Y ahí se encontraba, tras pasar trabajando cuarenta y seis horas y media y sin apenas dormir nada (apenas dos cabezadas mal dadas), tirado en la cama sin poder pegar ojo. Después de estar un par de horas dando vueltas, desesperado, salta fuera de la cama y sin pensarlo se pone unos pantalones cortos, una camiseta y se calza las zapatillas y se tira a la calle. Con la complicidad de la oscuridad de la noche, y protegido por las sombras que provocaban las nubes al tapar la luna por momentos, echó a correr. Con el empuje de la sensación de que te persigue algún peligro comenzó a correr cegado. A dicha sensación la expulsó de su mente una tormenta de pensamientos que fue inundando su mente hasta ahogarla por completo. Sin ver nada y sin poder poner orden en su cerebro, continuó corriendo sin parar.

En una de las bocanadas de aire que inhaló percibió unas trazas de aroma a salitre, sin darse cuenta y sin saber porqué, guiado por su olfato inconciente siguió dicho rastro. Cada vez este perfume embriagador se hacia más y más intenso hasta que una brisa húmeda con aroma a mar y los rayos de la luz de la luna empezó a despertarlo de su letargo. Hipnotizado por la esencia que captaba su olfato continuó corriendo, esta vez no tan desesperado.

01Cuando se quiso dar cuenta, se encontraba parado en medio de una arboleda, mientras observaba las copas de los árboles, el salitre aguijoneaba sus pulmones debido a sus profundas bocanadas de aire que daba para poder volver a la calma.

Una sensación de calma y paz le invadió el cuerpo. Se sentía calmado y asombrado por el majestuoso paisaje que se aparecía ante sus ojos. Los claroscuros de la luz de luna provocaba en ese pequeño bosque de árboles centenarios que formaban el parque le creó la sensación de estar confuso y perdido. Se sentía aturdido y desorientado. Ese parque por donde tantas veces había estado, donde tantos y tantos ratos había pasado recorriendo sus senderos, sus fuentes y donde vivían aquellos bancos, fieles testigos mudos de tantas historias.

02Allí estaba, parado ante aquellos troncos de los que por primera vez se percató de la calma que transmitían. Esos tonos grises con manchas verduscas y marrones, cual pieles desgarradas por el paso del tiempo, acompañados por ese aroma a mar que te hipnotiza y cautiva.

03Se sitió engullido por una tranquilidad y paz lapidaria.

Con esta sensación e imagen recorrió de nuevo el camino de vuelta acompañado por el olor a salitre, la luz de laguna y el “chiriviri”, tan nuestro, de esa e irrepetible noche malagueña.

                                                                                               Mr. Boar

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