Estaba yo tranquilamente reposando la comida post-cumpledemamá (FELICIDADES MAMÁ!!!!!), cuando, de repente, algo inesperado vino a turbar mi paz interior. Y es que estaba ojeando mi facebook tumbado plácidamente sobre la cama -sí, los runners también nos tumbamos, pero no es por vagos sino para propiciar la supercompensación muscular-, cuando leí el siguiente post desde el blog de otro runner -al cual por cierto no tengo el gusto de conocer-:

http://ciudadanorunner.blogspot.com.es/2015/02/carta-un-imbecil.html

En dicha publicación, nuestro compañero de kilómetros pone a caldo a un personaje público -Salvador Sostres- por su, digámoslo con un poco de educación, poco acertada visión del deporte en éste otro artículo:

http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/guantanamo/2015/02/16/las-endorfinas.html

Pues bien, como buen runner imbécil que soy, no puedo por menos que hacerle la réplica al personaje éste que se hace llamar escritor y periodista; y ya de paso ahondar un poco en ciertos aspectos tanto físicos como mentales sobre éste deporte que tantas alegrías nos proporciona -porque, claro está, los imbéciles como nosotros nos alegramos con poco.

1.- En primer lugar, señor Sostres, las grandes categorías de la vida no son algo objetivo, sino que a cada cual le proporciona felicidad una u otra cosa en función de mil y una circunstancias. De lo contrario, y aplicando su lógica, tan sólo los pocos privilegiados que escriben artículos serían felices. Por lo tanto, su teoría acerca de la felicidad queda, de plano, descartada.

2.- Además, no contento con esa afirmación, se le ocurre decir que para buscar el placer en el deporte uno debe tener una vida vacía. Esto merece un poco de atención por mi parte. Soy un joven trabajador autónomo que tiene la suerte de vivir de lo que le APASIONA, que cuenta con un nutrido e inmejorable grupo de amigos -entre los cuales incluyo, por su puesto, a los BICHOS RUNNERS-, que tiene una familia a la que poco o nada más puede pedir, y que por suerte no tiene más problemas actualmente que los normales de la vida diaria.

Quiero decir con ésto, Salvador, que soy PLENAMENTE FELIZ en mi vida. Y aún así, me gusta, no, ME ENCANTA correr: por asfalto, por montaña, por carriles, por hierba, y hasta en la puta cinta del gimnasio cuando no queda más remedio.

¿Le resulta a usted duro de entender esto? Intentaré hacer un esfuerzo explicativo para que lo pueda entender hasta un mono amaestrado -espero que esté a la altura, no soy capaz de rebajar más mi nivel explicativo-: el deporte, cualquier deporte, provoca que se eliminen toxinas, regula los niveles de azúcar y colesterol, ayuda a controlar el peso, y, en general, MEJORA LA SALUD. Por tanto, es LÓGICO que el deporte haga que las personas se sientan bien consigo mismas.

3.- Lo que de verdad me ha ofendido es éste tipo de afirmaciones suyas: “hay que ser realmente un triste, y no esperar nada de la vida, para ser vegetariano o disfrutar comiendo verduras. Para comer bien hay que haber matado antes. Todo lo demás es para señoritas aficionadas, gordos que necesitamos parar y personas que no saben ser felices.”

Es frecuente en nuestra era tan relativista que mucha gente eleve a categoría trivialidades como el deporte, que a los artesanos se les considere genios y que a cualquier artista pop se le llame Dios. Tiene que ver con este ejército de holgazanes que siempre se queja y que todo lo quiere fácil. Tiene que ver con este ejército de almas sin tensión que, como el diablo, son legión. La falta de jerarquía, la falta de rigor. El olvido de cualquier espiritualidad, y luego ya las endorfinas. ¿A quién se le ocurre?

Pero no hay demagogia más baja que el placer que viene del cuerpo, ni ocupación más vulgar que darle a la mente que forzar el cuerpo al límite de su agotamiento.”

El único placer verdadero es el que viene del alma o del cerebro. Tenemos iglesias y tenemos restaurantes. Hoteles prominentes, majestuosos bares. El amor y sus muchísimas formas de darlo.

Hay un imbécil que corre para sentirse bien. Recemos por él. Y traiga champán, que yo ya he nadado.”

Al leer ésto ya me he calentado. Triste hay que ser para, siendo un cerdo grasiento e irrespetuoso con los demás, dedicarse a atacar a los que practicamos deporte por no tener los COJONES suficientes para practicarlo usted también.

¿Que todo lo queremos fácil? Pero caballero, ¿ha probado usted a intentar siquiera correr 10 kilómetros seguidos? Es increíble que haga esta afirmación cuando el deporte se basa en la superación de los propios límites de uno mismo. Intente correr una maratón y verá lo fácil que lo queremos todo. Y ésto mismo es aplicable a su perla sobre forzar el cuerpo.

Por otra parte, es impresionante que hable usted de placer del alma y acto seguido mencione restaurantes, hoteles y bares. ME DESCOJONO directamente.

Y respecto a su calificación de imbécil, sí, soy un imbécil por perder el tiempo en contestar su estúpido texto, pero es que me ha tocado la fibra…y total, hoy ya he cumplido con mis 12 kilómetros de imbecilidad.

4.- Creo intuir que usted piensa que el deporte es para personas de poco trasfondo personal y más bien tontas. Pues de la foto de arriba, le comento: un economista, una enfermera, un auxiliar de enfermería, dos ingenieros, un empleado de banca, un directivo de una gran multinacional, un psicólogo, una terapeuta y un abogado -servidor. Todos muy tontos y muy zafios, sí señor.

5.- Soy un corredor popular de 85 kgs que empezó a correr porque pesaba 110. Por tanto, sé de lo que hablo cuando digo que el deporte es salud, que te hace sentir infinitamente mejor contigo mismo, que te proporciona una forma física que a todos nos gusta lucir, que proporciona felicidad -sí, las dichosas endorfinas-, y un largo etcétera que no es plan de alargar.

Por lo tanto, amigos míos, cuando un impresentable como éste os diga que el deporte, sea el que sea, es para imbéciles, contestad con un aforismo de sobra conocido por todos: mens sana in corpore sano.

 

Mr. Law

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