Lunes, 8 de Enero. Como cada año, toca ponerse frente al espejo y realizar valoraciones a cerca de los daños colaterales causados por las cenas, comidas, meriendas, gintonics, cervezas, y el dichoso roscón de reyes típicos de la época navideña. Y, por lo general, todos sufrimos algún daño colateral en forma de nuevo bulto donde antes no lo había, o de estómago con más movimiento que una centrifugadora.

 Y, como éste que os escribe viene de ser un gordo de los buenos, donde los haya, que consiguió perder unos 30 kilos a base de cerrar la boca y mover el culo, pues voy a contaros algunas pautas que suelo seguir para desintoxicar el cuerpo e intentar retomar la forma -que, en mi caso, ha sufrido merma pero no en exceso.

En primer lugar, por básico que parezca, recalcar los tres principales grupos de nutrientes que existen: los hidratos de carbono, que proporcionan energía mas o menos inmediata al cuerpo; las proteínas, que, entre otras cosas, sirven para la recuperación muscular; y las grasas, que -amén de jodernos la vida en forma si nos pasamos de rosca- sirven para regular sistemas hormonales, proporcionan energía a largo plazo, etc.

 Dicho esto, os explico las pautas que suelo seguir -y que acentuaré mucho los próximos 14 días a ver si consigo bajar los excesos y depurar el cuerpo- para intentar llevar una alimentación lo más sana y equilibrada posible:

 1.- Basar la alimentación en las verduras, y no en los cereales. Pese a que mucho se ha dicho sobre el cereal como base de la pirámide alimenticia, por experiencia propia tengo más que comprobado que, al menos a mí, me sienta mucho mejor basar la alimentación en verdura de todo tipo: pérdida de peso, mejora del tránsito intestinal, etc.

 2.- La principal fuente de energía que utilizo es la fruta, de las semillas, de los frutos secos y de otras grasas saludables -aguacate, aceite de oliva, etc. Esto hace que, una vez acostumbrado al cambio, mi cuerpo comience a quemar grasa de forma mucho más eficiente -algo parecido a la dieta paleolítica, pero sin llegar a extremos.

 3.- La pasta y el arroz los he eliminado prácticamente de mi dieta, sustituyéndolos por otro tipo de hidratos de carbono complejos que consumo en momentos puntuales -antes de un esfuerzo físico importante, por lo general-: quinoa o cous cous, principalmente -porque son los que más me gustan.

 4.- Eliminar los alimentos procesados -en la medida de lo posible- de la dieta. Esto supone evitar casi cualquier cosa que se compre envasada en un supermercado para decantarse por alimentos frescos -fruta, verdura, carne, pescado, huevo, semillas, etc.

 5.- En mi caso, casi por casualidad, casi he eliminado la carne y el pescado de mi dieta -no me atrevo a llamarme vegetariano porque no es cierto, pero en casa al menos es raro que entre nada de carne ni pescado salvo que vengan visitas. La verdad es que desde que esto es así, me siento mejor físicamente, pero no tengo evidencias de que tenga relación directa.

 6.- El azúcar, ya sea de forma directa o indirecta, está vetada. Como diría la pequeña Ainhoa, bien aleccionada por Mr. Lizard: el azular es veneno!

 7.- Tan importante es el beber como el comer: el agua, que no falte. En mi caso, mínimo 3 litros al día, incluyendo las infusiones que tomo a lo largo del día.

 Para terminar, os pongo un ejemplo de lo que serían dos platos habituales en mi dieta, uno mucho menos calórico -que será el que me acompañe de aquí a dos semanas- y otro algo más energético:

 1.- Ensalada de brócoli hervida con zanahoria, cebolla y tomate, maíz, huevo cocido, y una cucharada de semillas variadas -sésamo, chía, lino, pipas de calabaza. Aliño de aceite de oliva y sal.

 2.- Taboulé: cous cous con cebolla, pimiento, cebolla, pasas, manzana y, si ese día se apetece, pollo o pavo a la plancha. Aliño de aceite de oliva y sal.

  

Mr Law