
Sábado 14 de marzo, cae la noche y el centro de Málaga se tiñe de un olor y color especial. Huelo a jazmín y vino dulce, estando al lado del «Pimpi» resultaría extraño no embriagarse de esa combinación de olores. El teatro romano se viste de gala; esta noche no solo está iluminado como habitualmente, sino que miles de runners lo alumbran con sus frontales: empieza la II trail MLK y menudo escenario.
Primeros los más peques, esos que con su competitividad e inocencia alegran y arrancan las palmadas de todos los que allí estábamos (público y runners). Salen como rayos, incluso el primero de ellos llega por delante del voluntario que hacía de liebre, pero no puedo parar de recordar y de dejar escapar una sonrisa al ver la cara de felicidad de la última pequeñita que sale: ¡lleva una camiseta de los bichos! ¡Vamos Ainhoa! Luce una camiseta más grande que ella, pronto la rellenará. Alarga sus zancadas y acompañada por un más que orgulloso papá que no deja de grabar cada movimiento que hace, completa una gran carrera, ¡enhorabuena campeona!
Queda poco, solo nos da tiempo a recorrer un par de calles para calentar y ponernos en la fila donde se efectuará la salida, ¡qué nervios! ¡pum,pum! (alguien dispara, señal de que la carrera ya ha comenzado).
Mi primera carrera nocturna. El centro está abarrotado, la gente que está sentada en las terrazas de calle Alcazabilla y en la Plaza de la Merced no dejan de aplaudir ni de grabar a los miles de «locos» que les deslumbran con sus frontales y que con aliento jadeante avanzan buscando la subida que les llevará al Castillo de Gibralfaro.
Comenzamos a subir, intento mantener la calma, la cuesta es larga y empinada y no sé cuántos km serán. Miro hacia arriba, puedo ver a cientos de personas dibujando una hilera; miro hacia abajo, cientos de frontales persiguen el recorrido que yo ya he hecho.
Menudo escenario, ver Málaga de noche, respirar el aire puro de la vegetación que tenemos subiendo al castillo, el ambiente que desde los primeros km se vive en la carrera, ¡Vamos bichos! ¡Nos conocen, otros corredores animan a los bichos a su paso y nos piden crónica de la carrera!
Finaliza la subida, toca bajar y recuperar fuerzas y «posiciones». Que lujo, ver el muelle uno, correr por la Coracha, atravesar los monumentos más emblemáticos de nuestra ciudad y solo al alcance de unos pocos.
Nueva subida, pero antes alguien que se sitúa de espectador nos anima, ahí está Dani (Mr. Sensei) animando a sus bichos y al mismo tiempo Raúl (Mr. Lizard) avanza por el césped para fotografiarnos una y otra vez e inmortalizar ese recuerdo especial de otra carrera más.
La segunda subida se hace más larga y tediosa, tengo que caminar más que en la primera vuelta, mis piernas no están todo lo fuertes que me gustaría y empiezan a temblar. Queda poco, sé que desde que lleguemos al Castillo solo se trata de bajar y volar hacia la meta.
Alargamos las zancadas, bajamos los escalones de 3 en 3…es casi menos peligroso que intentar bajarlos de uno en uno… enfilamos la recta que nos lleva hacia la meta.
Otra carrera terminada, 45 minutos 10 segundos. No sé si es un gran tiempo o no, para mí es lo de menos, porque cada vez que comienzo una carrera siento el miedo de no llegar a terminarla. Sé que no llegaré la primera, siempre habrá alguien que corra mucho más que yo, pero también sé que tampoco llegaremos los últimos, último siempre será aquél que jamás se atrevió a inscribirse.
Me quedo con algo de esta carrera, los nuevos amigos y el coincidir con nuevos bich@s: la familia crece y espero seguir estando ahí para disfrutar de ella en cada carrera.
Agradecer a nuestros sponsors y colaboradores el apoyo a toda la manada. Seguimos juntos, seguimos el camino.
Nos vemos el 22 de marzo: la media maratón de Málaga nos espera… ¿te la vas a perder?
Mrs Little