“Javi, terminar Calamorro te hace héroe. No questions!” – Mr. Belu

Cada pueblo tiene sus mitos, leyendas y lugares significativos que impregnan tus recuerdos para siempre. Nacer y crecer en Arroyo de la Miel, te dota de un gentilicio: el de chichilindri.  Esta palabra  te condiciona a contemplar a diario la belleza del mar, y en dirección opuesta, enfrentarte al contraste de la magnificencia de su Skyline, dibujado por sus dos cerros más significativos, que sirven de Atalaya: el Carramolo (así llamamos los chichilindris al Calamorro), y el Cerro del Moro, coronado por el repetidor, y que justamente dibujan el trazado de la Calamorro Trail, prueba reputada y ya consolidada en el calendario de CxM.

Para un niño pequeño de mi generación (nací en el 78), el repetidor es un lugar mítico. Aquel amasijo de hierros posibilitaba que la primera y la segunda se vieran con una mayor nitidez en la tele, frente a los mismos canales que recogían la señal desde el Mulhacen, donde la imagen aparecía cargada de “palomitas” que roían el vidrio del televisor y el audio cargado de interferencias.

Todos los chichilindris de mi generación, guardan recuerdos entrañables impregnados con esos lugares. Por ejemplo, allá por el 83, el Arroyo apareció más frío que nunca. Al ir al colegio, niños y mayores contemplaban con ilusión, extrañeza y embobamiento una estampa histórica. El Calamorro y el repetidor… ¡¡¡estaban nevados!!!!!

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También recordamos como un par de años más tardes, el fuego fagocitó toda la montaña y la densa arboleda de pinos, quedó reducida a tragedia calcinada, para tristeza de los lugareños.

Mi padre solía llevarnos hasta esa antena. Para ello, había que subir en coche hasta cerca de Mijas y desviarte por una estrecha carretera plagada de curvas que ascendía serpenteante. Desde allí, el aire era puro y el horizonte, infinito. Una vez, ya de adolescente, incluso conseguí coronarlo en bici. Su trabajo costó, pero el esfuerzo mereció la pena.

Llevaba ya un tiempo queriéndome iniciar en alguna competición de Trail Running. Si bien había cumplido varias veces con el ritual de subir al lobo, característico de los bichos y en alguna ocasión incluso coronar el Calamorro, nunca había realizado rutas mayores a 12 Km y mucho menos competir.

Mr M me provocó: “Calamorro hace héroes. Es muy dura. Elige otra más fácil para empezar, pero si decides hacerla y la terminas, te ganas el derecho de entrar en el Olimpo” –  Las palabras héroe y olimpo resonaron en mis neuronas durante meses. Definitivamente había que debutar allí, me pesara lo que me pesara.

Arrastraba molestias en el metatarso desde la última maratón, que me impidieron entrenar específicamente la carrera, no obstante decidí mirar hacia delante. Mi pasaporte al Olimpo no podía postergarse.

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El resto, es historia…. Subidas, bajadas, toboganes que rememoran la escena de las vagonetas de la mina en Indiana Jones y el templo maldito. Comí y bebí como si no hubiera un mañana en los avituallamientos y sentí el micro clima característico de la zona de los bancales, donde necesitas emplear más de 20 minutos para avanzar unos escasos 400 metros. Allí es donde te dejas la piel de humano y, si consigues coronar el pico, el horizonte se te hace infinito y la majestuosidad del repetidor te corona como héroe para el resto de tu vida.

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El dolor agonizante del metatarso, se mitigó con la ayuda de Mr. Law, fiel escudero iniciático en esta aventura, además de la ayuda del grupo de Mrs Rayban, la organización y el resto de corredores, especialmente aquellos provenientes del gran Club Axarlon.

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Definitivamente llegué a meta, donde me esperaban los besos de mi mujer y de mi hija que me supieron a miel y ambrosía, y el resto de los bichos que participaron de la épica.

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Gracias Law, por guiarme hasta la meta del Calamorro Trail… ALLÁ DONDE SE FORJAN LOS HÉROES!!!!

Mr. Fartleks Killer

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