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UTMB

0 32

Chamonix, la tierra santa del montañismo, el lugar de preregrinacion obligado de todo aquel que ama la montaña y la siente desde su ser más íntimo. 

Aquí estoy yo, en Chamonix ahora. Un montañero novato, con pocos años de experiencia esperando a que en pocas horas se inicie la gran batalla, esa que todo corredor de montaña quiere luchar. 

Una batalla donde solo hay un ganadora. Ella. Ella siempre gana. Ella decide quién entra y quién sale. No hay más opciones

Hace años cuando me encuentré con la montaña, o mejor dicho, cuando ella me eligió, me atrajo toda su belleza y naturalidad, pero también me atrajo que es implacable, fría, calurosa, cruel y omnipresente. Aun así, decidí ponerme a sus pies e intentar bailar con Ella aquí y ahora. 

La montaña te transforma, te hace ver lo pequeño que eres y aprendes a respetar el entorno natural pero sobre todo, el entorno humano.

Hace tres años me propuse un reto, y hoy lo voy a conseguir. Recuerdo la primera vez que lo dije en voz alta, y se lo comente precisamente al que seria mi entrenador todo este tiempo. Le comente que quería estar lo más preparado posible una tarde de Agosto frente a una pequeña iglesia en un remoto pueblo de los Alpes. Fue la primera vez que me escuchaba decirlo y me sonaba como algo lejano y sin realismo práctico. 

Entonces, ¿por qué me embarque en esta aventura? Sinceramente, no tengo respuesta clara. 

Cada corredor tiene una razón para empezar a correr. Razones médicas, superación personal o para hacer vida social suelen ser las más habituales, cada uno con sus peculiaridades y particularidades.

En mi caso, no he tenido una razon inicial, ni una busqueda de superación, simplemente sentía la necesidad de hacerlo, de completar un camino sin direccion que empecé a construir hace tiempo. Se que en un futuro cercano entendere la razon de esta aventura, sabré el por qué invertí todo estos años en entrenamiento y fortaleza mental para este momento. 

Siempre recurro a la teoría de los puntos de Steve Jobs en conversaciones con un buen amigo cuando cambian nuestras situaciones personales y conseguimos conectar los puntos. 

Esta teoría dice lo siguiente:

“No puedes conectar los puntos mirando hacia adelante; sólo puedes hacerlo mirando hacia atrás. Así que tienes que confiar en que los puntos se conectarán de alguna forma en el futuro. Tienes que confiar en algo: tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea. Porque creer que los puntos se conectarán luego en el camino te dará la confianza de seguir tu corazón, incluso cuando te conduce fuera del camino trillado, y eso hará toda la diferencia”

Algún día uniré los puntos que me dibujara una constelacion que me dará la respuesta a por queé estoy donde estoy ahora mismo. 

Si algo ya he ganado, ha sido el ver tanto apoyo a algo que no deja de ser un acontecimiento más. 

El Lunes volverá a ser Lunes. Todos volveremos a la rutina diaria con sus preocupaciones, penas y alegrías. No cambiará en esencia nada importante. Vendrán más carreras, más retos y otros objetivos. Míos y de otros. 

La vida no acaba este fin de semana. Pero tambien decir que esto es una Ultra, asi que una vida de duracion limitada empieza en unas horas. Por delante muchas emociones, tanto buenas como no deseables, sufrimiento, dolor mezclados con esa sensacion de libertad indescriptible y única, con el deseo de que salga todo bien, poder sortear los obstaculos que encuentre y volver de vuelta a Chamonix. Ademas, se siente una especie de responsabilidad ante quienes me han apoyado en todo este tiempo, solo por el hecho de ser como soy. 

De las muchas palabras de apoyo que he recibido estos días, todas muy agradecidas y sentidas, me quedo con esta frase:

“…. piensa siempre que eres un ejemplo para todos los bichos, para el deporte y para el mundo, mas personas responsables como tu hacen falta” 

Sinceramente, me cuesta hacer publico el mensaje, me gusta pasar desapercibido, soy más de ponerme en la ultima fila de la foto, pero sin entrar a valorar el contenido, la frase es un gran resumen de lo que ya he conseguido. 

Por un lado, el grupo humano que se ha generado en estos años y que sigue creciendo, llamado Bichos Runners, genera momentos que son dificiles de explicar con palabras. 

Algo mas que correr, decimos, y no es una simple frase con gancho, porque ese “algo” es parte de un todo, donde la amistad, compañerismo y lealtad encuentran su maxima expresion. Yo personalmente he encontrado una nueva forma de entender la amistad y es algo de lo que mas orgulloso y afortunado me siento. 

Los valores y beneficios que el deporte te aporta son ilimitados, dependientes de la inversion de cada uno y lo que este dispuesto a conseguir. 

La mezcla de deporte y amistad te lleva inexorablemente a la responsabilidad. La responsabilidad de cumplir, de devolver algo que te dan sin pedir nada a cambio, de recibir el ente no economico mas valioso de nuestros dias, el tiempo. 

Yo me he quitado mucho, pronto sabre si lo suficiente, porque entrenar este deporte exige una dedicacion intensa sin perder la concentracion, debiendo centrarse en el objetivo durante muchos meses para cumplir con el plan de entrenos. 

Atrás queda el valioso tiempo quitado a la familia, eje principal sobre el cual gira mi mundo a una revolucion variable segun mis necesidades, quitándole y dándole tiempo según mis ocupaciones y horarios, sin haber puesto nunca impedimento alguno. 

Es ese tiempo de mi entorno, mi familia y mi gente, que han ayudado a que este proyecto salga adelante y por lo que a día de hoy me siento orgulloso y sobre todo ganador, preparado  para irme a la linea de salida con la mejor de mis sonrisas, con la responsabilidad de cumplir con todos en la manera que me lo permita Ella, y rodearla durante mas de 33 horas para volver a Chamonix, gracias a la aportacion de cada persona que me a acompañado en este viaje, convertido finalmente en un montañero de verdad. 

Mr M

0 10

Llega el medio día. No es uno más. Quizás es uno de los más esperados del año para mí.

El ritual es el mismo desde hace cuatro años, allá por 2014 cuando empezaba en esto de las carreras de larga distancia sin saber hacia dónde me dirigía, impulsado por una desconocida fuerza hacia la búsqueda del mas allá, como Cristobal Colón buscando el mismo borde de la tierra para confirmar que esta no era plana.

Ronda me esperaba de nuevo como cada segundo viernes del mes de Mayo, aunque esta vez he estado a punto de perderme la fiesta. El destino me hizo esperar hasta el último momento, haciendo la maleta para ir a Ronda o a otro continente, pero finalmente las fuerzas del destino eligieron que debía estar otro año más visitando la ciudad soñada.

Por delante, un par de horas de viaje y el deseo de que fuese un gran fin de semana para todos mis amigos que estarían en los 101 km de Ronda.

En mi peregrinar hacia Ronda, pienso en las anteriores veces que he corrido allí.

Desde aquella incipiente aventura en solitario del 2014, pasando por la insípida carrera del año siguiente y la disfrutona del año pasado, este año afrontaba la carrera desde un ángulo diferente.

El tiempo era el objetivo, no porque quiera ganar algo, sino todo lo contrario, no quiero perder. No quiero perder la oportunidad de estar en Chamonix, de estar en verano con el trabajo bien hecho.

Desde hace meses, decidí que cada entrenamiento lo haría al máximo de intensidad (cuando así lo requería la sesión) como si no hubiese un mañana.

Dar un apretón de rosca más y rozar el límite en los entrenamientos.

No quiero perder. Quiero ganar. Quiero ganarme en UTMB.

He aprendido en este deporte que no hay magia, solo dedicación y esfuerzo. No hay secretos ni atajos. El camino está marcado y solo hay que saber seguirlo. No hay más. Esto del rendimiento deportivo es matemáticas, una ciencia exacta con el aliciente de variables incontroladas que hacen de cada carrera un resultado predecible en resultados positivos e impredecible en los negativos.

En esta ocasión, el resultado se decantó del lado positivo.

Comparativa de mis cuatro ediciones y su desarrollo. La experiencia lo es todo.

Habrán sido esos entrenamientos intensos o de haber llenado el vaso de la experiencia a niveles importantes, que la carrera se decantó por el lado deseable.

Llegaba a Ronda con un rutómetro a seguir que marcaba llegar a Ronda antes de que sonaran las campanas de la Iglesia de la Merced, junto a la Alameda, marcando las 11 de la noche. Eso suponía hacer un tiempo inferior a 12 horas del recorrido (ritmos ya establecidos hace un año justo tras acabar la carrera)

Campanario que decidiría la consecución del objetivo este año.

Este año, al igual que el año pasado, habría dueto para asaltar la marca. Si el año pasado el papel de escudero y caballero fue alternándose durante la carrera con mi compañero Belu, este año la aventura estuvo acompañada de Javi, nuestra gacela humana, que le auguraba un gran tiempo en su primera ultra.

Antes de partir, disfrutando desde el estadio los momentos previos a colocarse en el corralito

Las emociones y sensaciones que desprende esta carrera son inigualables: recogida de dorsales, cena de la pasta, entrada al estadio, salves al rey, recorrido por calle la Bola… el destino quiso que pudiera disfrutar otro año más de esos momentos únicos.

La alameda engalanada para la ocasión

Inevitable pararse a contemplar zona Bandolera desde el mirador del Tajo y recordar cada momento vivido este año.

La carrera transcurría según el plan,  hasta que  pasamos Arriate donde a mi compañero de batalla le saltaron problemas musculares.

Le costaba subir la cuesta de los cochinos. Yo le decía que no me siguiera, que mantuviera las distancias que estas carreras son muy largas. Tan tozudo como gran persona, me seguía la estela y tras pasar el Cortijo del Polear saltó la alarma.

En estos casos normalmente (yo y cualquiera de mi gente de los bichos) nos quedamos para ayudar al compañero y no abandonarle, pero tal y como le había dicho en la salida, esto es una vida entera concentrada en pocas horas, y cada uno debe vivirla a su manera.

Pactamos que había que seguir el plan, si uno se quedaba atrás, ya habría momento de encontrarnos más adelante.

Y así paso, que tras dejarle atrás y estar pensando en él durante los siguientes 20 kilómetros, me lo crucé justo cuando yo abandonaba Setenil, a escasos 5′ de diferencia. Pensé que me alcanzaría antes de llegar al cuartel, pero finalmente no pdo y llego a Ronda cunpliendo también el objetivo, unos minutos detrás mia.

Todo marchaba según el plan, incluso me atrevo a decir que sabía de antemano que me sería fácil seguir el rutómetro, ya que marque los mismo ritmos que el año anterior y la experiencia y entrenamientos de todo un año sabía que me pondrían en una mejor situación de carrera.

Paso por Benaoján todavía con mucha luz. Conseguir ver Ronda de día era lo único que tenía en mente.

Correr para no perder. Me lo repetía sin cesar en muchas ocasiones. Había que apretar dientes si quería ver Ronda de día, porque me habían dicho que desde el kilómetro 90 se ve el Tajo, y lo tenía cerca, muy cerca, tan cerca que al final de aquella larga cuesta apareció. Tengo la imagen clavada en mi mente. Una panorámica de toda Ronda, con los rayos del sol del atardecer bañando toda la alameda, el puente nuevo, la Ronda vieja y la moderna. Allí estaba, enfrente mía, y lo conseguí.

En esos pocos segundo que se tarda en cambiar el ritmo entre subir y bajar, pude mirar hacia delante y contemplar lo que muchos desean ver y este año no lo conseguirán. Me sentía un privilegiado por estar en ese momento en aquel lugar.

No paré, no saqué la cámara para inmortalizar el momento, no hacía falta. Lo tengo clavado en mi retina y siempre lo recordaré. Siempre que quiera verlo de nuevo, sólo tengo que cerrar los ojos y lo tendré, delante mia de nuevo. Ahora era el momento de ir a por el premio gordo: entrar en Ronda de día.

Miro la hora, son casi las 9 de la noche, me queda al menos 1 hora de luz y 11 kilómetros. Teniendo en cuenta que desde la cuesta del cachondeo hasta la Alameda son al menos 20 minutos, solo me dejan 40 minutos para 10 kilómetros. Misión complicada.

Llegó el momento, me digo. Ahora era el momento de correr para ganar, para ganarme, para ganarme Ronda. Había que intentarlo, llegar a las calles de Ronda de día o al menos sin usar el frontal.

Corono el Puerto de la Muela a las 21:39 con los últimos destellos de sol acompañando las últimas rampas. Sólo me quedan 5 kilómetros y el ocaso empieza a aparecer.

Justo cuando paso a los pies del Tajo, ya la luz era muy tenue, pero podía seguir avanzando por la cuesta del cachondeo sin problemas de visión y alcancé las calles de Ronda con las luces de la ciudad marcándome el camino hasta la meta.

La llegada como siempre, emotiva y espectacular, aún más por el momento que se pasa por Ronda con todas las calles llenas de gente animando y aplaudiendo. Ha merecido la pena apretar y sufrir los últimos kilómetros para sentir estos momentos.

Objetido Sub 12 conseguido

La magia de Ronda no termina cuando cruzas la meta. Quedaba una larga noche esperando a todos y cada uno de mis amigos cumplir sus sueños. Llegar el primero del grupo tiene la ventaja de que puedes vivir parte de los sentimientos que tu gente cuando cruza el arco de meta y yo, como cualquier otro miembro de los Bichos, no me lo quería perder, no me quería ir de la Alameda para ver a todos entrar. Y así fué.

Primeras luces del día esperando al último de los Bichos, donde los tiempos y ritmos dejan de tener valor, pasando a usar como armas de la batalla el coraje, tesón y constancia.

 

Mr M

 

 

 

0 18

Año 2. 12 Enero 2017. Se ve a lo lejos la oportunidad buscada. Todo dependía de la fortuna del momento. De ese momento de estar o no estar, de seguir adelante o tener que retrasar todo 12 meses. Recuerdo perfectamente hace dos años cuando tome la decisión de estar frente a la iglesia de Chamonix el último fin de semana de Agosto, allí entre una multitud de corredores de 90 países, esperando el momento de partir a lo desconocido y vivir la experiencia UTMB desde dentro.

Mucho ha pasado desde entonces, y no solamente mi cambio físico y deportivo, sino que lo más sorprendente es el efecto que he provocado en mi entorno sin proponerlo ni buscarlo.

Lo que en principio me plantee como un reto personal y de búsqueda del límite deportivo, en este tiempo ha ido tomando otra forma, otro sabor, otra esencia, otro matiz añadido.

Los caminos no se recorren solos, es inevitable tener compañeros de viajes, unos buscados y otros encontrados en el caminar.

El año pasado, en la Ultra de Bandoleros (155km) ya se produjo algo mágico que comente en su momento (http://bichosrunners.com/utsb-155-km-capitulo-1/) y en ese instante previo a enfrentarme al destino me vienen aquellos recuerdos. La sensación de miedos iniciales se transforman de alguna manera en responsabilidad. Una responsabilidad sin obligaciones, sin requerimientos previos, simplemente la necesidad de corresponder.

Conociendo a todos ellos, solo de pesar que estarán durante más de 35h atentos a lo que pudiera acontecer, a destripar mi rutómetro y dar seguimiento visual en cada cámara del recorrido, cuanto menos me daba ese punto de necesidad de responder.

Los días previos toda mi gente me preguntaba sobre la prueba, que cuando era el sorteo, que si tenía alguna opción o que pasaría en caso de no tener la suerte de mi lado.

Lo que aconteció los minutos previos y siguientes al sorteo ya los explique hace meses (http://bichosrunners.com/refuse/)

La sensación de impotencia y de no poder hacer nada va en contra de todo lo que simboliza una ultra, de todo lo que he ido aprendiendo en estos años. Era el momento de asimilar y analizar la situación real.

Sobre las 11:24 esa misma mañana recibo un correo de la organización confirmando lo que ya había visto 81 minutos antes.

En el correo decían lo siguiente (de forma resumida)

[…  los corredores que no vengan seleccionados en el sorteo tienen dos  posibilidades:

1.- Solicitar el reembolso de la pre-inscripcion y esperar al año que viene conservando coeficiente 2 en el sorteo. 

2.- Optar a un dorsal solidario. 

…]

Por unos instantes, la palabra Refusé empieza a dejar se resonar en mi cabeza.

¿Había todavía alguna opción para estar en Chamonix este verano?

La marcha Radestzky empieza a sonar de fondo en mi cabeza de nuevo. Se respira ese silencio mágico anteponiéndose a las primeras notas. El redoble de tambor increscendo va encendiendo una pequeña y tenue luz de esperanza. Sale el director de orquesta al centro del escenario. Si, lo voy viendo cada vez más real. Si había una opción, por rocambolesca que pudiera ser, había que intentarlo.

 Siempre adelante, despacio pero adelante. Un mantra que me suelo repetir en los momentos difíciles en las ultras, y esto no es muy diferente a una carrera de larga distancia, y desde luego era el momento anímico más bajo que había estado en estos años.

Me informo de la opción de dorsal solidario, era lo único a lo que me podía agarrar en ese momento. Según la web, existen disponibles un total de 150 dorsales solidarios que ofrece la organización para aquellos corredores que consigan una donación mínima (de cuantía importante) a una de las 10 ONG’s con las que colabora la UTMB.

Los siguientes días fueron verdaderamente intensos. Intercambio de correos electrónicos con la ONG’s seleccionada para colaborar, ver alternativas para obtener la donación y mucha incertidumbre (los dorsales solidarios suelen agotarse también en pocos días).

Tras varios meses de gestiones, el resultado lo resumiría en una palabra: Agradecimiento.

Agradecimiento a Frères des Hommes, organización que me ha elegido como su corredor para representarlos en la carrera.

Agradecimiento a mi empresa por apoyarme sin dudarlo y hacer la donación íntegra.

Agradecimiento a los que me animaban a seguir adelante y no parar de soñar despierto.

Hoy, a poco más de 5 meses para la prueba, recibo el correo que tanto tiempo he estado esperando. Nicolás, un señor francés de la organización me escribe un mail oficial informándome de lo que tanto anhelaba estas semanas atrás:

 “Your participation to the UTMB® is now guaranteed and you can enjoy one of the solidarity bib”

 Pocos segundos después, casi sin pestañear y sin darme cuenta de la situación, estaba registrando mi plaza, enviando el certificado médico y realizando el abono de la prueba.

 Ya si puedo decirlo. Ya si puedo decir que tengo dorsal. Ya si puedo decir que tengo 5 meses para preparar el gran momento, ese donde se escuche a escasos minutos de la salida la canción de Vangelis (el tema principal de la película “1492 La conquista del paraíso”, la banda sonora que probablemente hará emerger todo ese esfuerzo, dedicación y constancia para estar en el lugar y momento que me propuse voluntariamente años atrás, cuando el 1 de Enero de 2015, viendo el concierto de año nuevo me dió por pensar, ¿cómo sonará la marcha radetzky a los pies del Mont Blanc?

 

Mr M

0 8

Miro al frente y solo veo nubes bajas. No puedo ver el camino que debería atravesar en el siguiente tramo, ni tan siquiera se intuye. El frío se unió como compañero de viaje desde hace ya demasiadas horas.  Mientras el viento me golpea de nuevo y la lluvia sigue quitándome energías, alzo la vista,  subo una de las últimas cuestas camino al siguiente avituallamiento y me sale en voz alta un pensamiento:

“Cuando llegue a Villaluenga abandono…”

“!No! ¡Lo has dicho, lo has dicho!” –  me repito en voz alta con desesperación.

22 horas de carrera y 126km recorridos. No se me había pasado ni por la cabeza abandonar, a pesar de que las últimas 7 horas han sido especialmente duras, muy duras, y ni tan siquiera estaba en mis pensamientos esa hipótesis.

Simplemente alzó la voz mi yo lógico y racional. Mi subconsciente fue más fuerte que mi intención de terminar lo que empecé y mi pasión por el trail, casi apagada por cruzar ríos con agua hasta las rodillas en condiciones meteorológicas extremas. Según oía mi propia voz entremezclada con la lluvia y el viento, sabía que la decisión no tendría retorno.

Unas horas antes, en el avituallamiento de Cortes de la frontera (118km) ya sabía que la situación se complicaba. Llegué sin entrar en calor, a pesar de ir a buen ritmo de carrera, pero con los primeros síntomas de frio calado en el cuerpo.

Me tomo mi tiempo en ese avituallamiento, comiendo pasta para coger energías y sopa caliente para entrar en calor. Los guantes y el buff los coloqué encima de un pequeño radiador, en un intento de secarlos el tiempo que estuviese allí.

Junto a él veo una silla. Me siento buscando algo de calor mientras no paro de pensar en qué condiciones estará la Sierra de Grazalema, si también se habrán convertido los senderos en ríos.

Solo veía como única vía para poder enfrentarme con garantías a la noche del sábado conseguir ropa térmica en Villaluenga. Cogí el teléfono, activé la red y llamé a mi amigo Pablo. Él vive en Ronda, era mi opción más cercana y le daría tiempo a llevarme ropa a Villaluenga, estimaba casi 3h el tiempo que tardaría en llegar.

Cae la noche alrededor de El Bosque, nadie esperaba lo que acontecería mas adelante. 

No me coge el teléfono. Le mando un mensaje y desconecto de nuevo la red. La suerte estaba echada, el destino marcaría mi carrera, no podía hacer otra cosa más que alcanzar el siguiente punto y esperar a que mi mensaje llegara a su destino a tiempo.

Desde ese momento ya era consciente de mi error, el error que me hizo abandonar a falta de 40k de carrera y no poder completar mi primer 100 millas. Ese error no lo cometí durante la carrera, ni antes de ella ni en su preparación. Es un error que se comete desde el primer momento que decides enfrentarte a la montaña sin suficiente experiencia en ella.

Es ley de vida, la confianza es parte de nuestro entrenamiento, creer en nosotros mismos para salir indemnes ante tantas horas de esfuerzo, pero por contra la confianza hace que te confíes, que descuides los detalles más básicos y sobre todo subestimes a la madre naturaleza desde la siempre soleada Málaga.

A efectos prácticos, sentencié la carrera en dos momentos. El primero en no prever que tras intensas lluvias del viernes y sábado, los senderos podrían estar muy mal y eso conllevaría estar mojado, siendo necesario (y vital en esas circunstancias) ropa seca para mantener el máximo tiempo posible el calor corporal.

El segundo, haberme quitado la ropa térmica que tanto me protegió la noche del viernes en el avituallamiento de Ronda (km 88). Esa primera noche, para mí y me atrevo a decir que también para muchos de los participantes de la prueba, ha marcado un antes y un después.

Solo se es consciente de las condiciones de frio, ventisca, lluvia, hielo y nieve que sufrimos cuando se piensa a tiempo pasado.

Al  salir del avituallamiento del puerto del Boyar (km 33), momento en el cual estaba cayendo una gran tromba de agua, me comentó un voluntario que las condiciones en el Simancón eran muy malas, que había que abrigarse mucho y que estaban abandonado mucha gente al llegar al siguiente punto de control ( Villaluenga km 46). En ese momento me puse la camiseta térmica y el guante caliente para poder contrarrestar lo que vendría.

Momento previo al inicio de la subida al Simancon

Tan solo a pocos minutos de salir del gélido avituallamiento (soportales de refugio abierto al exterior) los caminos empezaban a mostrarse en lo que se había convertido ya para todo el recorrido. Los senderos se convirtieron en arroyos, donde pisar en seco era una misión complicada. En esos momentos empiezo a no sentir los dedos de las manos, una sensación muy extraña y preocupante que permanecía durante largo tiempo.

El uso de bastones me hacía tener las manos en alto, así que solo me quedó dejarlos y avanzar con las manos abajo moviendo los dedos constantemente para favorecer el riego sanguíneo. Pude salvar la papeleta antes de llegar a la ascensión del Simancón, donde la aparición de la nieve hacía el tramo muy entretenido hasta que el manto blanco cubrió todo lo que alumbraba el frontal y la ventisca empezó a hacer acto de presencia.

En la parte más alta, donde una larga explanada recorre su cumbre hasta volver a descender, no había tiempo de pensar con un viento polar que empujaba fuera del camino. Solo había una opción: correr lo más rápido posible para salir de allí cuanto antes.

La nieve acumulada desvelaba el camino a seguir, siguiendo los pasos de los corredores que dejaban su huella al pasar. Las pisadas de los corredores marcaban el camino centrando la concentración en protegerse de la ventisca

El cielo ya avisaba de lo que nos esperaría

Un antes y un después es lo que marca esta edición en cada uno de los participantes, voluntarios y organizadores por las condiciones que se desarrolló. Los tiempos de carrera, los tramos y pueblos de paso, la belleza del paisaje y los deseos por llegar a Pradollano tomaron un sentido muy distinto al que todos hubiésemos querido.

La montaña saco su lado más crudo y cruel sobre nosotros, recordándonos que es ella la que marca los tiempos, la que nos deja entrar en su ser y que debemos ser parte de ella, admirarla  y saber respetarla, porque sus riscos, ríos, senderos, cimas y montañas no son más que cicatrices en su piel de su larga vida.

Con algo de distancia en el tiempo desde que abandone mi primera carrera, los sentimientos siguen siendo los mismos. No me arrepiento de que mi yo racional se impusiera en aquel momento, me hizo sentir débil, con frio y sin ganas de seguir.

No gusta tener que abandonar, a nadie le gusta tirar la toalla aun en aquellas condiciones, y se puede llegar a justificar la retirada y parecer que era lo más sensato. Y lo era, pero los errores de previsión no me lo perdono, se queda grabado en mi diario personal y no puede volver a pasar.

Nos alimentamos de vivencias que van sumando momentos clave a recordar a lo largo de nuestra vida de corredor e incluso en nuestra vida cotidiana, y desde luego que Bandoleros 2017 forma parte especial de ese tarro de experiencias que da forma a nuestra forma de ver y entender la vida.

Momento previo a la salida. 

Mr M

Mirada al frente.

Nervioso e intimidado. Las palabras que podrían definir mi percepción de lo que me rodea ahora. 

Sentado esperando mi comida, a pocas horas de empezar la ultra, con el dorsal recogido, las mochilas entregadas y el trabajo realizado, la incertidumbre que siempre me acompaña en estos momentos se convierte en nervios y dudas. 

La noche no acompañara, se prevé viento, lluvia, niebla e incluso nieve en las cumbres. Desde luego que este panorama ayuda a tener nervios sobre lo que acechara cuando caiga la noche. 

Llego a la prueba con el plan de entrenos cumplido al 96%, siguiendo cada instrucción de mi entrenador y adecuando familia y tiempo libre a el objetivo. 

Esta vez, todo lo controlable no esta controlado. Los meses previos han sido muy atareados, poco tiempo para preparar los entrenamientos y la cabeza siempre ocupada con el día a día. Eso me ha llevado a no tener buenas sensaciones en estos 4 meses cuando los entrenos eran exigentes. 

Ahora mas que nunca hay que tirar de cabeza y casta. He de usar la experiencia de ultras anteriores y buscar la concentración máxima para evitar malos pensamientos que me lleven al fondo del abismo. 

Toca sacar la rabia contenida, mirar al frente y buscar con la mirada el siguiente punto.

Repetiremos una vez mas el mantra que me lleva persiguiendo mas de dos años en cada momento de bajón:

“Lo que se empieza, se termina”

M

0 16

6:54 am. Suena el despertador como todos los días, Radio Nacional me despereza con sus voces, esos no duermen nunca y me aseguran un despertar a ritmo de palabras. Apuro unos minutos y me levanto de un salto para iniciar el día. Es 12 de Enero de 2017. No es otro día. Es el día.

Mi reloj me lo recuerda desde hace 2 años que este es el día donde se debe empezar a gestar el sueño, el día que se pasa de ilusión lejana a sueño realizable, el inicio de un viaje apasionante a lo desconocido, directo al corazón de Europa para rodear su cumbre más alta en menos de 46 horas.

La mañana transcurre con cierta normalidad, similar a cualquier otro día mientras que se acerca la hora del momento decisivo.

Sé que no las tengo todas conmigo, que las probabilidades no me dan la victoria asegurada, de hecho pierdo el partido antes de empezar por 2 a 5, pero hay que usar el poder oculto del pensamiento positivo y cualquier otro elemento de persuasión y me aferro a él los días previos.

Palabras cruzadas con la manada los momentos antes de que se publique el sorteo me tranquilizan. Ellos, mi gente de correr, siempre los he sentido detrás empujándome en cada ultra que he hecho. Es como si les debiera en parte estar aquí ahora mismo y no quería defraudarles. Aunque parezca que practicar ultras es algo solitario, no es así. Todas esas horas de soledad en el monte genera vínculos más fuertes con los tuyos. Se piensa y mucho, unas veces en silencio y otras en voz alta. Y esos lazos forjados en soledad se trasladan al día a día en forma de cariño y amistad.

Se acercan las 10 de la mañana. Resuena en mi cabeza una vez más la marcha Radetzky (Johann Strauss padre, 1896). Al igual que en todo inicio de año, esta marcha sirve de banda sonora para purgar y resetear, mirar hacia el futuro y proponerse objetivos a cumplir, así que es buen momento para invocar al mariscal de campo Joseph Wenzel Radetzky una vez más.

Lo tengo todo preparado. Los vuelos seleccionados y el alojamiento localizado tras buscar y rebuscar la mejor ubicación con el mínimo coste, todo a tan solo un clic de ratón. Me imagino que los otros 7.000 corredores estarán haciendo lo mismo que yo y se agotará pronto la oferta.

Son las 10 de la mañana del 12 de Enero de 2017. Es mi momento. Es hora de mirar al destino cara a cara, entro en la web de la prueba y allí está mi nombre.

Refusé. No se Francés, pero no lo necesito para saber el resultado del sorteo.

Miro la pantalla del ordenador y allí estaban las ventanas abiertas de easyjet y booking preparadas para darle al botón de pagar  que me llevarían al epicentro del ultra trail mundial y no podía.

Vuelvo a mirar la web de la organización. Refusé. Ahora parece que leo el francés como si fuera mi lengua nativa, porque lo entiendo a la perfección, incluso me atrevo a decir que hasta hubiera pronunciado perfectamente la “R” francesa como si hubiera nacido en el mismísimo Chamonix.

Refusé. No había nada más que hacer que esperar otros 12 meses hasta que llegara mi hora. No entraba en mis planes esta situación. Intento tener todo lo controlable controlado, pero obviamente este punto estaba fuera de control, así que simplemente me sentía consternado por no poder seguir mi estrategia, de seguir mi segunda fase del plan.

Hablo con mi círculo más cercano. Les doy la noticia. Vuelvo a mirar la pantalla y allí estaba la palabra centelleante enfrente de mis ojos. Refusé.

En un acto de autodefensa, me intento convencer de que la vida sigue igual, que si no ha podido ser este año, el año que viene tendré más oportunidades, ya que tendré doble boleto en el sorteo, y me hago la eterna pregunta que te persigue cuando estás de bajón en toda carrera, ¿y para qué quieres correrla?.

Unos segundos de silencio y sin tener respuesta a mi pregunta, de repente me viene a la mente la primera vez que tuve constancia de esta carrera.

Era el 2014, acababa de empezar a correr trails y por casualidad me encontré por la red una retransmisión en directo de una carrera, en donde había muchos españoles y dos de ellos iban en segundo y tercer lugar. Cuando me enteré de que era una carrera de 170 km simplemente me quedé sin palabras. ¿Es posible correr esa distancia sin descansar ni dormir?

Mi interés por la retransmisión aumentó aún más cuando el comentarista explicaba que los dos españoles llevaban corriendo juntos desde el kilómetro 100, porque auque con muchos problemas fisicos, uno iba bien bajando y el otro subiendo, y así se ayudaban para poder llegar a meta y hacer pódium los dos juntos.

Aquello me dejó enganchado a la pantalla y desando ver a esos dos guerreros cruzar la meta juntos.

Desde ese momento, cada vez con más entusiasmo e interés miraba de reojo la prueba, los artículos, las fotografías y los videos de aquellos parajes espectaculares de dónde venían historias de sufrimiento y superación. El resto de la historia, ya la he ido contando desde hace 2 años en esta web.

Ahora me tocaba empezar de nuevo, retrasar 12 meses el plan y esperar de nuevo mi hora. Siempre se confirma que la vida es una ultra trail, y en este caso no iba a ser muy diferente.

En una ultra siempre hay momentos de bajón y momentos pletóricos llenos de efusividad, los sentimientos positivos se mezclan con negativos y generan una oleada de sentimientos en un corto espacio de tiempo.

Ahora estaba en uno de esos momentos de bajón, de pinchazo como llamamos en las carreras. ¿Pero va a acabar todo aquí? ¿De verdad que no puedo hacer nada para conseguir dorsal y cumplir mi reto UTMB 2017?

Aún no tengo una respuesta clara a mi pregunta de por qué hago ultras, pero si algo he aprendido en esto de correr, es que si se sabe aguantar los momentos malos, casi de forma mágica emergen energías de la nada que te hacen levantar vuelo que finalmente te llevan a la línea de meta. Son momentos en los que hay que pararse a evaluar la situación y tomar las decisiones correctas. Ahora es uno de esos momentos. Toca pensar, ver opciones y reformularse la pregunta que inició todo esto, ¿cómo sonará la marcha radetzky a los pies del Mont Blanc?

Esto no acaba aquí. Objetivo UTMB 2017 sigue adelante.

Mr M

 

 

 

 

 

 

 

0 6

Julio del 2016. Empieza el verano. Tras acabar el Gran Trail de Peñalara el objetivo estaba conseguido. Los puntos para UTMB estaban ya en casa a espera solamente de la suerte en el sorteo para poder empezar a mirar más de cerca los Alpes y soñar con Chamonix.

Este mes de Julio lo tomaría de descanso. Tras 18 meses siguiendo un plan cada semana y focalizando los esfuerzos siempre al objetivo me costaba no salir a correr. El cuerpo y las piernas me pedían actividad, salir al monte y perderme entre los árboles. Pero en verano, y si vives en Málaga, no hay nada mejor que ir al atardecer al paseo marítimo a rodar por su bahía.

Este viaje de correr sin parar empezó precisamente aquí, recorriendo esas baldosas cuadradas del paseo y respirando la brisa malagueña.

Este descanso no iba  a ser muy extenso. Desde Agosto ya estaba pensando en la próxima aventura, esta vez por el mero hecho de correr, sin necesidad de obtener puntos, aunque me sirvieran para el 2018 en caso de no obtener plaza el año próximo.

Y tras 3 meses de preparación me dispongo a ir al pueblo de Gaucín, a disputar la Gran Vuelta al Valle del Genal, una carrera por bosques de cobre y castaños que recorre 15 pueblos de la comarca en un total de 130 km y un desnivel total de 12.000 m.

Decían de ella que es bonita y dura, como suelen ser las Ultras, y que sus gentes y pueblos tienen un encanto especial. Pronto lo descubriría.

Mirando el valle que en pocas horas recorrería por completo.

Castañas y Ultratrail, buena combinación.

Tras los problemas físicos de la anterior Ultra, el objetivo en esta prueba era comprobar si los entrenamientos específicos de tibiales y propiocepción habían dado resultados, y poder completar la prueba sin problemas musculares severos.

La carrera en sí no transcurrió como esperaba, y aunque suene redundante, era de esperar.

La semana previa la paso con virus estomacal, lo que supone no haber recargado los depósitos correctamente y ello me condicionaría el rendimiento muscular a la larga, aunque apareció antes de lo esperado.

Comenzando este relato desde su inicio, la salida la hago como de costumbre, aplicando la estrategia “anti-Lemmings”: salir fuerte con los de cabeza para evitar tapones por concentración de corredores.

Operación anti-lemmings activadaMomentos previos a la salida, donde se mezclan la incertidumbre y la ilusión por igual

La carrera discurrió con normalidad los primeros kilómetros sintiendo en mis pies el famoso cortafuegos del Capitán, incluso estando en posiciones muy adelantadas del pelotón y llegando con las primeras luces a Jubrique, con un retraso sobre mi tiempo estimado de 9 minutos en los primeros 26 kilómetros. Los que me conocen saben ya que algo pasaba, y no tardaría mucho en saber el qué.

Avituallamiento de Genalgaucil. Km 21. Me acordaría de ese plato de salchichón más tarde.

Pasan unos pocos kilómetros desde que abandono el pueblo y parece que llevo 100  en las piernas. Cansado, con sueño y con falta de energías avanzo lentamente hacia el Jardón, punto con más altitud de la prueba.

Todos los corredores de ultras  tenemos momentos de bajón anímico o físico en estas pruebas, pero que me llegaran tan pronto me descolocó bastante. Analizo la situación: Por la intensidad que estaba haciendo la carrera, no he comido nada desde la salida, y de eso hace 3h 30´. Gran error.

Lo asumo, poco más podía hacer mientras andaba a paso lento mientras me apartaba a que los lemmings de la salida me pasaran como rayos. Ahora era yo el único lemming que había en la carrera (eso me imaginaba) y era el que hacia tapón. Cuando ya se abre el sendero me encuentro solo, con dolor de estómago y empieza la parte psicológica del problema.

Estos momentos son duros y muy personales. Hay que caer para poder levantarse y será por ello que la mente empieza a culparme de todo el tiempo invertido, el tiempo robado y el tiempo ganado al tiempo los últimos meses. Me autolesiono mentalmente por no haber hecho bien los deberes la semana anterior y por haber cometido un error de principiante y no dar energías al cuerpo con antelación.

Siempre que se tienen estos momentos se asumen como parte de la prueba, ¿pero con tan solo 30 kilómetros por detrás y con 100  kilómetros por delante? ¿No era demasiado pronto? ¿Porque estoy aquí y no en casa viendo a los niños desayunar?

Los minutos pasan y la auto culpabilidad también. Es parte del proceso, es algo natural que hay que soportar. No recuerdo si fueron 5 minutos o 20, cuando de repente me paro, miro al frente, a lo lejos se divisa el inicio de lo que parece un cortafuegos. Bebo agua, me seco el sudor y saco los bastones. Es el momento de salir a flote y empezar a comer kilómetros poco a poco. Andar siempre se me ha dado bien, así que andemos hasta que el camino permita empezar a trotar. Y troté, después corrí e incluso llegue a adelantar corredores. Había encontrado de nuevo el equilibrio. En el kilómetro 55 volvía a estar en mis tiempos previstos de carrera y comenzaba una nueva Ultra.

Las cosas solo pueden ir mal cuando antes van bien. Esto podría ser el resumen del resto de la carrera.

Como se puede ver en la gráfica de tiempos estimados-Tiempos reales, desde Parauta (Km 55) empezó una nueva carrera.

Tabla comparativa de tiempos estimados y reales.

Desde este momento los problemas musculares serán las revienta fiestas del baile de fin de curso. Correr, andar masajear, estirar. Así transcurren los kilómetros hasta la meta. La falta de una correcta alimentación pre carrera se debe pagar, y yo lo hacía al contado.

Subiendo iba muy fuerte, controlaba la intensidad lo justo para que no se me subieran los cuádriceps (en un momento se me subieron los dos a la vez,  incomoda situación como te puedes imaginar y más incómoda aun cuando te pilla orinando, visualiza la situación y lo comprenderás) y cada llano o bajada arrancaba a trotar a pesar de los dolores, sabiendo que eso es lo que me haría reducir el tiempo de carrera (y el tiempo de sufrimiento). Casi no disfrute la carrera, pero se terminó. No fue mi día. No hay más.

Siempre se está contento cuando se termina una Ultra, aunque no de la forma que uno quisiera.

Aunque no esté satisfecho  totalmente de como  discurrió la carrera, visto en perspectiva si estoy contento de como gestioné la situación. A fin de cuentas se trata de terminar la carrera, y eso es lo que hice.

Miro atrás y veo 5 ultras en 13 meses. Esto me da experiencia, rodaje y  saber cómo enfrentarme a las situaciones.  Me quedo con eso en todo este año, a fin de cuentas, es una carrera de larga distancia (y tiempo) y el objetivo todavía queda lejos de la vista.

Mr M

 

 

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Cuesta escribir una crónica de carrera cuando no se siente motivado. Eso me pasó el pasado mes de Junio tras cerrar el círculo de la primera etapa: conseguir todos los puntos necesarios para optar a una plaza para la UTMB 2017.

¿Y porque no me sentía entusiasmado ni orgullosos de haberlo conseguido?

Simplemente porque en el Gran Trail Peñalara fallé. Fallé en la preparación. Se me escaparon elementos de la ecuación que hicieron que no disfrutara en la carrera, más bien todo lo contrario.

Comprendo que con mi poca experiencia en ultras necesite más aprendizaje para dominar el arte de maximizar el rendimiento del tándem cuerpo-mente, pero no soy un conformista y si se puede conseguir algo más, voy a por ello. No siempre se consigue.

Un resumen de mi experiencia en el Gran Trail Peñalara 2016 (115km +/- 5000 m) podría ser el siguiente:

1.- La prueba.
El nivel organizativo y de voluntarios de lo mejor que he visto. Todo funcionaba a la perfección. Un engranaje con funcionamiento suave y eficaz que hace justicia a la fama de la prueba. Eso es un lujo en estos años de burbuja del running donde saber elegir y acertar en las pruebas, especialmente en ultras, está siendo ya una necesidad para evitar a cuatreros sin escrúpulos que por ganar dos duros exponen a deportistas a situaciones límites e inclusos peligrosas. Pero este es otro debate que no viene al caso en esta prueba ni en este post.

2.- El entorno.
Espectacular. No me esperaba encontrar esa belleza de paisajes, donde estar a 2.500m de altitud en la cima del Peñalara te da la sensación de estar flotando en un aire espeso, divisando en 360º todo el mundo a tus pies y un silencio que te envuelve de libertad.

El Parque Nacional de Guadarrama es de una belleza sin igual y parajes realmente únicos. Para los que vivimos en el sur, encontrarnos arroyos a cada paso con agua fresca donde sumergir el calor y refrescar el cuerpo es un lujo que nos gustaría tener más a menudo.

3.- La carrera.
Llegaba bien. Muy bien. Tras atacar el sub13h en Ronda llegaba con buenas sensaciones. El objetivo era terminar y conseguir los puntos, pero también hacer buena carrera estaba en el horizonte.

Apliqué mi estrategia que me estaba funcionando bien en las últimas carreras: salir intenso para estar en el top 50 de corredores en las primeras horas de carrera hasta tomar mi ritmo de carrera para controlar el desgaste muscular.

La prueba se podrían resumir en los siguientes puntos clave de lo acontecido allá en el mes de Junio.

Km 0. Salida. Ambientazo. Temperatura perfecta. Primera carrera fuera de Andalucía y con ganas de arrancar.

img_1340

Ambiente ultrero 100% previo a la salida

Km 25. Tras dos bajadas intensas empiezan las molestias de los tibiales. Este sería uno de los puntos clave de la carrera a partir de ahora. Dos descensos muy técnicos donde tomé la decisión de hacerlos muy conservador, desgastando muscularmente los tibiales en exceso, marcaría mi destino.

2016_06_24_gran-trail-pe-alara-2016_la-maliciosa_gran-trail-pe-alara-2016-2182348-40745-96Descendiendo la Maliciosa (2.227 m) de manera conservadora. Gran error de principiante.

Km 30. 4:30 de la madrugada y el sueño intenta apoderarse de mí. Lo achaco al efecto de la altitud tras haber ascendido a la Maliciosa así que aprieto dientes hasta ver amanecer. Problema superado con los primeros rayos.

Km 77. Las molestias se vuelven dolores cuando el terreno baja. Subir a Peñalara y sentir ese aire limpio y ese sonido mudo del paisaje te hace olvidar por momentos los problemas de tibiales.

2016_06_24_gran-trail-pe-alara-2016_risco-de-los-claveles_gran-trail-pe-alara-2016-2182348-40739-513Riscos de los claveles. Simplemente espectacular.

Km 82. KO técnico. Caigo a la lona y no me puedo levantar. Los tibiales ya no me permiten correr. Toca andar 33 km y aguantar el dolor, mucho dolor en cada cuesta abajo a paso corto y lento.

2016_06_24_gran-trail-pe-alara-2016_km-105-gtp-y-km-55-tp60_gran-trail-pe-alara-2016-2182348-40742-2365Los últimos 9 kilómetros de la prueba son bajada constante. Solo quedaba mantener el ritmo de paseo lento para llegar antes del anochecer.

Km 115. Meta. Llevo 9h andando sin poder correr y con dolores en los tibiales a cada paso que doy. Ni tan siquiera en recta de meta con todos los ánimos que recibía del público pude correr. Sensación extraña. Termino tras 22h 16’ (3 horas más de mi tiempo estimado). Consigo mi objetivo, ya tengo los puntos para UTMB pero vuelvo a casa con la cabeza baja, pensativo y buscando la causa del fallo.

2016_06_24_gran-trail-pe-alara-2016_meta-gtp-y-tp-desde-17h31_gran-trail-pe-alara-2016-2182348-40748-1553Por encima de todo, el objetivo es terminar. La sonrisa siempre debe salir al cruzar la meta.

Termino muy dolorido y una posible lesión importante es lo que me preocupa. Visita obligada al físico el día siguiente, donde me revelan el problema: falta de fortalecimiento de tibiales en la preparación. Es solo una sobrecarga.

Me alivia saber que no quedarán residuos de la ultra y conocer la raíz del problema me hace sentir mejor. Me vuelven las ganas de seguir entrenando y aprendiendo. Ya conozco lo que tengo que mejorar para tener más control de los elementos que componen una ultra.

Mi entrenador toma nota, yo tomo nota y tras un mes de Julio de descanso activo, volvemos al trabajo en Agosto para preparar el siguiente objetivo, la Ultra Gran Vuelta Valle del Genal (130km +/-6.000 m) donde los castaños y colores del otoño me esperan para surcar su valle.

slide_genal_2016

A 3 semanas de la prueba, las sensaciones son diferentes que hace 4 meses. Los cambios de rutina de gimnasio, los ejercicios de propiocepción y los entrenamientos en terrenos técnicos me dan confianza cara a la próxima prueba.

Todo puede pasar, y de hecho soy consciente que habrá elementos incontrolables o imposibles de predecir, así que por mi parte, el trabajo está realizado.

Comer, hidratarme e ir descargando el trabajo muscular es lo que me quedan en estas semanas para completar el plan de entrenos. Estamos listos. Pronto recorreremos el Gran Valle.

Mr M

 

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“El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”

Volviendo a mi intención de dejar por escrito lo que va aconteciéndome en mi camino al UTMB, encontré este texto a medio empezar, el cuál ni tan siquiera recordaba haberlo iniciado.

El texto pretendía publicarlo en la previa de los 101 de Ronda de este año, pero la falta de tiempo e inspiración no se pudo completar. El post decía algo tal que así:

[…Solo ha pasado un año y vuelvo a encontrarme esa piedra en el camino. Esa piedra de querer hacer un tiempo determinado en una carrera, cuando siempre he renegado de marcas y batallas. 

Debe ser que además de animal, la edad me está volviendo valiente, o loco quizás, pero aun siendo consciente de que conseguir el buscado sub13h no es el único objetivo en Ronda este año, siempre ser finisher debe ser un objetivo en toda ultra, me ilusiona luchar para conseguirlo. 

Hacer una carrera de 101 km como entrenamiento de otra de 115 km con 5 semanas de diferencia puede parecer una grosería deportiva para un aficionado al trail como yo, pero en esto de las ultras la experiencia es la base del éxito, y yo necesito aún muchas horas de monte para  sentirme capacitado y con seguridad para llegar al objetivo del 2017. 

En realidad, pensándolo fríamente, me siento preparado para el asalto y con opciones de salir victorioso. El convertirme en bandolero hace 10 semanas me da una confianza añadida, demasiada para mi gusto a la hora de encarar la prueba, y ese es el principal rival a batir este fin de semana. 

Tengo muy claro que la confianza crea accidentes y solo la preocupación los evita, así que la clave será encontrar el equilibrio entre arriesgar y controlar; el resto será fruto de tomar las decisiones correctas en el momento adecuado.]

Me resulta extraño ver el contraste del antes y el después.  Si antes de la carrera me sentía con miedos, incertidumbres e intrigas, a pocos minutos de completarla en 15′ por encima del sub13, aún con el cuerpo abatido y bajo la fría madrugada de ese sábado en la Alameda de Ronda, mi compañero de batalla ya estaba planeando el asalto al sub12 el año que viene.

img_0987Objetivo del año que viene: saltar la piedra y cruzar el arco

Yo, precavido y calculador como de costumbre, no lo tenía tan claro. Hasta revisar la carrera con sus errores y aciertos, analizar tiempos de paso y paradas, no me he dado cuenta que sí, que era posible e incluso se podía haber conseguido este mismo año, pero no pudo ser.

Podría poner unas cuantas razones razonables para justificarlo, pero no sería justo. Todos hemos pasado por aquel barrizal y todos hemos disfrutado de la agradable temperatura durante el recorrido. Pensar en el asalto al sub12 el año próximo es un aliciente más para seguir avanzando y aprendiendo.

 img_1022Última recta visualizando ya la Alameda, dejando a trás el pais del barro que tanto costó superar este año.

Como resumen de la carrera de Ronda, se podría ver representado en mi histórico de tiempo en esta prueba. Con tres participaciones, entrenos focalizados en carreras de montaña y la propia evolución del cuerpo, la progresión es clara y sobretodo, tener la sensaciones de poder seguir avanzando.

r1 Gráfica de tiempos realizados y previsión para el 2017.
Como se puede apreciar, ver el Tajo de Ronda con las últimas luces del dia es un privilegio solo para unos pocos.

Como decía al inicio, ahora todo se centra en terminar la próxima prueba, Gran Trail de Peñalara (115 km +\-5200m) y conseguir al fin los ansiados puntos que me permitan acceder al sorteo de una plaza para la UTMB.

53995230bf435Próxima parada: Sierra de Guadarrama para coronar el Peñalara

Mr M

 

 

Como ya indiqué en la primera parte de este post, a continuación detallo por tramos lo que fue la carrera desde dentro, con pocos artilugios literarios y buscando la efectividad en el mensaje.
Es un texto bastante extenso, así que siéntate, relájate y bienvenido a la Ultra Trail Sierra de Bandoleros 2016.

Descripción de la prueba

La Ultra Trail Sierra de Bandoleros (UTSB) consiste en recorrer 155 km desde Prado del Rey (Cádiz) hasta Ronda (Málaga) a través de la sierra de Grazalema con un límite de 40 horas, con salida Viernes a las 18:00 h.

Además de la distancia a recorrer, la prueba tiene como dificultad añadida el tipo de terreno por donde discurre: piedra caliza y rocas en la mayor parte del recorrido, con un desnivel acumulado total de casi 11.000 m.

Foto 1Perfil UTSB 2016

foto 2_Recorrido UTSB 2016 (línea amarilla ida a Ronda, Línea verde vuelta a Prado del Rey)

Días previos.

Con el trabajo físico realizado, los días previos los dedico a comer, hidratarme y descansar.
Mi ritual de preparar el rutómetro de la carrera cada vez me gusta más. Uso mi experiencia en las ultras anteriores para reconocer el terreno por medio de Google Earth, ver desniveles y determinar tiempos realistas en base a mis entrenamientos.

Este es el mensaje que le dejo a mi gente trailera para que sepan cómo enfoco la carrera:

Aquí está el rutómetro a batir. Esta vez lo he planteado así:
Primera parte (64k hasta ronda) sin conservar demasiado, que eso se paga luego en más horas de montaña.
Segunda parte hasta Villaluenga (115k) objetivo llegar antes de que se haga de noche.
Tercera parte meta: ritmos muy conservadores, que será dejarse arrastrar y punto.

 A mi entrenador le mando el siguiente mensaje:

Ya está. El trabajo ya está hecho.
Esta vez no te paso el TRIMP porque las dos semanas en la india que no pude correr no reflejan mi estado real.
Me encuentro muy bien, mucho mejor que en Cazorla, más confiado y con la experiencia de saber lo que me espera.
El plan ha sido bueno, mis ritmos se han incrementado en montaña y veo que todavía podemos darle un empujón más.
Todo lo controlable lo tengo controlado. Ahora queda esperar a lo que venga y tomar las decisiones correctas. Gracias por tu ayuda. Eres gran culpable de que este aquí hoy con el físico en las mejores condiciones.
Este es mi plan. Ahora toca cumplirlo. 

foto 3Rutómetro a seguir como referencia para hacer sub 31h

Llegada a Prado del rey.

Allí estamos mi primo y yo en medio de toda una masa de ultreros venidos de distintos puntos de Andalucía e incluso del mundo. Hacemos los rituales pertinentes: recogida de dorsal, photocall para los amigos, comer algo de pasta, preparar el saco de dormir en el suelo duro del pabellón y dormir una siesta ligera.

Foto 4Recogida de dorsales y foto para el recuerdo

foto 5Polideportivo habilitado por la organización para los participantes

Sobre las 17:30 nos acercamos a la salida. Miro a mi alrededor y veo miradas nerviosas, otras alegres, incluso alguna con miedo de lo que se avecina. Yo estoy disfrutando del momento. No me da tiempo a pensar en lo que venga.

Nosotros a lo nuestro, fotos en el arco de salida para el recuerdo y a esperar la señal.
A lo lejos se escucha a chito speaker animar la salida, música, disparos de trabucos y olor a pólvora. Llegó la hora. Empezamos el camino a lo desconocido.

Foto 6Nos situamos al final del pelotón, no había prisas.

 Prado del rey (Salida) – El bosque (Km 12. Avituallamiento 1)

Salida tranquila por las calles del pueblo. Este tramo es pisteo y con poco desnivel, bueno para ir calentando y cogiendo ritmo de carrera. Empezamos a adelantar corredores y uno de ellos me es familiar: ¡el corredor errante!. Le saludo y me sorprendo que alguien con la experiencia que tiene en ultras vaya con ritmo más lento que yo. Bueno, sé que me adelantaría mas adelante y no quiero cambiar mi estrategia de apretar al principio.

foto 7_Paso por las salinas romanas de Iptuci (Prado del rey)

Mi primo le cuesta seguirme el ritmo en este primer tramo pero le animo a que no me pierda de vista, que más adelante lo agradecerá. Llego al avituallamiento con 10′ sobre mi plan, sin síntomas de esfuerzo y con muchas ganas de seguir. Algo de agua, esperar a mi primo unos minutos y salir de nuevo.

 El Bosque (Km 12) – Llanos del campo (Km 18,7. Avituallamiento 2)

Nada más salir del avituallamiento cojo los palos. Empezamos la primera subida importante a través de un cortafuegos y quería mantener el ritmo fuerte que llevaba hasta ahora. Mi primo ya se descuelga y le dejo atrás. Sabía que yo tenía mejor forma en esta ocasión pero pensé que me aguantaría algo más de distancia, solo esperaba que le fuera bien.

Foto 8Subiendo el cortafuegos de El Bosque con las últimas luces del día.

Mientras subía, cae la noche y el frio. Me coloco el cortavientos y frontal para recibir la primera noche de la carrera. El trazado, sendero fácil de seguir, empieza a mostrar las primeras piedras que nos acompañarían casi toda la carrera. Como no llevaba el GPS activado (autonomía de 20h máximo) me basaba en los tiempos de tramo estimados para saber cuándo llegaría al siguiente avituallamiento. Sabía que iba a un ritmo superior al previsto, pero me encontré con un cartel de 1k para el avituallamiento que me hizo apretar aún más en ese tramo de bajada, llegando así a bajar mi tiempo estimado en otros 30′.
Un total de 40′ de ventaja sobre mis predicciones en tan solo 19 kilómetros y sin forzar demasiado. Me encontraba genial y con esas referencias muy animado.

En este avituallamiento había muchos familiares y público esperando a corredores. Yo paré lo justo, agua, fruta y a seguir que quedaba una de las partes más duras de toda la carrera: Puerto del Boyar y subida al Simancón.

Llanos del campo (Km 18,7) – Puerto del Boyar (Km 24,8. Avituallamiento 3)

Zona corrible de sendero, aunque zonas con mucho barro que hacían ir despacio para evitar mojar las zapatillas y evitar problemas con los pies. En esa zona me adelantan muchos corredores, no me siento seguro con mis Joma Trek que parecen patines cada vez que piso roca con algo de barro.

foto 10Mis Joma Trek con un Bandoleros en las suelas. Sabía que no se comportan bien en zona mojada, pero por problemas logísticos eran mi única opción para esta carrera (tuve que devolver un mes antes unas NB Leadville 1210 por fallos de fabricación y no me daba tiempo a hacer rodaje a otras zapatillas).

En uno de los descensos de piedras, mientras frenaba la inercia de mi cuerpo para bajar más despacio , noto un dolor intenso en el tobillo izquierdo que me hace ralentizar el ritmo. Me recordaba el dolor a una lesión que tuve por sobrecarga en el tensor del primer metatarso (dedo gordo), pero esta vez era más intenso el dolor, pero asumible. Como no tenía más opciones que seguir, continué mi marcha con un ritmo más lento en bajada, ya que me molestaba cada vez que apoyaba el pie.

Una ascensión dura final para alcanzar el puerto nos lleva a un avituallamiento con muchísima gente esperando a corredores. Justo antes del llegar al avituallamiento noto un apagón momentáneo del frontal que no le doy importancia, pero si la tendría mas adelante. El frio ya se hace notar a esta altitud y simplemente recargo lo justo para seguir y no pararme demasiado.

Puerto del boyar (Km 24,8)- Villaluenga (Km 37,30. Avituallamiento 4)

Aquí empieza el tramo más duro de toda la carrera. Una ascensión a 1500m de altitud por medio de un sendero serpenteante, subida al Simancón y camino a Villaluenga por su famosa bajada.
Mantengo un ritmo conservador, a sabiendas de que llevo ventaja sobre mis tiempos y de que en esta zona no debo desgastarme. Comienza la niebla a aparecer con una ligera lluvia y fuerte viento que nos acompaña en toda la subida.

Foto 9Trazado de la subida al Puerto del Boyar y el Simancón, una de las zonas más duras de la prueba,
vista desde Grazalema.

La elección de la ropa fue un acierto, siguiendo la regla de la cebolla (o la de las tres capas) me permite ir cómodo pero abrigado. Los guantes se hacen indispensables en esta zona donde hay que salir lo antes posible debido a la mala climatología

A cada minuto que pasaba, me daba cuenta de que la luz del frontal con la que había empezado la prueba no es la misma, y que cada vez veo menos definidas las piedras o el barro del suelo.
De repente se me apaga el frontal. Me paro. Miro adelante y atrás y no se ve ninguna luz. De hecho no se ve nada. Oscuridad absoluta. Solo me acompaña el viento y los árboles. La noche cerrada y la niebla hacen que ni tan siquiera perciba reflejo de corredores a lo lejos. Creo que nunca había estado en una oscuridad tan perfecta.

Empiezo a tocar el frontal para encenderlo de nuevo y lo consigo. Vuelve la luz. Pero de repente a los pocos segundos se apaga de nuevo. Tenía pilas de repuesto pero sin nadie que me ilumine no podría colocarlas, y con el frio que estaba haciendo podría tener problemas si me paraba durante mucho tiempo.
De nuevo intento encenderla y la coloco en la mínima potencia. Ahora parece que se mantiene encendida, aunque la visibilidad que me da es muy pobre, que con la lluvia y la densa niebla me hacen avanzar realmente despacio, debía caminar ya que la tenue luz no me permitía correr con seguridad.

Una vez coronado el Puerto del Boyar y comenzado el descenso, vuelven las molestias del tobillo que parecían haberse dormido durante la subida.

Según escucho de un corredor ahora viene una de las ascensiones más duras, el Simancón. Nueva subida pedregosa y serpenteante que la hago acompañado de otros corredores, haciendo muy amena la espera hasta coronar.

Seguidamente unos llanos corribles que venían muy bien para desentumar el frio de los huesos y combatir la espesa niebla y la lluvia.

Cada vez mi frontal tenía menos iluminación y debía estar muy atento a donde pisaba. Básicamente si aceleraba el ritmo solo tenía dos opciones de pisada: blanco o negro. El blanco se correspondía a piedras limpias, normalmente estables pero el impacto continuado y la posibilidad de resbalón me hacía desistir esa opción. El negro suponía pisar en tierra mojada, hierba o barro.

En esta zona se acumulaban zonas con mucho barro que resultaba peligroso si no te anticipabas. Aprovechaba que otros corredores me adelantaban para seguirles el ritmo y poder avanzar más rápido aprovechando su luz pero las propias sombras del corredor me hacían ir más inseguro al pisar y debía separarme de ellos, lo que implicaba que se me fuera la luz.

Debido a esa escasa luz que tenía, sin darme cuenta (pensando que era tierra mojada) pisé una gran zona de barro que me hizo caer, golpearme la rodilla con una roca y gracias a que me pude agarrar a un cercado evité caer por completo a un charco de barro, lo que hubiera supuesto un gran problema con el frio que hacía, ya que me quedaba la zona más técnica de toda la carrera y me llevaría mucho tiempo llegar a Villaluenga y poder secarme.

El golpe de la rodilla me generó un dolor me acompaño ya toda la carrera, siempre estaba ahí la molestia, sutil e incómoda, que en ocasiones se unía con el dolor de tobillo que empañaban mi disfrute de la carrera.

Esperaba con ilusión la famosa bajada a Villaluenga y finalmente llegó. Dura, rocosa y temeraria. Así la podría describir. Creo que es la zona más técnica que me he encontrado en una carrera y como tal la tomo con mucha cautela. Con la poca iluminación que tenía, las molestias físicas y las zapatillas llenas de barro que me hacían deslizar sobre las rocas no querían que terminase aquí mi aventura.

Lento pero seguro iba comiendo metros hasta el avituallamiento mientras muchos corredores me sobrepasaban. Según mis cálculos, a pesar de los contratiempos estaba en los ritmos previstos y alcanzado el avituallamiento miro el tiempo y efectivamente, estaba clavando los ritmos. Una ligera lluvia me acompaña a la llegada de Villaluenga, donde poder secarme, entrar en calor, analizar las lesiones y solucionar el tema del frontal.

Villaluenga (Km 37,30) -Refugio de Líbar (Km 46,2. Avituallamiento 5)

Lo primero que hago al entrar es ponerme unas mallas largas que tenía en la mochila. Se esperaba una noche fría y según me dicen habrá mucho barro en el siguiente tramo, por lo que decido no cambiarme de calcetines a pesar de tenerlos completamente mojados y con barro.

Puse pilas nuevas al frontal y decidí llevarlo a baja potencia para ver si así me duraba más la luz, ya que me quedaban por delante todavía 5h de noche y eran mis únicas pilas. Durante el día siguiente ya tendría tiempo de comprar pilas en algún pueblo, ahora había que continuar. Incluso pensaba en llamar a Pablo, nuestro bicho rondeño que me esperaría en Ronda, por si me traía su frontal. Finalmente como parece que funcionó el cambio de pilas no quise llamarlo ni preocuparle.

Té caliente, dos platos de pasta, varios vasos de caldo de pollo y vuelta al camino. Me paré en este punto más de lo que estimaba (casi 30′ en total) pero realmente necesitaba entrar en calor y sobretodo secar los guantes en las estufas, que sin ellos la noche se haría aún más dura.

Según salgo del avituallamiento veo que está lloviendo fuerte. Lo primero que pienso es que mi estrategia de salir fuerte tiene aquí la primera recompensa, “a quien le pille esta lluvia bajando a Villaluenga lo va a pasar mal” me dije, acordándome de mi primo que estaría en esos momentos en pleno descenso rocoso.

El siguiente tramo discurre por una carretera descendente que permite llevar un ritmo bueno y entrar en calor bajo la lluvia, aquí ruedo con un corredor que conoce la zona me va indicando los siguientes tramos.

Lo siguiente es subida es el Puerto del Correo, llegar al refugio de Libar y bajar a Montejaque. Esta parte de la carrera discurre por la misma ruta que la nocturna de Montejaque, por lo que la conozco y se hace amena. Los llanos del Libar están completamente llenos de barro, algo habitual en esta zona, por lo que llegar al avituallamiento lo antes posible es una necesidad imperiosa.

foto 11.JPGTramo de subida a Puerto del Correo, llanos de Libar y Montejaque (línea amarilla). La línea azul es el trazado de la Nocturna de Montejaque coincidente con Bandoleros en esta zona.

Refugio de Líbar (Km 46,2)-Montejaque (Km 55,9. Avituallamiento 6)

Según llego me encuentro un ambiente muy relajado, la tenue luz de la chimenea crea unas sombras muy agradables y el calor del fuego hace que mi frio cuerpo se sienta victorioso por llegar.
Consciente de que esto podría ser una gran trampa para la mente, decido parar rápido para comer, me espera el camino a Ronda y encontrarme con Pablo. Reviso mis tiempos, voy cumpliendo mis predicciones y me anima a seguir.

Según salgo del avituallamiento me doy cuenta de la trampa de la que he escapado. En pocos segundos el viento y la lluvia contrasta con el calor que había absorbido mi cuerpo junto a la chimenea. Decido correr para entrar en calor y con mucha cautela bajando por una zona empedrada llego a Montejaque (las pilas del frontal parecen de nuevo bajar de intensidad), recordando el camino de la última vez que estuve allí, durante la nocturna de junio (35k).

Correr sobre terreno conocido es un plus a esta altura de la carrera, y lo que venía también era en parte conocido, ya que era el camino inverso de los 101km de ronda.

Montejaque (Km 55,9)- Ronda (Km 64,5. Avituallamiento 7)

Salgo rápido dirección a la famosa bajada empedrada de la ermita a Montejaque de los 101km de Ronda, que en esta ocasión la haría en sentido inverso. Una vez coronada la ermita, al fondo se ve el reflejo de las luces de Ronda, primer punto de referencia importante de la carrera.

Había establecido Ronda como uno de los 3 hitos principales, ya que tendría mochila disponible para cambiarme y habría pasado la parte más dura de la carrera. El objetivo era llegar con fuerzas reservadas para encarar el largo día que me esperaba.

Las sensaciones eran buenas en estos momentos, las molestias del tobillo y rodilla estaban ya asumidas por la mente y simplemente los ignoraba, solo bajando me molestaba más de lo debido el tobillo pero no había otra opción que seguir adelante, solo esperaba que no fuera a más consciente de que tenía todavía muchas horas de carrera. En una larga rampa hacia Ronda, hay un tramo donde se cruzan los corredores que vienen ya de Ronda dirección Benaoján. Podrían llevar unas 2 h de adelanto sobre mis ritmos y solo pienso en cómo demonios habrán bajado Villaluenga tan rápido. Les animo a cada uno que me pasa porque es de admirar, estos corredores van a ritmos de acabar la prueba en una horquilla de 25-28h.

La larga subida que lleva a Ronda se me hace eterna, miro al horizonte y veo un conjunto de casas, con su tenue alumbrado público y tejados inclinado que me animan al ver que ya está cerca el avituallamiento. Bajo la cabeza y vuelvo a concentrarme en el ritmo de subida. Cuando llego a ese punto, miro a mi alrededor y no veo las casas. No hay calles. No hay alumbrado. Solo árboles y unas naves industriales al otro lado. Me quedo atónito, lo había visto claramente hace varios minutos y ahora ya no están.

Siempre he escuchado acerca de las alucinaciones que sufren corredores en las ultras debido a la fatiga física y mental, pero solo llevaba 11h de carrera y no me sentía cansado. No lo comprendía. Nunca había experimentado esa sensación de perplejidad y asombro por no tener argumento razonable al alcance para explicarlo. Cierto es que las casas las vi y cierto es que no estaban cuando llegué, así que lo tomé como una ilusión óptica. No le di más vueltas. A seguir subiendo, que Ronda cada vez estaba más cerca.

Ronda (Km 64,5) –Benaojan (Km 79,80. Avituallamiento 8)

Y aquí está, Ronda, primer objetivo cumplido y con 2’ de adelanto sobre mi tiempo estimado. Todo estaba saliendo hasta ahora según mis cálculos. Frio y más frio. Ese es el recuerdo que tengo de aquel desangelado polideportivo.

Lo primero que hago es buscar a Pablo con la mirada. No le veo y le comprendo, con la noche tan desagradable que hacía no habrá tenido fuerzas de levantarse o tendría algún problema. Me hacía mucha ilusión verle, es un motivador nato y aunque no lo necesitara en estos momentos, verle habría sido un subidón de energía para más tarde. Tras la carrera me dijo Pablo que se equivocó de hora y que llego más tarde al avituallamiento. Solo el hecho de pensar que fue para apoyarme me enorgullece tener amigos así a mi alrededor.

Me cambio rápidamente de ropa para tener ya por fin el cuerpo seco y esos segundos se me hacen eternos. Empiezo a tiritar y me preocupo. Hay que salir de aquí cuanto antes. Veía otros corredores abandonar, muchas caras desencajadas de cansancio y yo en ese momento solo tenía mucho frio. Comida express, mas caldo de pollo, té, bocadillo y rápidamente salir de aquella nevera.

Nada más salir empiezo a trotar, es la única forma que veo para entrar en calor. Corriendo por las calles de Ronda, el reflejo de las luces en el asfalto mojado me dan una visión diferente de esta hermosa ciudad. Ni un alma en las calles. Todo en silencio camino del Puente Nuevo y al pasar junto a la Alameda dirijo mi mirada a la derecha y la veo. Allí está, esa fotografía que he podido hacer realidad dos veces en mayo, entrando tras completar los 101 km y el arco de meta al fondo.

Me imagino entrar este año de nuevo con Belu, haciendo un buen tiempo y abrazándonos como lo hubiera hecho el mismísimo Blas de Lezo con sus hombres tras derrotar a las tropas inglesas de Edward Vernon en Cartagena de indias. Y también me imagino a todos los bichos que este año participarán, y les veo entrar y cumplir sus sueños.

Con estos pensamientos se me hace corto el paso por Ronda. Al bajar la famosa cuesta del cachondeo se ve un apagado tajo que me entristece. Quería verlo como siempre, radiante y omnipresente, pero tendré que esperar a mayo para verlo en toda su magnitud.

Durante el tramo conjunto con corredores que van todavía a Ronda me cruzo con mi primo. Por su gesto no le veo bien, me comenta que lo está pasando mal. Le llevo más de 2 h de ventaja y hablamos un poco de cómo nos ha ido. Le dejo marchar y ya no le veré de nuevo hasta la meta (el abandonó en Ronda por cansancio y sueño).

Con las primeras luces del sol encaro la pista que me lleva a Benaojan. En este tramo me doy cuenta que había calculado mal el ritmo: en el llano voy a ritmo adecuado, ya sin problemas de visibilidad, pero hay una subida que no la tuve en cuenta y la bajada hasta la estación de Benaojan me hace recordar mi problema del tobillo, lo que hace retrasarme en mis planes.

Benaojan (Km 79,80) -Jimena de la frontera (Km 88,8. Avituallamiento 9)

Este tramo es un sendero con ligeras subidas y bajadas a lo largo de un rio con las vías del tren en paralelo que es espectacular. Adelanto a algunos corredores lo que me hace pensar que voy a buen ritmo y cumpliendo al menos en este tramo los ritmos previstos.

Estaba deseando que el sol empezara a calentar pero no había manera. Al llegar al siguiente avituallamiento le pregunto a un voluntario que tiempo se espera. Nubes y sol me contesta, con una máxima de 9 grados. Parecía que habría un día con viento moderado, por lo que la sensación térmica no sería agradable.

Son las 9 y media de la mañana. Buena hora para desayunar, me digo. Repongo fuerzas y escucho que han pasado ya unos 70 corredores. Me sorprende escuchar mi posición. Salgo rápido dejando a varios corredores sentados tomándose su tiempo para descansar y encaro una zona de descenso fácil y sendero sencillo.

Jimena de la frontera (Km 88,8) – Cortes de la frontera (Km 101,85. Avituallamiento 10)

Empiezan a notarse los primeros rayos de sol y decido quitarme la térmica y usar manguitos para poder tener margen de maniobra sin quitarme la mochila en caso de que apretara el sol.

Tras este pequeño parón y haciendo números de lo que me queda me doy cuenta que estoy retrasado con mi plan (1h y 50’) y debo decir que es el único momento de la carrera en el cual la mente me engañó por varios minutos y me hizo dudar de conseguir el tiempo previsto. El cansancio de toda la noche corriendo y este calorcillo que se empezaba a notar me hacía difícil volver a trotar en terreno favorable y me empezaron a adelantar varios corredores, que salvo en la zona de Villaluenga la noche anterior, no me habían pasado en toda la carrera.

En un momento veo que un grupo de corredores me van a adelantar. Decido que si no quiero perder más tiempo necesitaba engancharme a alguien, llevaba muchas horas corriendo en solitario y veía que necesitaba ya tener una referencia de ritmos.

Así pues, según me adelantaban decidí no soltarlos y seguí su ritmo y apretar dientes ahora. Iban muy bien y sin andar en los repechos. Me costaba seguirlos pero sabía que si se me escapaban tendría pocas posibilidades de conseguir el siguiente hito: llegar a Grazalema de día para pasar la zona más técnica de la carrera con luz natural.

Pasaban los kilómetros y conseguí recuperarme anímicamente y poder seguirlos fácilmente. Con ellos estaría ya prácticamente casi todo lo que quedaba de carrera, y sin su ayuda pienso que me hubiera costado hacer el tiempo final estimado, al menos en esos momentos así lo pensaba. Aunque era también su primera participación, se conocían bien los tramos y eso me ayudaba mentalmente para ir soportando el paso de las horas.

Su plan era hacer sobre 28h, con lo cual si habían llegado al km 100 conmigo y ellos preveían ese tiempo significaba que iba mejorando mi estimación, y que si seguía a sus ritmos podría acercarme a las 30h, que era mi objetivo inicial.

Antes de llegar a Cortes de la frontera, nos esperaba la cuesta del reventón. Una subida intensa y larga que te desgasta mentalmente al ver que aquella pendiente no tiene fin. Pero como siempre, con paso continuo y constante, al final se terminan.

Cortes de la frontera (Km 101,85)- Villaluenga (Km 115,43. Avituallamiento 11)

En el avituallamiento de Cortes encontramos tortilla de patatas realizada por las mujeres del pueblo que fue mi perdición. Ese manjar fue devorado hasta saciarme, sabiendo que el próximo tramo era uno de los más complicados que nos quedaban por realizar.

Descansamos un rato y salimos buscando el Puerto de Líbar. De esta subida había escuchado que era muy dura por los kilómetros acumulados en las piernas en esos momentos y una noche entera sin dormir, así que la encaré con bastante respeto y siguiendo el ritmo implacable de mis compañeros de viaje. El buen ritmo al que subíamos nos llevó a la cima en muy poco tiempo, con unos parajes impresionantes de roca caliza perfilada por la naturaleza durante miles de años que permanecía allí perennes, inmóviles frente al frío viento que sacudía nuestros cuerpos mientras coronábamos ese puerto. Nos quedaba llegar a los llanos del Libar, llanos del republicano y subir Puerto de Correo de nuevo (ya lo subimos al salir de Villaluenga la noche anterior).

Esta zona es de belleza espectacular, una pradera verde en medio de un valle rocoso, que no podía contemplar ya que las múltiples piedras del sendero no te permiten despistarte ni un momento.

En el tramo final había una larga subida hasta el pueblo que en esta ocasión sí tomé la iniciativa de marcar el ritmo al grupo. Me sentía muy bien en estos momentos y a pesar de mis molestias de tobillo y rodilla, decidí ayudar ahora que parecía que bajaban un poco el ritmo.

Justo antes de llegar al avituallamiento nos encontramos con un miembro del Trail Running Málaga con el que me estuve cruzando varias veces en carrera. Hasta Villaluenga íbamos a similares ritmos la noche anterior pero ahora me lo encontré allí, esperando a corredores. Nos comentó que había tenido que dejar la carrera por una hipotermia en la bajada a Villaluenga, así como muchos otros corredores debido al frio y lluvia que les cayó en ese momento. Una vez más me alegraba de haber apretado al principio y haber podido pasar esa zona sin lluvia. Desde luego que mi estrategia por ahora estaba funcionando a la perfección y debía seguir confiando ciegamente en ella.

Llego al avituallamiento de Villaluenga por segunda vez, 12 horas después, casi 80 kilómetros en las piernas y una noche en vela en el cuerpo. Allí me espera la segunda mochila que dejé a la organización para poder cambiarme de ropa. Según decían se esperaba lluvia esa noche y recordando el frío que pasé la noche anterior, decidí equiparme de nuevo para soportar las inclemencias del tiempo. Prefería ir más abrigado y con menos libertad de movimientos a estar expuesto de nuevo al frío. Las energías aún estaban cargadas pero no sabía cómo iba a encontrarme cuando me cayera la segunda noche encima, nunca había estado tanto tiempo en una carrera y la precaución dominaba sobre la comodidad.

Hay mucha gente en este avituallamiento, muchos acompañantes y sobre todo corredores de la Bandolerita (carrera de 77 km con salida el sábado por la mañana, con los últimos 40 kilómetros coincidentes), que ahora se mezclan con nosotros el resto de carrera y se les ven con “sólo” 37 kilómetros en sus piernas bastante frescos comparados con nuestros ritmos.

Allí me encuentro como espectador a Dani García, bombero malagueño, buena gente y corredor top de trail. Le saludo y le doy las gracias por darme semanas antes consejos sobre cómo llevar los bastones plegables en carrera (le asalté en la carrera de cxm Calamorro para preguntarle cómo se ponía los bastones en la cintura y él gustosamente me dio todo tipo de detalles para poder hacerlo como él y facilitarme la prueba).

Seguimos con mi estrategia en cada avituallamiento: carga de hidratos con doble ración de pasta, caldito de pollo, bocadillos y mucho té caliente con un objetivo en mente, llegar a Grazalema con la luz del día y pasar por las zonas técnicas antes de que caiga la noche. Era una de las claves de la carrera que me recomendó Angel Ortiz (Marea Naranja). Sus consejos me ayudaron a visualizar la carrera y saber lo que me encontraría, y eso en una prueba como esta es clave para que salgan las cosas bien. Tenía claro que debía cumplir este último objetivo para conseguir los tiempos previstos, y decidí ir a por él.

Villaluenga (Km 115,43) –Grazalema (Km 128. Avituallamiento 12)

Quedaban por delante los últimos 12 kilómetros técnicos de la carrera, una parte de ellos ya los recorrimos anteriormente pero ahora había que hacerlos en sentido inverso (antes se bajaban dirección Villaluenga y ahora se subían dirección Grazalema).

Corredores de la corta nos pasaban a un ritmo vertiginoso por senderos de roca que para ellos parecían pistas de asfalto (eran los primeros de la carrera y se notaba el nivel que tenían). Impresionante la seguridad con la que saltaban de roca en roca para alcanzar a al corredor que tenían delante.

Este tramo ya me dijeron que se hacía largo, muy largo, por el cansancio acumulado, por el sol que iba descendiendo cada vez más rápido, por las ganas de salir de esta zona técnica llena de rocas y piedras sueltas, por cruzarme con corredores de la corta que van a un ritmo mucho más rápido y que de alguna manera te hacen ver lo lento que ruedas. Trotamos las partes que se podían, ritmo intenso en las subidas para evitar que se prolongara en exceso el tramo y tras un descenso de piedra suelta llegamos al objetivo.

Miro al cielo, sigue siendo de día. Miro mi rutómetro, veo que llego 7 minutos antes de mi previsión. Me siento de nuevo satisfecho, ya que había clavado mi estimación con 128 kilómetros con más de 24 horas de carrera, y eso es un día entero. Ya queda lo más fácil, me digo a mi mismo, debo seguir el plan, y me reafirmo en caso de que pueda bajar la guardia inconscientemente.

foto 12Llegando al avituallamiento de Grazalema todavía de día. Objetivo cumplido.

Grazalema (Km 128) – Benamahoma (Km 139,17. Avituallamiento 13)

Antes de salir del avituallamiento me coloco el frontal, ya que pronto empezaría a oscurecer. En este momento pienso que me quedarían al menos 6 horas para recorrer los casi 30 km hasta meta y no pienso en los problemas que tuve la noche anterior con la iluminación (un gran error por mi parte).

Empiezo a subir el Puerto del Boyar por una pista que no se me hace nada pesada. Recordaba la noche anterior pasar por allí con mucho frio y viento y ahora con los últimas luces del día, podía apreciar con claridad el refugio donde ayer nos preparábamos para afrontar la subida al Boyar y al Simancón, la parte más dura de la carrera a mi parecer.

Con la caída de la noche me doy cuenta que con las pilas casi gastadas, casi no podía ver y tuve que bajar el ritmo hasta ir andando en muchos tramos sin saber dónde pisaba, con el riesgo que ello conlleva.

Soy bastante previsor y había dejado un frontal de repuesto en la mochila de Villaluenga (km 115) pero al buscarlo en la mochila no lo encontré y pensé que finalmente no lo había llevado (realmente estaba metido dentro de unos calcetines para evitar golpes, pero no me acordé de que lo metí allí). Estos errores son los que realmente me harán crecer como corredor de montaña, ya se lo que no debo dejar nunca fuera de la mochila que lleve conmigo en carrera, que esos gramos de más no son importantes para lo necesario que son esos lúmenes en la oscura noche.

Me descolgué un poco del grupo centrándome en donde pisaba pero cada vez veía menos, así que tuve que correr casi a oscuras durante un buen tramo para no perder la referencia de mis compañeros de viaje e intentar ponerme a su altura y utilizar su luz para poder seguir.

Cuando los alcancé le pedí a uno de ellos que necesitaba usar su luz para llegar al avituallamiento e intentar buscar pilas de repuesto. Me dice que él tenía un frontal de repuesto y que me lo dejaba. Esto fue como ver la luz, en toda la extensión de su término, ya que gracias a él pude continuar mi marcha con visión completa del terreno y sin depender del ritmo de otros corredores.

El último tramo hasta llegar a Benamahoma discurre por un arroyo de piedra suelta que se hace muy largo, deseando llegar al punto de avituallamiento y encarar los dos últimos tramos, uno de 5 km y otro de 12 km para alcanzar por fin la ansiada meta.

Benamahoma (Km 139,17) – El Bosque (Km 144. Avituallamiento 14)

En el avituallamiento de Benamahoma estuve más tiempo del que preveía. El cansancio ya se notaba en el cuerpo pero yo quería salir lo antes posible, pero el culpable no fue otro que la tortilla de patatas casera que nos ofrecieron allí. Tanto yo como mi compañero de viaje nos sentamos en una silla, yo cogí la bandeja de tortilla y él cogió la bandeja de piquitos, y a comer. Recargamos energías durante un buen ratos allí, estáticos y en silencio, engullendo aquel manjar como si no hubiera un mañana. Y sentó realmente bien.

Nada más salir me veía con fuerzas renovadas y decido buscar un ritmo de trote alegre. Mis compañeros me dicen que no pueden correr y que me vaya, que ya nos veríamos en meta. A uno de ellos le presto mis bastones para que pudiera andar más rápido y seguidamente me despido de ellos.

El tramo que me esperaba ahora eran 5 km de sendero junto a un rio, con un sube y baja que tanto nos gusta a los corredores para sentir los cambios de ritmo y decido intentar hacerlo en al menos 30’. Llevaba unos 38’ de adelanto sobre mi tiempo previsto en estos momentos y eso me acercaba al sub 30h, así que me lanzo para intentar conseguirlo.

Al rato de estar en el tramo, el frontal que me habían prestado (era de batería) se me apaga. Otra vez me encuentro en la más absoluta oscuridad. Miro hacia atrás y no veo a nadie. Empiezo a tocar el frontal buscando el botón de encendido y lo consigo, pero al momento se apaga de nuevo. En estos momentos solo se me ocurre usar la luz del móvil para poder recorrer estos 5 km y una vez más buscar una solución a mi problema de iluminación. En ese momento me pasa un corredor de la corta y me pongo a su ritmo y le aguanté el tiempo que pude. Cuando ya veía que se me escapaba le comenté que si podía bajar un poco el ritmo para que me llevara con su luz hasta que entremos en zona urbana y me comentó que él tenía unas pilas de repuesto. Una vez más la generosidad del pelotón de las carreras de montaña me ayudó y pude usar de nuevo mi frontal, y ahora con energías suficiente como para acabar la carrera.

Llego al último avituallamiento, el número 14. Miro el tiempo: 28h 01’. Me quedarían 12 km hasta meta y la posibilidad de bajar de 30 horas estaba al alcance. Ahora tenía el frontal con luz suficiente, había anulado mentalmente las molestias del tobillo y rodilla y la motivación de ir 41’ por debajo de mis previsiones me animó a casi ni parar allí. Algo de agua, un caldito y a buscar la meta.

El Bosque (Km 144) – Prado del Rey (Km 155,5. Meta)

Salgo del pueblo con buen ritmo. El pensar que estaba a punto de acabar, de haber recorrido ya más de 143 km y de que a pesar del frío pasado, los problemas del tobillo, de la caída del día anterior y de mi falta de previsión de iluminación, me hacía sentirme feliz. Había disfrutado todo el tiempo, más de lo que hubiera imaginado y además tenía delante de mí un sub 30 a punto de conseguir.

Miro el perfil y veo tres cuestas, una muy larga, otra más pequeña y una última justo antes de entrar a Prado del Rey. Esa última subida me habían dicho que es un muro, una pared casi vertical que se hace muy dura, pero para llegar allí debería pasar por esta primera rampa. Me concentro y en una larga cuesta de pista que no se ve el final, me propongo hacerla a un ritmo constante y fuerte. Ahora echo de menos los bastones que presté anteriormente y aunque apenas los usé en la carrera (sólo unos 12 kilómetros la primera noche) pienso que mi compañero los necesitaría más que yo en este momento y no me importa no poder usarlos. Gran parte de la subida la hago junto a un corredor de la corta.

Se me hace eterna esa cuesta, mantengo el ritmo constante desde el inicio pero no llevar GPS me despista y no puedo saber si voy a ritmo suficiente para poder llegar antes de las 12 de la noche (sub 30h).

Por fin corono esa rampa y empieza una bajada intensa por pisteo, lo más difícil ya estaba hecho. Nada más empezar a bajar la molestia del tobillo se convierte en un dolor intenso que me hace parar. Esto ya es serio. Me paro en seco e intento darme un masaje en el tensor para ver si puedo al menos andar rápido pero no, me cuesta mucho incluso andar. Me paro y miro hacia delante. Ahora es cuando la cabeza fría es la que debe imperar y sigo mi planteamiento habitual en estos casos (y en casi todo en la vida en situaciones similares).

1.- Desahogarme. Grito con todas mis fuerzas. Me enfado conmigo mismo, suelto mucha rabia, pataleo, vuelvo a gritar desesperado. Debe salir esa impotencia de no poder seguir unas pocas horas más como hasta ahora. Vuelvo a gritar para soltar toda la rabia. Tantas horas de concentración evitando las molestias del tobillo y aparecen a pocos kilómetros de meta. Un último grito me deja más tranquilo, sosegado y continuo andando mientras empiezo a pensar el porqué.

2.- Culpabilidad y causas. Debo aceptar que esto que me sucede es por algo que he realizado mal en la preparación. En ese momento no lo sabía, pero la falta de ejercicios de propiocepción fueron posiblemente una de las causas por las que el astrágalo se me desplazara a causa de ir frenando en exceso debido a la falta de luz, y ese desplazamiento me causó un cambio de dirección en el tensor del pié y con ello, una mal funcionamiento provocando una sobrecarga continua en esa zona.

3.- Acciones a tomar. Empecé a caminar buscando una posición del apoyo del pie que me permitiera andar con cierta comodidad, aunque a pesar de ello, durante muchos minutos casi me tenía que parar por el fuerte dolor que sentía en el pie.

4.- Seguimiento. Cada vez la rampa de descenso iba suavizándose, así como el dolor del pie, que conseguí encontrar la mejor pisada de forma que el dolor pasó a molestia, similar a la que había tenido desde el inicio de la carrera. Pensé que aquella ascensión tan prolongada me podría haber enfriado el tensor y por ello haber sufrido ese dolor tan intenso de repente. Pocos ascensos quedaban así que pensé que lo peor ya habría pasado, así que a seguir buscando el ritmo de marcha más continuo posible.

Me adelantan varios corredores que por sus ritmos supongo que son de la corta. Esta bajada se me hace incluso más larga que la anterior subida. El no poder ni tan siquiera trotar me desanima. Tenía muy cerca hacer un gran tiempo y ahora empezaba a hacer cábalas metales para saber el tiempo final que haría.

Al estar andando, puedo relajarme en mirar donde piso y miro al cielo. Un cielo estrellado me acompaña. Apago el frontal (esta vez lo hice a propósito) y camino mirando el cielo. Pocas veces se está completamente solo en medio de la nada con la posibilidad de ver un cielo como aquel, la luna dejaba ver algo de claridad detrás de las nubes y podía contemplar perfectamente las pocas constelaciones que reconozco. Por unos minutos me evado y me siento pequeño ante la inmensidad del universo. Me paro unos segundos para disfrutar del momento y encontrarme conmigo mismo con pensamientos profundos y muy personales. Unos instantes después prosigo.

Ahora buscaba en el horizonte el reflejo de las luces de Prado del Rey. No lo veía, pero no debería estar muy lejos por lo que había avanzado desde mi última referencia (estimaba un total de 8 kilómetros entre salida de El bosque, rampa ascendente y rampa descendente). A lo lejos escucho una carretera, eso me anima a avanzar con algo más de ritmo, pero aún todavía caminando.

Una vez alcanzada la carretera me alcanza un corredor de la corta. Una vez más me engancho para poder coger un ritmo. Le consigo aguantar hasta una pequeña rampa que llevaba a las primeras casas de Prado del Rey. Me comenta el corredor que deberían quedar unos 2 kilómetros y escuchar aquello me enciende por dentro. Los sub 30 sabía que estaban ya perdidos pero después de tantas horas, no podía dejar ya nada reservado y decidí dar lo que tuviera, aunque fuera poco, y empecé a trotar a un ritmo lento pero continuo, incluso adelanté a varios corredores que me parecieron de la corta que iban caminando.

Ahora sólo me quedaba superar ese muro que me comentaron para acceder al pueblo. Una larga cuesta con una pendiente infernal era lo que me separaba para alcanzar la meta. Me acordaba aquí de la cuesta del cachondeo de los 101 km de Ronda, y esta sin duda me parecía mucho más dura. Me tuve que parar incluso dos veces  durante el ascenso de lo empinada que estaba, y por fin llegué al final del muro.

Con la mirada baja del esfuerzo realizado y con la respiración todavía intensa, consigo llegar a una zona más llana y alzo la mirada. Veo dos luces a lo lejos que parecen que se acercan a mí. Cuando están a mi altura me doy cuenta que es mi primo, verle allí significaba que habría abandonado. Me saluda, me da ánimos y veo que a su lado estaba mi amigo Raúl. ¿Pero qué hacía él allí ? No pude reaccionar, no sé si por el cansancio o por las ganas que tenia de llegar a meta para por fin relajarme y desconectar de la tensión de la carrera, pero hasta pasadas varias horas no pude apreciar lo que significó verle allí, su gesto de ir a recibirme en meta representaba plenamente la esencia de los bichos runners y su filosofía del deporte que intentamos difundir.

Todavía sin apenas aire del esfuerzo de la cuesta empezamos a hablar de la carrera, les conté en pocas palabras lo acontecido en las 30 horas anteriores y a la pregunta de Raúl de cómo se podían hacer 155 kms sin parar le contesté: “Esto es solo planificación, solo eso”. Y realmente ese podría ser el resumen de toda la carrera. Una planificación organizada y efectiva es la causa de que pocos minutos después pudiera encarar la recta final que me llevaba hasta la meta. Allí me esperaba Chito Speaker (¡por fin llegaba en una ultra a meta con él todavía recibiendo corredores!), y tras un unos metros de carrera logro cruzar la meta en 30h 7’ 14’’ y convertirme en Bandolero.

Foto 13Fotografía de Finisher de Bandoleros. Total satisfacción por la carrera realizada.

Foto 14Mi inesperado sherpa team.

Si en la mañana del viernes no sabía la razón por la cual esta carrera enamora a todo aquel que se acerca a ella, ahora que escribo estas líneas tampoco sabría dar una respuesta. La experiencia vivida en ese fin de semana fue maravillosa, única e indescriptible. Es un todo la razón por la que Bandoleros sea Bandoleros: su historia, la sierra, su gente, el ambiente, el sacrificio, la superación, la unión de deporte con la épica, los corredores, los organizadores, … un todo indivisible, un generador de experiencias que difícilmente pueden describirse solo con palabras.

Tras terminar la carrera, comentaba que es una carrera dura, muy dura, que hay que estar muy preparado para enfrentarse a ella, y que al menos una vez en la vida todo aquel que haga ultra trail debería participar.

Por mi parte, estoy muy satisfecho con el resultado, y sin duda el año próximo haré lo posible por estar de nuevo en Prado del Rey, porque esta gran experiencia que el Club Tritón consigue generar no me la quiero perder en el 2017.

Fot 15Algo más que una simple carrera. Algo debe tener.

Mr M