Puede ser el tercero, quedan sólo 21 días y ya noto ese cosquilleo y temblar interno tan difícil de controlar.

La verdad es que le estamos perdiendo el respeto a esto de correr, a salir cada tarde y hacer 10-15km como si fuese un paseo, a veces me pregunto si en un futuro será bueno esto que hacemos hoy.

Puede ser el tercero… me repito una y otra vez.

¿Has entrenado bien? Se pregunta mi cabeza. He cumplido, mejor o peor, días más rápidos, días más lentos, pero en líneas generales puedo decir que he cumplido. No he seguido el planning a rajatabla, para poder hacerlo tendría que ser deportista y dejar de ser enfermera, hija y novia. Me vienen largas semanas con 5 días de entrenamientos, tengo que reducirlo a 4 días y a veces privarme de cosas, así que puedo decir que si privarme de cosas y salir a entrenar es cumplir, yo he cumplido.

Siento miedo, sé que hasta el km 21 será relativamente fácil, será como un paseo acompañado al son de las palmas de los sevillanos y familiares que desplazados hasta Sevilla animen a sus corredores y al resto de maratonianos. Me da miedo el MURO; que llegue y no sea capaz de “saltarlo”, que mi cabeza diga hasta aquí aunque mis piernas puedan un poquito más…

Me pregunto en qué pensarán el resto de corredores cuando les sobreviene el temido muro. ¿Agachamos la cabeza y nos vamos? ¿Dejamos el sueño incompleto?  ¿Abandonamos esa ilusión?…

El mundo no entiende a los que corren, y no lo entienden porque no lo han hecho; ninguno de ellos ha disfrutado una maratón, ninguno ha sentido ese dolor físico que casi te parte en dos, ninguno ha visto a otro corredor acalambrado y le ha ayudado con el último gel o la última sal que te queda a pesar de saber que quizás tú puedas necesitarla más adelante… ninguno ha hablado con alguien que no conoce de nada, ninguno ha levantado jamás el brazo de otra persona al entrar en meta y se ha abrazado con un desconocido sólo por haber corrido junto a él; porque señoras y señores, maratón es eso, enseñanzas de vida.

Os voy a contar que fue lo que me llevé de mis dos maratones, no sólo una medalla y una camiseta que guardo como un tesoro, me lleve mucho más, algo casi indescriptible con palabras, muchas emociones, muchísimos recuerdos.

En mi primera maratón (Málaga 2014) aprendí que si quieres ir rápido es mejor ir sólo, pero que si quieres llegar lejos es mejor ir acompañado. Conocí a JC, si, a nuestro pelocho, un niño especial que cada día que pasa se nos hace mayor. Nos dió tiempo a hablar de muchas cosas, os podéis imaginar en 5h11’… supe de su vida, y creo que eso fue lo que me llevo a la meta, ¿cómo alguien tan especial tenía una historia así?

En mi segunda maratón (Málaga 2015) aprendí lo importante que es la ayuda del otro. Ver al presi en el km 30… fue mejor que encontrar agua en el desierto!

Fueron 12km donde lo único que le repetía una y otra vez era que no dejara que la liebre de 4h30′ nos adelantara y si me tengo que quedar con algo es con ese abrazo tuyo al llegar al km 42… justo donde comienza la alfombra azul que te lleva a la gloria donde me dijistes “enhorabuena campeona, lo tienes hecho y lo único que verá la liebre de 4h30′ será tu culo”.

Para quienes lo veáis de fuera quizás no lo veáis importante pero estos gestos son los que agrandecen a las personas y son los que se recuerdan siempre.

Ahora sólo quedan 21 días, y lo voy a hacer. Tengo 42km por delante, para pensar, recordar, aprender y emocionarme; hay 42 motivos para seguir adelante, para no flaquear, y este año lo haré por ti papi; porque él fue y demostró ser un campeón cuando tuvo que hacerlo, lidiando con el hombre de la guadaña a escasos metros, ese sí que fue un muro difícil de superar y si tú lo hicistes… a mí el 19 F no me va a parar nadie.

Sevilla 2017 sera mío y de toda la manada, porque no debemos celebrarlo por llegar, sino por estar.

Mrs.Little

 

 

 

 

 

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