Julio del 2016. Empieza el verano. Tras acabar el Gran Trail de Peñalara el objetivo estaba conseguido. Los puntos para UTMB estaban ya en casa a espera solamente de la suerte en el sorteo para poder empezar a mirar más de cerca los Alpes y soñar con Chamonix.

Este mes de Julio lo tomaría de descanso. Tras 18 meses siguiendo un plan cada semana y focalizando los esfuerzos siempre al objetivo me costaba no salir a correr. El cuerpo y las piernas me pedían actividad, salir al monte y perderme entre los árboles. Pero en verano, y si vives en Málaga, no hay nada mejor que ir al atardecer al paseo marítimo a rodar por su bahía.

Este viaje de correr sin parar empezó precisamente aquí, recorriendo esas baldosas cuadradas del paseo y respirando la brisa malagueña.

Este descanso no iba  a ser muy extenso. Desde Agosto ya estaba pensando en la próxima aventura, esta vez por el mero hecho de correr, sin necesidad de obtener puntos, aunque me sirvieran para el 2018 en caso de no obtener plaza el año próximo.

Y tras 3 meses de preparación me dispongo a ir al pueblo de Gaucín, a disputar la Gran Vuelta al Valle del Genal, una carrera por bosques de cobre y castaños que recorre 15 pueblos de la comarca en un total de 130 km y un desnivel total de 12.000 m.

Decían de ella que es bonita y dura, como suelen ser las Ultras, y que sus gentes y pueblos tienen un encanto especial. Pronto lo descubriría.

Mirando el valle que en pocas horas recorrería por completo.

Castañas y Ultratrail, buena combinación.

Tras los problemas físicos de la anterior Ultra, el objetivo en esta prueba era comprobar si los entrenamientos específicos de tibiales y propiocepción habían dado resultados, y poder completar la prueba sin problemas musculares severos.

La carrera en sí no transcurrió como esperaba, y aunque suene redundante, era de esperar.

La semana previa la paso con virus estomacal, lo que supone no haber recargado los depósitos correctamente y ello me condicionaría el rendimiento muscular a la larga, aunque apareció antes de lo esperado.

Comenzando este relato desde su inicio, la salida la hago como de costumbre, aplicando la estrategia “anti-Lemmings”: salir fuerte con los de cabeza para evitar tapones por concentración de corredores.

Operación anti-lemmings activadaMomentos previos a la salida, donde se mezclan la incertidumbre y la ilusión por igual

La carrera discurrió con normalidad los primeros kilómetros sintiendo en mis pies el famoso cortafuegos del Capitán, incluso estando en posiciones muy adelantadas del pelotón y llegando con las primeras luces a Jubrique, con un retraso sobre mi tiempo estimado de 9 minutos en los primeros 26 kilómetros. Los que me conocen saben ya que algo pasaba, y no tardaría mucho en saber el qué.

Avituallamiento de Genalgaucil. Km 21. Me acordaría de ese plato de salchichón más tarde.

Pasan unos pocos kilómetros desde que abandono el pueblo y parece que llevo 100  en las piernas. Cansado, con sueño y con falta de energías avanzo lentamente hacia el Jardón, punto con más altitud de la prueba.

Todos los corredores de ultras  tenemos momentos de bajón anímico o físico en estas pruebas, pero que me llegaran tan pronto me descolocó bastante. Analizo la situación: Por la intensidad que estaba haciendo la carrera, no he comido nada desde la salida, y de eso hace 3h 30´. Gran error.

Lo asumo, poco más podía hacer mientras andaba a paso lento mientras me apartaba a que los lemmings de la salida me pasaran como rayos. Ahora era yo el único lemming que había en la carrera (eso me imaginaba) y era el que hacia tapón. Cuando ya se abre el sendero me encuentro solo, con dolor de estómago y empieza la parte psicológica del problema.

Estos momentos son duros y muy personales. Hay que caer para poder levantarse y será por ello que la mente empieza a culparme de todo el tiempo invertido, el tiempo robado y el tiempo ganado al tiempo los últimos meses. Me autolesiono mentalmente por no haber hecho bien los deberes la semana anterior y por haber cometido un error de principiante y no dar energías al cuerpo con antelación.

Siempre que se tienen estos momentos se asumen como parte de la prueba, ¿pero con tan solo 30 kilómetros por detrás y con 100  kilómetros por delante? ¿No era demasiado pronto? ¿Porque estoy aquí y no en casa viendo a los niños desayunar?

Los minutos pasan y la auto culpabilidad también. Es parte del proceso, es algo natural que hay que soportar. No recuerdo si fueron 5 minutos o 20, cuando de repente me paro, miro al frente, a lo lejos se divisa el inicio de lo que parece un cortafuegos. Bebo agua, me seco el sudor y saco los bastones. Es el momento de salir a flote y empezar a comer kilómetros poco a poco. Andar siempre se me ha dado bien, así que andemos hasta que el camino permita empezar a trotar. Y troté, después corrí e incluso llegue a adelantar corredores. Había encontrado de nuevo el equilibrio. En el kilómetro 55 volvía a estar en mis tiempos previstos de carrera y comenzaba una nueva Ultra.

Las cosas solo pueden ir mal cuando antes van bien. Esto podría ser el resumen del resto de la carrera.

Como se puede ver en la gráfica de tiempos estimados-Tiempos reales, desde Parauta (Km 55) empezó una nueva carrera.

Tabla comparativa de tiempos estimados y reales.

Desde este momento los problemas musculares serán las revienta fiestas del baile de fin de curso. Correr, andar masajear, estirar. Así transcurren los kilómetros hasta la meta. La falta de una correcta alimentación pre carrera se debe pagar, y yo lo hacía al contado.

Subiendo iba muy fuerte, controlaba la intensidad lo justo para que no se me subieran los cuádriceps (en un momento se me subieron los dos a la vez,  incomoda situación como te puedes imaginar y más incómoda aun cuando te pilla orinando, visualiza la situación y lo comprenderás) y cada llano o bajada arrancaba a trotar a pesar de los dolores, sabiendo que eso es lo que me haría reducir el tiempo de carrera (y el tiempo de sufrimiento). Casi no disfrute la carrera, pero se terminó. No fue mi día. No hay más.

Siempre se está contento cuando se termina una Ultra, aunque no de la forma que uno quisiera.

Aunque no esté satisfecho  totalmente de como  discurrió la carrera, visto en perspectiva si estoy contento de como gestioné la situación. A fin de cuentas se trata de terminar la carrera, y eso es lo que hice.

Miro atrás y veo 5 ultras en 13 meses. Esto me da experiencia, rodaje y  saber cómo enfrentarme a las situaciones.  Me quedo con eso en todo este año, a fin de cuentas, es una carrera de larga distancia (y tiempo) y el objetivo todavía queda lejos de la vista.

Mr M

 

 

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