Correr, andar, caminar, trotar, nadar, montar en bici, todos deportes diferentes. Pero a pesar de ello, cuando los practicamos lo vemos todo con mas claridad. Llegamos al Claro del Bosque de Maria Zambrano, a ese despertar del hombre[i] a su ser que habitualmente se le oculta.

Pensemos en un bosque en el que nos adentramos. Bosque en el que la luz penetra con dificultad. Podemos mirar lo que tenemos alrededor, aunque el bosque huye de los ojos, todo lo que vemos son árboles y según andamos, los que estaban ocultos se nos ofrecen a la vista. Por eso Ortega y Gasset dice que “el bosque verdadero se compone de los árboles que no veo”. La vida está llena de árboles, de cuestiones, de problemas, también de alegrías, de ilusiones que uno se encuentra en todo momento. Todos tenemos familia o trabajo o amigos y todos ellos nos llevan a cuestiones diferentes en el día a día. Buscamos la solución a todos los problemas intentando maximizar el tiempo minimizando el gasto sin darnos cuenta que la verdad entendida como Aletheia (revelación de una ocultación) está ahí, siempre ha estado.

Todos buscamos la verdad, la solución a los problemas que tenemos y muchas veces no la encontramos.  Andar en el bosque no significa encontrar los claros que este tiene.  Y es ahí donde el deporte nos lleva a la Aletheia,  a poder vislumbrar los claros que están en nuestro interior.

Siguiendo a nuestra filósofa malagueña más internacional, el claro del bosque es un lugar intacto en el que no siempre es posible entrar. Para poder acceder a él es condición sine qua non no buscarlo. Y para poder llegar a ese encuentro, es necesaria una actitud de disponibilidad atenta. Al correr todos desconectamos de nuestros problemas, de nuestro día a día, llegando a evadirnos de todo y de todos. Abrimos nuestro ser a lo que somos, olvidando todas las respuestas preconcebidas y obviando todas las preguntas. Y es en ese momento en el que la Aletheia se nos presenta. La claridad con la que vemos todas las cuestiones ya no es superficial, mundo considerado patente o mundo de las puras impresiones, aquellas que se encuentran en primer plano y se nos imponen a la vista. Podemos ver el mundo latente (en contra posición con el patente), que sin ser menos mundo es el que nos presenta una nueva verdad, más clara, más nítida. Para Zambrano buscar la verdad es tarea inútil pues ella “viene a nuestro encuentro como el amor, como la muerte”.

Es por esto por lo que cuando hacemos deporte saneamos nuestra mente, porque al no preguntarnos nada, al encontrar la pasividad en la palabra encontramos la luz brillante en el Claro del Bosque.

[i] Utilizo la palabra hombre usando la primera acepción de la RAE como “Ser animado, racional, varón o mujer”.

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