno.
Espectacular. No me esperaba encontrar esa belleza de paisajes, donde estar a 2.500m de altitud en la cima del Peñalara te da la sensación de estar flotando en un aire espeso, divisando en 360º todo el mundo a tus pies y un silencio que te envuelve de libertad.

El Parque Nacional de Guadarrama es de una belleza sin igual y parajes realmente únicos. Para los que vivimos en el sur, encontrarnos arroyos a cada paso con agua fresca donde sumergir el calor y refrescar el cuerpo es un lujo que nos gustaría tener más a menudo.

3.- La carrera.
Llegaba bien. Muy bien. Tras atacar el sub13h en Ronda llegaba con buenas sensaciones. El objetivo era terminar y conseguir los puntos, pero también hacer buena carrera estaba en el horizonte.

Apliqué mi estrategia que me estaba funcionando bien en las últimas carreras: salir intenso para estar en el top 50 de corredores en las primeras horas de carrera hasta tomar mi ritmo de carrera para controlar el desgaste muscular.

La prueba se podrían resumir en los siguientes puntos clave de lo acontecido allá en el mes de Junio.

Km 0. Salida. Ambientazo. Temperatura perfecta. Primera carrera fuera de Andalucía y con ganas de arrancar.

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Ambiente ultrero 100% previo a la salida

Km 25. Tras dos bajadas intensas empiezan las molestias de los tibiales. Este sería uno de los puntos clave de la carrera a partir de ahora. Dos descensos muy técnicos donde tomé la decisión de hacerlos muy conservador, desgastando muscularmente los tibiales en exceso, marcaría mi destino.

2016_06_24_gran-trail-pe-alara-2016_la-maliciosa_gran-trail-pe-alara-2016-2182348-40745-96Descendiendo la Maliciosa (2.227 m) de manera conservadora. Gran error de principiante.

Km 30. 4:30 de la madrugada y el sueño intenta apoderarse de mí. Lo achaco al efecto de la altitud tras haber ascendido a la Maliciosa así que aprieto dientes hasta ver amanecer. Problema superado con los primeros rayos.

Km 77. Las molestias se vuelven dolores cuando el terreno baja. Subir a Peñalara y sentir ese aire limpio y ese sonido mudo del paisaje te hace olvidar por momentos los problemas de tibiales.

2016_06_24_gran-trail-pe-alara-2016_risco-de-los-claveles_gran-trail-pe-alara-2016-2182348-40739-513Riscos de los claveles. Simplemente espectacular.

Km 82. KO técnico. Caigo a la lona y no me puedo levantar. Los tibiales ya no me permiten correr. Toca andar 33 km y aguantar el dolor, mucho dolor en cada cuesta abajo a paso corto y lento.

2016_06_24_gran-trail-pe-alara-2016_km-105-gtp-y-km-55-tp60_gran-trail-pe-alara-2016-2182348-40742-2365Los últimos 9 kilómetros de la prueba son bajada constante. Solo quedaba mantener el ritmo de paseo lento para llegar antes del anochecer.

Km 115. Meta. Llevo 9h andando sin poder correr y con dolores en los tibiales a cada paso que doy. Ni tan siquiera en recta de meta con todos los ánimos que recibía del público pude correr. Sensación extraña. Termino tras 22h 16’ (3 horas más de mi tiempo estimado). Consigo mi objetivo, ya tengo los puntos para UTMB pero vuelvo a casa con la cabeza baja, pensativo y buscando la causa del fallo.

2016_06_24_gran-trail-pe-alara-2016_meta-gtp-y-tp-desde-17h31_gran-trail-pe-alara-2016-2182348-40748-1553Por encima de todo, el objetivo es terminar. La sonrisa siempre debe salir al cruzar la meta.

Termino muy dolorido y una posible lesión importante es lo que me preocupa. Visita obligada al físico el día siguiente, donde me revelan el problema: falta de fortalecimiento de tibiales en la preparación. Es solo una sobrecarga.

Me alivia saber que no quedarán residuos de la ultra y conocer la raíz del problema me hace sentir mejor. Me vuelven las ganas de seguir entrenando y aprendiendo. Ya conozco lo que tengo que mejorar para tener más control de los elementos que componen una ultra.

Mi entrenador toma nota, yo tomo nota y tras un mes de Julio de descanso activo, volvemos al trabajo en Agosto para preparar el siguiente objetivo, la Ultra Gran Vuelta Valle del Genal (130km +/-6.000 m) donde los castaños y colores del otoño me esperan para surcar su valle.

slide_genal_2016

A 3 semanas de la prueba, las sensaciones son diferentes que hace 4 meses. Los cambios de rutina de gimnasio, los ejercicios de propiocepción y los entrenamientos en terrenos técnicos me dan confianza cara a la próxima prueba.

Todo puede pasar, y de hecho soy consciente que habrá elementos incontrolables o imposibles de predecir, así que por mi parte, el trabajo está realizado.

Comer, hidratarme e ir descargando el trabajo muscular es lo que me quedan en estas semanas para completar el plan de entrenos. Estamos listos. Pronto recorreremos el Gran Valle.

Mr M

 

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“El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”

Volviendo a mi intención de dejar por escrito lo que va aconteciéndome en mi camino al UTMB, encontré este texto a medio empezar, el cuál ni tan siquiera recordaba haberlo iniciado.

El texto pretendía publicarlo en la previa de los 101 de Ronda de este año, pero la falta de tiempo e inspiración no se pudo completar. El post decía algo tal que así:

[…Solo ha pasado un año y vuelvo a encontrarme esa piedra en el camino. Esa piedra de querer hacer un tiempo determinado en una carrera, cuando siempre he renegado de marcas y batallas. 

Debe ser que además de animal, la edad me está volviendo valiente, o loco quizás, pero aun siendo consciente de que conseguir el buscado sub13h no es el único objetivo en Ronda este año, siempre ser finisher debe ser un objetivo en toda ultra, me ilusiona luchar para conseguirlo. 

Hacer una carrera de 101 km como entrenamiento de otra de 115 km con 5 semanas de diferencia puede parecer una grosería deportiva para un aficionado al trail como yo, pero en esto de las ultras la experiencia es la base del éxito, y yo necesito aún muchas horas de monte para  sentirme capacitado y con seguridad para llegar al objetivo del 2017. 

En realidad, pensándolo fríamente, me siento preparado para el asalto y con opciones de salir victorioso. El convertirme en bandolero hace 10 semanas me da una confianza añadida, demasiada para mi gusto a la hora de encarar la prueba, y ese es el principal rival a batir este fin de semana. 

Tengo muy claro que la confianza crea accidentes y solo la preocupación los evita, así que la clave será encontrar el equilibrio entre arriesgar y controlar; el resto será fruto de tomar las decisiones correctas en el momento adecuado.]

Me resulta extraño ver el contraste del antes y el después.  Si antes de la carrera me sentía con miedos, incertidumbres e intrigas, a pocos minutos de completarla en 15′ por encima del sub13, aún con el cuerpo abatido y bajo la fría madrugada de ese sábado en la Alameda de Ronda, mi compañero de batalla ya estaba planeando el asalto al sub12 el año que viene.

img_0987Objetivo del año que viene: saltar la piedra y cruzar el arco

Yo, precavido y calculador como de costumbre, no lo tenía tan claro. Hasta revisar la carrera con sus errores y aciertos, analizar tiempos de paso y paradas, no me he dado cuenta que sí, que era posible e incluso se podía haber conseguido este mismo año, pero no pudo ser.

Podría poner unas cuantas razones razonables para justificarlo, pero no sería justo. Todos hemos pasado por aquel barrizal y todos hemos disfrutado de la agradable temperatura durante el recorrido. Pensar en el asalto al sub12 el año próximo es un aliciente más para seguir avanzando y aprendiendo.

 img_1022Última recta visualizando ya la Alameda, dejando a trás el pais del barro que tanto costó superar este año.

Como resumen de la carrera de Ronda, se podría ver representado en mi histórico de tiempo en esta prueba. Con tres participaciones, entrenos focalizados en carreras de montaña y la propia evolución del cuerpo, la progresión es clara y sobretodo, tener la sensaciones de poder seguir avanzando.

r1 Gráfica de tiempos realizados y previsión para el 2017.
Como se puede apreciar, ver el Tajo de Ronda con las últimas luces del dia es un privilegio solo para unos pocos.

Como decía al inicio, ahora todo se centra en terminar la próxima prueba, Gran Trail de Peñalara (115 km +\-5200m) y conseguir al fin los ansiados puntos que me permitan acceder al sorteo de una plaza para la UTMB.

53995230bf435Próxima parada: Sierra de Guadarrama para coronar el Peñalara

Mr M