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Mr Fartleks

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Chamonix, la tierra santa del montañismo, el lugar de preregrinacion obligado de todo aquel que ama la montaña y la siente desde su ser más íntimo. 

Aquí estoy yo, en Chamonix ahora. Un montañero novato, con pocos años de experiencia esperando a que en pocas horas se inicie la gran batalla, esa que todo corredor de montaña quiere luchar. 

Una batalla donde solo hay un ganadora. Ella. Ella siempre gana. Ella decide quién entra y quién sale. No hay más opciones

Hace años cuando me encuentré con la montaña, o mejor dicho, cuando ella me eligió, me atrajo toda su belleza y naturalidad, pero también me atrajo que es implacable, fría, calurosa, cruel y omnipresente. Aun así, decidí ponerme a sus pies e intentar bailar con Ella aquí y ahora. 

La montaña te transforma, te hace ver lo pequeño que eres y aprendes a respetar el entorno natural pero sobre todo, el entorno humano.

Hace tres años me propuse un reto, y hoy lo voy a conseguir. Recuerdo la primera vez que lo dije en voz alta, y se lo comente precisamente al que seria mi entrenador todo este tiempo. Le comente que quería estar lo más preparado posible una tarde de Agosto frente a una pequeña iglesia en un remoto pueblo de los Alpes. Fue la primera vez que me escuchaba decirlo y me sonaba como algo lejano y sin realismo práctico. 

Entonces, ¿por qué me embarque en esta aventura? Sinceramente, no tengo respuesta clara. 

Cada corredor tiene una razón para empezar a correr. Razones médicas, superación personal o para hacer vida social suelen ser las más habituales, cada uno con sus peculiaridades y particularidades.

En mi caso, no he tenido una razon inicial, ni una busqueda de superación, simplemente sentía la necesidad de hacerlo, de completar un camino sin direccion que empecé a construir hace tiempo. Se que en un futuro cercano entendere la razon de esta aventura, sabré el por qué invertí todo estos años en entrenamiento y fortaleza mental para este momento. 

Siempre recurro a la teoría de los puntos de Steve Jobs en conversaciones con un buen amigo cuando cambian nuestras situaciones personales y conseguimos conectar los puntos. 

Esta teoría dice lo siguiente:

“No puedes conectar los puntos mirando hacia adelante; sólo puedes hacerlo mirando hacia atrás. Así que tienes que confiar en que los puntos se conectarán de alguna forma en el futuro. Tienes que confiar en algo: tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea. Porque creer que los puntos se conectarán luego en el camino te dará la confianza de seguir tu corazón, incluso cuando te conduce fuera del camino trillado, y eso hará toda la diferencia”

Algún día uniré los puntos que me dibujara una constelacion que me dará la respuesta a por queé estoy donde estoy ahora mismo. 

Si algo ya he ganado, ha sido el ver tanto apoyo a algo que no deja de ser un acontecimiento más. 

El Lunes volverá a ser Lunes. Todos volveremos a la rutina diaria con sus preocupaciones, penas y alegrías. No cambiará en esencia nada importante. Vendrán más carreras, más retos y otros objetivos. Míos y de otros. 

La vida no acaba este fin de semana. Pero tambien decir que esto es una Ultra, asi que una vida de duracion limitada empieza en unas horas. Por delante muchas emociones, tanto buenas como no deseables, sufrimiento, dolor mezclados con esa sensacion de libertad indescriptible y única, con el deseo de que salga todo bien, poder sortear los obstaculos que encuentre y volver de vuelta a Chamonix. Ademas, se siente una especie de responsabilidad ante quienes me han apoyado en todo este tiempo, solo por el hecho de ser como soy. 

De las muchas palabras de apoyo que he recibido estos días, todas muy agradecidas y sentidas, me quedo con esta frase:

“…. piensa siempre que eres un ejemplo para todos los bichos, para el deporte y para el mundo, mas personas responsables como tu hacen falta” 

Sinceramente, me cuesta hacer publico el mensaje, me gusta pasar desapercibido, soy más de ponerme en la ultima fila de la foto, pero sin entrar a valorar el contenido, la frase es un gran resumen de lo que ya he conseguido. 

Por un lado, el grupo humano que se ha generado en estos años y que sigue creciendo, llamado Bichos Runners, genera momentos que son dificiles de explicar con palabras. 

Algo mas que correr, decimos, y no es una simple frase con gancho, porque ese “algo” es parte de un todo, donde la amistad, compañerismo y lealtad encuentran su maxima expresion. Yo personalmente he encontrado una nueva forma de entender la amistad y es algo de lo que mas orgulloso y afortunado me siento. 

Los valores y beneficios que el deporte te aporta son ilimitados, dependientes de la inversion de cada uno y lo que este dispuesto a conseguir. 

La mezcla de deporte y amistad te lleva inexorablemente a la responsabilidad. La responsabilidad de cumplir, de devolver algo que te dan sin pedir nada a cambio, de recibir el ente no economico mas valioso de nuestros dias, el tiempo. 

Yo me he quitado mucho, pronto sabre si lo suficiente, porque entrenar este deporte exige una dedicacion intensa sin perder la concentracion, debiendo centrarse en el objetivo durante muchos meses para cumplir con el plan de entrenos. 

Atrás queda el valioso tiempo quitado a la familia, eje principal sobre el cual gira mi mundo a una revolucion variable segun mis necesidades, quitándole y dándole tiempo según mis ocupaciones y horarios, sin haber puesto nunca impedimento alguno. 

Es ese tiempo de mi entorno, mi familia y mi gente, que han ayudado a que este proyecto salga adelante y por lo que a día de hoy me siento orgulloso y sobre todo ganador, preparado  para irme a la linea de salida con la mejor de mis sonrisas, con la responsabilidad de cumplir con todos en la manera que me lo permita Ella, y rodearla durante mas de 33 horas para volver a Chamonix, gracias a la aportacion de cada persona que me a acompañado en este viaje, convertido finalmente en un montañero de verdad. 

Mr M

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INSCRIPCIÓN DE NUEVOS SOCIOS – RENOVACIÓN DE SOCIOS

El CD BICHOS RUNNERS ha habilitado el periodo de inscripción de nuevos socios y renovación de actuales socios.

Si quieres pertenecer al club con mayor crecimiento de la Provincia, pasar buenos ratos, compartir experiencias, conocer gente y participar de los beneficios del club… este es tu momento!!!!

Atrevete a ser parte de la manada de BICHOS RUNNERS!!!

¿QUIERES SER SOCIO DEL CD BICHOS RUNNERS?

Sigue estos pasos:

1.- Rellena la ficha de socio AQUI (IMPORTANTE: Sólo para nuevos socios)

2.- Procede al pago de la cuota anual (12€) a través de transferencia a la cuenta del club

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Concepto: Socio2017 + NOMBRE Y APELLIDO

Deberás enviar copia del ingreso a mail@bichosrunners.com

¿QUIERES RENOVAR TU CUOTA ANUAL?

Como miembro del CD BICHOS RUNNERS, podrás:

a). –Ser elector y elegible para los órganos de gobierno y administración.

b). – Participar con voz y voto en las sesiones de la Asamblea General del club o, en su caso, mediante representante, participando en la toma de decisiones.

c). – Ser informado de las actividades de la entidad y, especialmente, de la gestión y administración. Esta información tendrá lugar a través de post, memorias, grupos de whatsapp activos, la web (www.bichosrunners.com) y/o los perfil de bichos runners en Facebook & Twitter.

d). – Tener acceso a la documentación del club, mediante petición expresa a mail@bichosrunners.com

e). – Asistir a las actividades o competiciones organizadas por el club y utilizar sus servicios y ventajas

f). – Expresar libremente sus opiniones dentro de BICHOS, a través de los distintos canales de comunicación anteriormente descritos.

g). – Reclamar ante los órganos correspondientes contra las decisiones de los órganos directivos del club.

h). – Separarse libremente de BICHOS, mediante petición expresa a través de whatsapp, email o carta.

Disfruta, aporta, relacionate, diviértete, participa, critica, comunica, y sobretodo… CORRE!!!!!!!

CD BICHOS RUNNERS.

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Miro al frente y solo veo nubes bajas. No puedo ver el camino que debería atravesar en el siguiente tramo, ni tan siquiera se intuye. El frío se unió como compañero de viaje desde hace ya demasiadas horas.  Mientras el viento me golpea de nuevo y la lluvia sigue quitándome energías, alzo la vista,  subo una de las últimas cuestas camino al siguiente avituallamiento y me sale en voz alta un pensamiento:

“Cuando llegue a Villaluenga abandono…”

“!No! ¡Lo has dicho, lo has dicho!” –  me repito en voz alta con desesperación.

22 horas de carrera y 126km recorridos. No se me había pasado ni por la cabeza abandonar, a pesar de que las últimas 7 horas han sido especialmente duras, muy duras, y ni tan siquiera estaba en mis pensamientos esa hipótesis.

Simplemente alzó la voz mi yo lógico y racional. Mi subconsciente fue más fuerte que mi intención de terminar lo que empecé y mi pasión por el trail, casi apagada por cruzar ríos con agua hasta las rodillas en condiciones meteorológicas extremas. Según oía mi propia voz entremezclada con la lluvia y el viento, sabía que la decisión no tendría retorno.

Unas horas antes, en el avituallamiento de Cortes de la frontera (118km) ya sabía que la situación se complicaba. Llegué sin entrar en calor, a pesar de ir a buen ritmo de carrera, pero con los primeros síntomas de frio calado en el cuerpo.

Me tomo mi tiempo en ese avituallamiento, comiendo pasta para coger energías y sopa caliente para entrar en calor. Los guantes y el buff los coloqué encima de un pequeño radiador, en un intento de secarlos el tiempo que estuviese allí.

Junto a él veo una silla. Me siento buscando algo de calor mientras no paro de pensar en qué condiciones estará la Sierra de Grazalema, si también se habrán convertido los senderos en ríos.

Solo veía como única vía para poder enfrentarme con garantías a la noche del sábado conseguir ropa térmica en Villaluenga. Cogí el teléfono, activé la red y llamé a mi amigo Pablo. Él vive en Ronda, era mi opción más cercana y le daría tiempo a llevarme ropa a Villaluenga, estimaba casi 3h el tiempo que tardaría en llegar.

Cae la noche alrededor de El Bosque, nadie esperaba lo que acontecería mas adelante. 

No me coge el teléfono. Le mando un mensaje y desconecto de nuevo la red. La suerte estaba echada, el destino marcaría mi carrera, no podía hacer otra cosa más que alcanzar el siguiente punto y esperar a que mi mensaje llegara a su destino a tiempo.

Desde ese momento ya era consciente de mi error, el error que me hizo abandonar a falta de 40k de carrera y no poder completar mi primer 100 millas. Ese error no lo cometí durante la carrera, ni antes de ella ni en su preparación. Es un error que se comete desde el primer momento que decides enfrentarte a la montaña sin suficiente experiencia en ella.

Es ley de vida, la confianza es parte de nuestro entrenamiento, creer en nosotros mismos para salir indemnes ante tantas horas de esfuerzo, pero por contra la confianza hace que te confíes, que descuides los detalles más básicos y sobre todo subestimes a la madre naturaleza desde la siempre soleada Málaga.

A efectos prácticos, sentencié la carrera en dos momentos. El primero en no prever que tras intensas lluvias del viernes y sábado, los senderos podrían estar muy mal y eso conllevaría estar mojado, siendo necesario (y vital en esas circunstancias) ropa seca para mantener el máximo tiempo posible el calor corporal.

El segundo, haberme quitado la ropa térmica que tanto me protegió la noche del viernes en el avituallamiento de Ronda (km 88). Esa primera noche, para mí y me atrevo a decir que también para muchos de los participantes de la prueba, ha marcado un antes y un después.

Solo se es consciente de las condiciones de frio, ventisca, lluvia, hielo y nieve que sufrimos cuando se piensa a tiempo pasado.

Al  salir del avituallamiento del puerto del Boyar (km 33), momento en el cual estaba cayendo una gran tromba de agua, me comentó un voluntario que las condiciones en el Simancón eran muy malas, que había que abrigarse mucho y que estaban abandonado mucha gente al llegar al siguiente punto de control ( Villaluenga km 46). En ese momento me puse la camiseta térmica y el guante caliente para poder contrarrestar lo que vendría.

Momento previo al inicio de la subida al Simancon

Tan solo a pocos minutos de salir del gélido avituallamiento (soportales de refugio abierto al exterior) los caminos empezaban a mostrarse en lo que se había convertido ya para todo el recorrido. Los senderos se convirtieron en arroyos, donde pisar en seco era una misión complicada. En esos momentos empiezo a no sentir los dedos de las manos, una sensación muy extraña y preocupante que permanecía durante largo tiempo.

El uso de bastones me hacía tener las manos en alto, así que solo me quedó dejarlos y avanzar con las manos abajo moviendo los dedos constantemente para favorecer el riego sanguíneo. Pude salvar la papeleta antes de llegar a la ascensión del Simancón, donde la aparición de la nieve hacía el tramo muy entretenido hasta que el manto blanco cubrió todo lo que alumbraba el frontal y la ventisca empezó a hacer acto de presencia.

En la parte más alta, donde una larga explanada recorre su cumbre hasta volver a descender, no había tiempo de pensar con un viento polar que empujaba fuera del camino. Solo había una opción: correr lo más rápido posible para salir de allí cuanto antes.

La nieve acumulada desvelaba el camino a seguir, siguiendo los pasos de los corredores que dejaban su huella al pasar. Las pisadas de los corredores marcaban el camino centrando la concentración en protegerse de la ventisca

El cielo ya avisaba de lo que nos esperaría

Un antes y un después es lo que marca esta edición en cada uno de los participantes, voluntarios y organizadores por las condiciones que se desarrolló. Los tiempos de carrera, los tramos y pueblos de paso, la belleza del paisaje y los deseos por llegar a Pradollano tomaron un sentido muy distinto al que todos hubiésemos querido.

La montaña saco su lado más crudo y cruel sobre nosotros, recordándonos que es ella la que marca los tiempos, la que nos deja entrar en su ser y que debemos ser parte de ella, admirarla  y saber respetarla, porque sus riscos, ríos, senderos, cimas y montañas no son más que cicatrices en su piel de su larga vida.

Con algo de distancia en el tiempo desde que abandone mi primera carrera, los sentimientos siguen siendo los mismos. No me arrepiento de que mi yo racional se impusiera en aquel momento, me hizo sentir débil, con frio y sin ganas de seguir.

No gusta tener que abandonar, a nadie le gusta tirar la toalla aun en aquellas condiciones, y se puede llegar a justificar la retirada y parecer que era lo más sensato. Y lo era, pero los errores de previsión no me lo perdono, se queda grabado en mi diario personal y no puede volver a pasar.

Nos alimentamos de vivencias que van sumando momentos clave a recordar a lo largo de nuestra vida de corredor e incluso en nuestra vida cotidiana, y desde luego que Bandoleros 2017 forma parte especial de ese tarro de experiencias que da forma a nuestra forma de ver y entender la vida.

Momento previo a la salida. 

Mr M

Mirada al frente.

Nervioso e intimidado. Las palabras que podrían definir mi percepción de lo que me rodea ahora. 

Sentado esperando mi comida, a pocas horas de empezar la ultra, con el dorsal recogido, las mochilas entregadas y el trabajo realizado, la incertidumbre que siempre me acompaña en estos momentos se convierte en nervios y dudas. 

La noche no acompañara, se prevé viento, lluvia, niebla e incluso nieve en las cumbres. Desde luego que este panorama ayuda a tener nervios sobre lo que acechara cuando caiga la noche. 

Llego a la prueba con el plan de entrenos cumplido al 96%, siguiendo cada instrucción de mi entrenador y adecuando familia y tiempo libre a el objetivo. 

Esta vez, todo lo controlable no esta controlado. Los meses previos han sido muy atareados, poco tiempo para preparar los entrenamientos y la cabeza siempre ocupada con el día a día. Eso me ha llevado a no tener buenas sensaciones en estos 4 meses cuando los entrenos eran exigentes. 

Ahora mas que nunca hay que tirar de cabeza y casta. He de usar la experiencia de ultras anteriores y buscar la concentración máxima para evitar malos pensamientos que me lleven al fondo del abismo. 

Toca sacar la rabia contenida, mirar al frente y buscar con la mirada el siguiente punto.

Repetiremos una vez mas el mantra que me lleva persiguiendo mas de dos años en cada momento de bajón:

“Lo que se empieza, se termina”

M

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“La vida no es una caja de bombones Forrest, es una ultra maratón – Mr. M

“Los 101: la vida en 24 horas” – Mr. Surman 1

 

Prólogo

Mr. M, Mr. Surman1 de Marea Naranja, D. Emilio Chamizo y otros pocos forman parte del imaginario de héroes que se plantearon antes que yo realizar 101 Km y lo consiguieron. A ellos les debo esta crónica, pues abarcaron gran parte de mis pensamientos durante 101 Km y de ellos robo esta idea. A ellos y a todos y cada uno de los Bichos y de los NSB… y por encima de todos a mi mujer. Ellos son los que despertaron en mí una simple pregunta retórica… ¿Qué es la vida sin sufrir?…. 

… Ahora ya lo sé  yo también… una vida es una ultra… toda ultra… contiene una vida.

…. Paso pues a narrar mi vida a quien quiera compartir mi sufrimiento.

 

Concepción

Todo ciclo de la ovulación contiene días que alcanzan el zénit de la fertilidad. Para los 101 Km de Ronda de 2016, esta fertilidad duró sólo 49 segundos.  O conseguías fecundar y hacerte con un dorsal en ese minuto, o quedabas condenado al ostracismo, a intentarlo en otra ocasión, a no disfrutar de toda una vida.

Yo y mis compañeros de esta vida (mis amigos de la infancia y otros Bichos Runners) tuvimos suerte. Nuestros códigos entraron en periodo fértil. Tuvimos dorsal y con ellos, la posibilidad de nacer.

 

Embarazo

El embarazo prepara al embrión para convertirse en feto, y al feto para poder nacer y convertirse en bebé. Para mi vida durante los 101 Km, el embarazo consistió en 12 semanas de entrenamiento específico, diseñadas por Mr. Sensei.

A lo largo de este tiempo, preparé a mi cuerpo para soportar distancias épicas sin desfallecer, a través de constancia, pasión, compromiso y diálogo con mi entorno, especialmente con Virchy y Sofía,  a las que agradezco el apoyo incondicional brindado durante este periodo.

 

Parto

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Los marchadores nacimos el 14 de Mayo de 2016 a las 11:00 AM. La atmósfera legionaria; la emoción contenida del resto de participantes; la legendaria sombra de personas a la altura de Super Paco; el momento de saludar fraternalmente al resto de bichos la cena de la pasta del día anterior, compartida con Mr Montain y el resto de bichos; la recogida de dorsales y especialmente, las salves cantadas desde el palco, facilitaban un nacimiento mítico, donde en el rostro de familiares que contemplaban el espectáculo desde las gradas, ya se reflejaban algunas lágrimas y sólo con esto ya se erizaba la piel. ¡Dios mío, si sólo estamos empezando… ¿Qué nos esperarían las próximas horas?!! – pensé.

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Nos esperaban todas las emociones sensibles por el ser humano y condensadas en 101 Km, que bailarían entre ellas, mezclándose: Alegría con miedo. Ira con tristeza. Felicidad con sorpresa y con afecto…. emociones llenas de vida.

 

Lactancia

Ronda se volcó al 100%. Una vez nací, experimenté los colores de su paisaje, la calidez de su gente, la monumentalidad de su estructura. Aromas a pan recién hecho, a humedad de la lluvia, a jovialidad y espectáculo, a comercios que rebosaban energía. Con gritos de vamos, vamos, levité sobre el tajo. Tras el puente, la plaza. Ronda abrió las puertas de su corazón y nos permitió ser bombeados por su ruedo, como sangre fresca por arterias. Tras la plaza, más Ronda, más vamos, vamos… más viva, viva… más emoción… más vida.

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El casco urbano se fue alejando poco a poco, a través de una larga recta a través de la que se desplazaba un enorme gusano, lleno de color, vitalidad, esperanza y gloria. En su cola, los militares cerrando el paso. Olía a barro. Fango inofensivo que apenas frenaba. Refrescaba. Si esto era el barro que presagiaban las lluvias, bienvenido era ¡¡¡Cuan equivocado estaba!!!

Atravesé el brillante bosque mediterráneo, deslumbrante por la lluvia, por la vía de los pescadores y llegué al círculo cerrado de las navetas, donde aprendí a andar, a comer, a hidratarnos, a consolidar mi cuerpo a la carrera.

Cuando yo entraba en este círculo de aprendizaje, Mr. M y Mr. Belu salían, vaticinando un nivel de vida impresionante. Me alegré, al igual que me alegró muchísimo ver a Mrs Litle, apoyando a los bichos. Iba bastante suelto. Adelantaba. Buenos augurios.

 

Infancia

Al salir de las navetas, ya era todo un niño. Trotaba a velocidad de crucero, me alimentaba de forma autónoma, me hacía con la carrera. El campo verde, fresco, iluminado, brotando, jovial como también lo era mi ritmo de carrera.

Aún era un niño y con los niños de Arriate me fundí, chocando las manos. Nos trataban como héroes.

– ¡¡¡Choca, Choca!!! ¡¡¡ Eres un “PRO”!!!!. – Decían inocentes.

Pros son los que acaban en menos de 10 horas, o en 13, como M o Belu… yo sólo era un triste figura que disfutaba de una de sus experiencias top 5 de su vida, aunque en verdad, esa inocencia de niño me hizo sentir pro.

– ¡¡¡ ARRIBA ARRIATEEEEEE!!!!!, ¡¡¡VAMOSSSSS ARRIBAAAA!!! ¡¡¡ARRIBA ARRIATEEEEE!!!! – grité.

La multitud respondía dejándose hasta el último aliento. El pueblo entero se levantaba, y aplaudía, y ovacionaba…. Y eso te crecía… y pasabas sin ser consciente de ello a la adolescencia de la carrera.

 

Adolescencia

Toda adolescencia se hace muy cuesta arriba, pues es una edad cochina. Efectivamente, con precisión en el paralelismo de este relato, Arriate acabó en la cuesta de los cochinos, posiblemente la pendiente más larga de la carrera. Desde ahí brinqué de cortijo en cortijo, dimensionando mis pasos a velocidad que me podía permitir en subida. Toda competición exigente te pone en tu sitio, y en este instante, la carrera distinguía entre senderistas entrenados en cuestas y corredores que daban lo mejor de sí en llanos y bajadas. No por ello me dejaba amedrentar, pues cada uno tiene su ventaja competitiva a la que debe saber sacarle partido, aunque la mía estaba en otro instante. Lo mío no eran las cuestas. Me adelantaban por la derecha y por la izquierda.

Tras coronar el Polear, la situación cambió, las piernas se soltaban de forma sostenida y en pendiente pronunciaba. Volaba. Adelantaba a los que optaban por andar o trotar muy lentamente. Sentía que avanzaba. Sentía vida y esta fuerza te acompañaba hasta Alcalá, donde de nuevo los niños te llamaban “Pro” u optaban por reírse de ti, sin término medio, si te veían desencajado. Los lugareños vitoreaban:

– ¡¡¡ ARRIBA ALCALÁÁÁ!!!!!, ¡¡¡ VAMOSSSSS ARRIBAAAA!!! ¡¡¡ ¡¡¡ ARRIBA ALCALÁÁÁ!!!! – decía, y la multitud se dejaba hasta el último aliento otra vez.

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Justo en el zénit de kilómetros atravesé la cuesta con más gradiente, que te catapultaba para abandonar Alcalá y sumirte en un paisaje glorioso de naturaleza abundante, maleza enriquecida por las últimas lluvias, aromas desconocidos para un urbanita y sonido de pájaros y otros bichos. Humedad, verdor, frescor, ritmo y microclimas danzaban hasta impulsarte a Setenil, a través del sonido del agua que cargaba con violencia sobre las paredes de los arroyos, fundiéndose con los pasos de los que trotábamos.

Setenil fue una fiesta comunitaria. Jóvenes y mayores bebían en las calles y se amontonaban, estrechando aún más sus pequeños carriles, apoyando a la carrera.

– ¡¡¡ ARRIBA SETENIL!!!!!, ¡¡¡ VAMOSSSSS ARRIBAAAA!!! ¡¡¡ ¡¡¡ ARRIBA SETENIL!!!! – decíamos, y la multitud se dejaba hasta el último aliento una vez más.

… y los oriundos estrechaban aún más espacio en un escenario que te recordaba a los pueblos del Tour de Francia, o a los de la mítica UTMB, y conseguías llegar hasta el polideportivo, hito donde pasabas de la adolescencia a la madurez.

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En el polideportivo, a través del cambio de mochila, maduré de adolescente a adulto. Una ampolla irrumpió con fuerza al cambiar de calcetines. Fea y gorda. Me podía causar problemas en un futuro no muy lejano. Mi compañero Toni optó por amputar, con la inestimable ayuda de Mr. Lauval que me sujetó la cabeza para no mirar. Con pericia militar, Toni pasó aguja e hilo y saneó el líquido de la herida.

-¡Dos minutos y a correr!, – me dijo

-¿Qué hago con el hilo? – Pregunté.

-El hilo forma parte de ti hasta llegar a meta. Ni caso. ¡Vámonos!

… y así nos fuimos, aunque se nos esfumaron 45 minutos de vida en ese polideportivo, entre cambios de mochila, avituallamientos y ampollas. Costó retomar la inercia de carrera. Durante un par de kilómetros, estuve pensando en Annie Wilkes de Misery.

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Adultez

Setenil me hizo mayor. Asumí con responsabilidad el resto de la carrera, sabiendo que lo más duro estaba por llegar.  Me planteé racionar los kilómetros, asegurar los pasos cuando debiera y disfrutar trotando cuando pudiera.

La vida adulta pasa deprisa. Durante este tramo de carrera disfrutas menos. Recuerdas menos. Vives menos. Sólo te centras en avanzar y devorar kilómetros.

– ¡¡¡ Oooooootro ¡!!.- Gritábamos los NSB cada vez que el garmin sumaba uno.

La subida desde la Huerta del cura hasta Chinchilla fue bastante nefasta. Perdí posiciones. La carrera volvía a ponerme en mi sitio: entre los que no han entrenado suficientemente bien las subidas. Adopté la única estrategia válida posible, la de la mirada al frente y hacia delante, contando los kilómetros.

Al coronar chinchilla, pocos trotaban. Los NSB luchamos. ¿Quién dijo que a partir del 65, los participantes de nuestra talla no podían correr?¿Dónde estaba escrito?. David, Toni, Miguel y yo no nos resignamos a seguir marchando. Teníamos chispa, nos sentíamos frescos y conservábamos ganas, así que hicimos lo que habíamos venido a hacer: Trotar y dar lo mejor de nosotros.

Primero adelantamos a dos primeguis, luego a una decena más de participantes. Conforme pasábamos a gente, más rápido corríamos, hasta enfilar la mítica cuesta previa a la fuente de la higuera. La mayor parte andaba, nosotros levitábamos. 10, 20, 30…. Seguíamos adelantando.

-¡Son los kilómetros de la verdad!!! ¡¡Si adelantamos aquí, llegamos!!!! – animó Miguel.

Puse velocidad sub 6 min por Km. La carrera nos recolocó en nuestro sitio y es lugar eran bastantes posiciones por delante. El dibujo del circuito hace que toques Ronda, que toques la meta, que sientas la muerte de la carrera… pero realmente se encuentra a unos 20 Km de distancia.

– ¡¡¡¡Oooootrooooo!!! ¡¡¡Oooootrroooo!!!!- Seguíamos cantando cada vez que superábamos un Km.

Con la moral por los cielos, nos adentramos en el cuartel de la legión, punto mítico de la carrera, donde se producen cada año la mayor parte de los abandonos.

-“Al cuartel hay que entrar aún chispa”.- recomendó Mr. M a los bichos en los momentos previos a la salida. “Aún me queda mucha chispa. Voy muy bien”.- Pensé.

En la puerta, avituallamiento frío. En el comedor, avituallamiento caliente. Al entrar, el cambio de temperatura se hace notorio. Fuera el termómetro debía situarse en torno a los 10 grados. Dentro pasaría de 25. Al cruzar las puertas del comedor, el desvencijado edificio parece un paraíso: las sillas, lujosos y acolchados tronos; las mesas y la comida, auténticos manjares; las cocineras, auténticas sacerdotisas que suministran miel y ambrosía, el manjar de los dioses. ¡¡¡Había televisión!!!

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-¡¡¡ Ni se nos ocurra sentarnos!!!.- Dijo David. .- Vamos a salir de aquí rápido o la carrera habrá acabado para nosotros. – Añadió como si le estuviera aconsejando la mismísima Cirse, quien advirtió a Ulises de los peligros de los cantos de sirena…

Ciertamente el bullicio del resto de los participantes, sus familiares y los televisores, invitaban a reposar. Un estridente ruido enmudeció la sala. Un corredor desfalleció, cayendo de súbito desplomado. Afortunadamente la cosa no pasó a mayores, pero nos animó devorar la sopa, el arroz y el perrito caliente para salir cuanto antes de allí, de vuelta a los 10 grados.

Cambiamos las mochilas, saludamos al resto de heroicos bichos que encontramos (Mrs Monroe, titánica; Mr. Sebas; Mr. Rubio; Mr. Boar; Mr. Buzo y Mr. Beetle y enfilamos a trote la senectud, hasta llegar a la cuesta de la Ermita de Montejaque, donde entramos de pleno en la vejez.

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Sabía que la subida a la ermita era la cuesta más dura de la prueba, quizá no tanto por su pendiente o por su trayecto, sino por la propia escasez de fuerzas, algo ya decrépitas. Toni, David, Miguel y Yo debíamos llegar juntos. Guardamos fuerzas. A partir de aquí, se acabó el trotar. Ciertamente, ya no se producían adelantamientos significativos, ni por parte nuestra, ni por parte del resto. La carrera dictó sentencia en las posiciones a partir de este momento: así se quedarían los que consigan llegar. Aun así, se producían abandonos, muy a pesar de quienes, aun habiendo sobrevivido a las seductoras sirenas del cuartel, sufrían calambres, desfallecimientos o simplemente ausencia de voluntad para continuar.

Coronar la ermita dejó un sabor agradable. Esperaba un templo cargado de magnificencia y decoro, pero encontré a la izquierda un simpático, austero y humilde templete. Tras él, inicié la bajada, sumido en la más absoluta oscuridad. Miré arriba, me sentí pleno acompañado por las estrellas. En estas condiciones, la capacidad de introspección se agudiza. Contestas a preguntas de tu yo interior. Ordenar armónicamente la información. Los sentidos pasan a segundo plano, salvo por la belleza de las montañas que bordean Benaojan.

Al mirar atrás, vislumbraba centenares de frontales que desfilan tras de mí, dejando una línea de puntos que se perdía lo lejos. El escenario me recordó al relato de Bécquer del monte de las ánimas, o al desfile de almas errantes de la escena de Poltergeist.

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Cruzamos Benaojan. Admirable como a las 3 de la mañana aún había lugareños animando, aunque a esas alturas carecía de fuerzas para un ¡¡¡ ARRIBA BENAOJÁN!!!!!  Les miraba a los ojos, pero no tenía fuerzas para articular palabra. No hacía falta, en su mirada había complicidad y apoyo y que estuvieran ahí a esa hora, también me hizo sentir como me hicieron sentir los niños de Arriate…. muy “pro”.

Pensé en Sofía. Pensé en Virginia. Pensé en mis padres y mis familiares. Pensé en todos los que me rodean. Pensé en los Bichos, en los que están aún en carrera, en los que han llegado y en los que estaban expectantes alegrándose por nosotros. Pensé en Mr. White, cuyos pasos ya han llegado más lejos que cualquiera de los nuestros. Pensé en mi hermana, que había vencido a su batalla. Pensé en los que están, en los que no están (Ramón Martínez, entre otros). Pensé en Dios y di gracias. Detrás de esta plenitud, sólo podía estar él. Pensé en los NSB que estaban a mi lado, acompañando mis pasos y me sentí afortunado. Pocos terminan los 101 en compañía de sus mejores amigos de la infancia. Pensé en Doc Brown, cuando revelaba a los del salvaje oeste que un día el hombre sólo correría por placer. Sonreí.

Pronto me adentro en el infierno y salgo del estado introspectivo al estado “constant tensión”. El barro aparece. Aunque se le esperaba, ataca con una virulencia desprevenida. Conseguimos a duras penas, ascendiendo con precaución. Resbalamos, caemos, nos levantamos, caemos. Nos quedamos anclados. Nos resbalamos. A las 4 AM nos pasa factura el cansancio y el lodo para el que no estamos entrenados. Coronamos el ascenso, pero el descenso fue aún peor. Caemos. Nos levantamos. Nos resignamos a seguir, luchando por no correr la misma suerte que Artax, devorado por el pantano de la tristeza. 25 minutos por kilómetro, más de una hora en ese lodazal.

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Tras el barro, pocos son mis recuerdos. Entre el 95 y el 99, el cansancio me vuelve muy viejo. Senil. Recuerdo vagamente pasar por un estado de frondosa vegetación. Al fondo, en el cielo se intuían las primeras llamaradas del amanecer. Recuerdo el aroma a café de los puestos de avituallamiento. Recuerdo avistar el tajo a mi izquierda, iluminado como el sol, señalando la gloria. Recuerdo como pensé que la victoria sería nuestra y ya nadie podría arrebatárnosla. Recuerdo como ya no caminaba, deambulaba sonámbulo. Luchaba por mantener los ojos abiertos.

Llegamos al KM 100, el inicio de la cuesta del cachondeo. Subimos con muchísima emoción. Nos felicitamos. La carrera llegaba a su fin. Ronda nos recibía madrugador. La cuesta daba paso a la monumentalidad de la ciudad. En silencio, vuelvo a pensar. Pienso en este deporte como instrumento psicoterapeutico. Pienso en este deporte como instrumento de paz. Tal vez el secreto para la concordia resida en fomentar que  los seres humanos corran largas distancias junto a otros, y no huyendo de otros.

– “Felicidades…. cómo sois los bichos… os machacan, os trituran, parece que morís pero luego siempre estáis ahí… enhorabuena!!”.- Me giro y veo a Mena de Runs App. Yo contesto con un simple “gracias” y una mirada de complicidad, acompañada de un abrazo.

Cruzamos el suelo de uno de los puentes más bellos del mundo. Giramos a la derecha, rumbo al arco de meta.

Muerte

Dicen que al morir contemplas toda tu vida en un segundo y que te acompañan tus seres queridos. En ese segundo me pasaron flashes de la plaza de toros, de ¡¡¡Arriba arriate!!!, de la ampolla de Setenil, del canto de sirena, del olor del café, del lodo y sobretodo de un pensamiento: los NSB lo habíamos conseguido. Alcé la mirada. Vi la sudadera de Law, ya vestido como finisher cientounero. Lo había logrado!!! Y Jc!!!!!! Bravo!!!! Vi a Mrs Little y al lado vi al rostro más angelical de la faz de la tierra. La madre de mi hija. Mi querida Virchy. Pensé en Sofía. Rompí a llorar. Saludé a María, que aguardaba paciente y emocionaba a David.

– ¡Lo has hecho cabrón, eres un crack! – Me dijo Mr. Beluga señalándome. Le abracé. Él sí que fue un crack, debutando en apenas 13 horas y sin entreno específico.

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Los NSB nos colocamos con paso decidido en meta. Paramos a pie de línea. Nos hicimos una foto. Nos abrazamos. Giré. Alcé los brazos y lancé un grito matando la carrera.

– ¡¡¡¡ Toooomaaaaaaaaa!!!!!!

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Fin de la vida.

Al otro lado me esperaba Mr. M, que sin percatarme grababa la escena, en un regalo a la altura del de Mr. Lizard dos años y medio cuando grabó mi último kilómetro en mi primer maratón.

– “Gracias por recomendarme esta mierda”.- Le confesé. Te lo debo, M.

Así de cierto…  una vida es una ultra… toda ultra… contiene una vida.

¿Qué es la vida sin sufrir?

Mr. Fartleks Killer

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“Javi, terminar Calamorro te hace héroe. No questions!” – Mr. Belu

Cada pueblo tiene sus mitos, leyendas y lugares significativos que impregnan tus recuerdos para siempre. Nacer y crecer en Arroyo de la Miel, te dota de un gentilicio: el de chichilindri.  Esta palabra  te condiciona a contemplar a diario la belleza del mar, y en dirección opuesta, enfrentarte al contraste de la magnificencia de su Skyline, dibujado por sus dos cerros más significativos, que sirven de Atalaya: el Carramolo (así llamamos los chichilindris al Calamorro), y el Cerro del Moro, coronado por el repetidor, y que justamente dibujan el trazado de la Calamorro Trail, prueba reputada y ya consolidada en el calendario de CxM.

Para un niño pequeño de mi generación (nací en el 78), el repetidor es un lugar mítico. Aquel amasijo de hierros posibilitaba que la primera y la segunda se vieran con una mayor nitidez en la tele, frente a los mismos canales que recogían la señal desde el Mulhacen, donde la imagen aparecía cargada de “palomitas” que roían el vidrio del televisor y el audio cargado de interferencias.

Todos los chichilindris de mi generación, guardan recuerdos entrañables impregnados con esos lugares. Por ejemplo, allá por el 83, el Arroyo apareció más frío que nunca. Al ir al colegio, niños y mayores contemplaban con ilusión, extrañeza y embobamiento una estampa histórica. El Calamorro y el repetidor… ¡¡¡estaban nevados!!!!!

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También recordamos como un par de años más tardes, el fuego fagocitó toda la montaña y la densa arboleda de pinos, quedó reducida a tragedia calcinada, para tristeza de los lugareños.

Mi padre solía llevarnos hasta esa antena. Para ello, había que subir en coche hasta cerca de Mijas y desviarte por una estrecha carretera plagada de curvas que ascendía serpenteante. Desde allí, el aire era puro y el horizonte, infinito. Una vez, ya de adolescente, incluso conseguí coronarlo en bici. Su trabajo costó, pero el esfuerzo mereció la pena.

Llevaba ya un tiempo queriéndome iniciar en alguna competición de Trail Running. Si bien había cumplido varias veces con el ritual de subir al lobo, característico de los bichos y en alguna ocasión incluso coronar el Calamorro, nunca había realizado rutas mayores a 12 Km y mucho menos competir.

Mr M me provocó: “Calamorro hace héroes. Es muy dura. Elige otra más fácil para empezar, pero si decides hacerla y la terminas, te ganas el derecho de entrar en el Olimpo” –  Las palabras héroe y olimpo resonaron en mis neuronas durante meses. Definitivamente había que debutar allí, me pesara lo que me pesara.

Arrastraba molestias en el metatarso desde la última maratón, que me impidieron entrenar específicamente la carrera, no obstante decidí mirar hacia delante. Mi pasaporte al Olimpo no podía postergarse.

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El resto, es historia…. Subidas, bajadas, toboganes que rememoran la escena de las vagonetas de la mina en Indiana Jones y el templo maldito. Comí y bebí como si no hubiera un mañana en los avituallamientos y sentí el micro clima característico de la zona de los bancales, donde necesitas emplear más de 20 minutos para avanzar unos escasos 400 metros. Allí es donde te dejas la piel de humano y, si consigues coronar el pico, el horizonte se te hace infinito y la majestuosidad del repetidor te corona como héroe para el resto de tu vida.

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El dolor agonizante del metatarso, se mitigó con la ayuda de Mr. Law, fiel escudero iniciático en esta aventura, además de la ayuda del grupo de Mrs Rayban, la organización y el resto de corredores, especialmente aquellos provenientes del gran Club Axarlon.

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Definitivamente llegué a meta, donde me esperaban los besos de mi mujer y de mi hija que me supieron a miel y ambrosía, y el resto de los bichos que participaron de la épica.

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Gracias Law, por guiarme hasta la meta del Calamorro Trail… ALLÁ DONDE SE FORJAN LOS HÉROES!!!!

Mr. Fartleks Killer

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Cuando llevas un tiempo corriendo, cumpliendo con tu planificación, y superando tus objetivos, el running deja de ser sólo deporte, para convertirse en algo terapéutico… un sistema de vida.

El running no sólo aporta beneficios deportivos, sus logros también se irradian al resto de aspectos de nuestra vida.

Ten en cuenta que formamos partes de numerosos sistemas que se relacionan unos con otros. Nuestra composición humana es un ejemplo ilustrativo de ello. Como sabes, estamos compuestos por sistema circulatorio, sistema nervioso, sistema muscular, sistema linfático… los diversos sistemas interrelacionan entre sí, desde una perspectiva holística. Un fallo en uno, tiene efectos sobre el resto.

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Nuestros sistemas no sólo se limitan a la esfera corporal. Ya lo decían los latinos (y luego se apropió de ello la prestigiosa marca de zapatillas, ASICS) “Anima Sana In Corpore Sano”, y el running te deja el cuerpo sano, sano…

Todo está relacionado. Formamos parte de otros sistemas: sistema familiar, sistema laboral, sistema deportivo…. Que forman parte de nosotros mismos, se alimentan unos de otros en sus relaciones.

Hay toda una teoría desarrollada al respecto, con una fuerte influencia en el ámbito de la psicología y con aplicaciones prácticas al campo de la psicología deportiva, en la línea de lo que tú estás comentando. Esta teoría a la que me refiero es la “TEORÍA GENERAL DE SISTEMAS”, desarrollada inicialmente por Von Bertalanffy.

Una buena progresión como corredor popular te proporcionará beneficios en la salud y en tu autoestima que irradiarán sus efectos positivos sobre el resto de sistemas. Para ser runner no sólo entrenas tu cuerpo, también entrenas a aceptar tus limitaciones, a superar tus debilidades y a comprometerte con proyectos a largo plazo, y esto son valores que son igualmente válidos para tus estudios, tu profesión, tu familia y tu forma de vida.

Desgraciadamente, los aspectos negativos de nuestra vida, generan un impacto emocional con más facilidad que los aspectos positivos. Es más fácil caer en una espiral negativa, que en una espiral positiva. El running amortigua a los efectos negativos y potencia los efectos positivos, en parte por su influencia sobre la bioquímica corporal.

Como forma de acabar el año, te propongo que te comprometas a tomar consciencia de todo lo positivo que te rodea, no sólo por influencia directa del running, sino por el resto de sistemas que influyen en tu vida. Si lo haces, el resultado de todo un año será espectacular. Para ello, te propongo en siguiente ejercicio:

Hazte con una hucha. Servirán las de tipo cerdito de toda la vida, o una caja de zapatos, o un tarro de cristal bien grande. A partir del 1 de enero, comprométete a escribir en trozos de papel todas las experiencias positivas que te vayan sucediendo a lo largo del año, Por ejemplo:

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  • 1 enero: A pesar de la resaca del 31, corrí 10 km
  • 2 enero: me encantó la guerra de las galaxias
  • 6 enero: disfruté de un entrañable día de reyes con mi familia
  • 11 enero: afronté la vuelta al trabajo de forma muy positiva
  • ….

Tus eventos positivos son tuyos. Añade cualquier competición, cualquier encuentro familiar o con amigos, cualquier momento especial, cualquier cosa que te haya ocurrido que sea positiva. Dobla muy bien el papelito e introdúcelo en la hucha. NO INTRODUZCAS NINGÚN SENTIMIENTO NEGATIVO!!! Sólo valen las experiencias positivas!!!!!

El 31 de enero, rompe la hucha, disfruta de la espiral positiva que hayas construido. Valora qué logros están directamente o indirectamente relacionados con el running, te sorprenderá lo que vas a encontrar. Resetea el año y comprométete con una nueva hucha. Visibiliza tus espirales positivas!!!!

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Feliz 2016 que sin duda tendrá una tendencia en espiral positiva !!!!!

Mr Fartleks Killer