Monthly Archives: junio 2015

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Hace unos años, se popularizó un conocido libro denominado “El Secreto”. Supuso un sonado best seller, aunque desde mi punto de vista, fue un “timotazo”… un timo en forma de pelotazo. Polémica aparte, el libro tenía un componente significativo: “El poder de la visualización y de creer firmemente en tus metas”… y en esto hay parte de razón.

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Visualizar tu meta no consiste en un procedimiento mágico, esotérico o misterioso. En el post #4 el Horizonte: fijar objetivos, hablamos de algunas estrategias para definir y alcanzar objetivos. Este post es su complemento.

Proyectar situaciones en tu mente es algo que se realiza constantemente a lo largo del día. Al despertar, es fácil imaginar cómo transcurrirá la jornada diaria. Al planificar un viaje, es fácil que imaginemos con quién iremos, cómo será el lugar donde nos alojaremos, qué comeremos, cómo nos desplazaremos…

La imaginación es uno de los recursos cognitivos más potentes del ser humano. Este mismo recurso  está íntimamente ligado a la capacidad de planificar. Imaginar es una herramienta muy útil para anticipar situaciones.

Neurofisiológicamente, no sólo las experiencias vividas sirven para construir conexiones neuronales. También la imaginación las puede producir. Por lo tanto, la practica mental de imaginar situaciones, modifican el cerebro a nivel de las neuronas que la componen. ¿Qué quiere decir esto? Que a nivel cerebral, imaginar es vivir.

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Imaginar situaciones en las que conseguimos el éxito en nuestros propósitos, permitirá a nuestro cerebro generar reacciones como si las estuviera viviendo, asociándola a emociones positivas. Imaginar situaciones en las que fracasamos, predispondrá a nuestro cerebro a emociones negativas como la ira o la tristeza, que facilitarán una reacción conducentes al fracaso, auto cumpliendo nuestras expectativas.

En resumen, imaginar propicia que puedas vivir la situación tal y como la has visualizado.

Entonces… si yo imagino correctamente que puedo correr un maratón sin antes haber entrenado para ello y sin haber practicado algún deporte habitualmente… ¿Podré conseguirlo? Rotundamente no. La imaginación es poder… pero no milagro. No por mucho imaginar que soy Superman, hará que vuele… y es aquí donde “El Secreto”, libro que habíamos mencionado antes, falla.

Pero entonces…. ¿Cómo visualizar de forma correcta?

La primera premisa, es entrenar correctamente. Alimentar a nuestro cuerpo y a nuestra mente de estímulos que luego sean fáciles recordar. Sin entrenamiento, no habrá éxito. Con entrenamiento, ayudado de una buena técnica de visualización, las probabilidades de que algo falle, de que nos vengamos abajo, o de que no tengamos la mentalidad adecuada para los objetivos de la carrera, se disminuirán.

Fomenta tu imaginación. En cada entrenamiento en el que tengas buenas sensaciones, imagínate a ti mismo que estás corriendo esa carerra donde tienes fijado tu objetivo. Así es como te quieres ver el día de la carrera!!!!.

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Mírate como si estuvieras contemplando una película. Imagina con detalle, en qué condiciones se realizará la carrera ¿Hará calor, o hará frío? ¿Qué llevarás puesto? Visualiza la ropa, su textura, sus colores. Visualiza detalles del tipo ¿Cómo serán los avituallamientos? ¿Cómo es el recorrido? ¿Qué habré cenado la noche antes? ¿Cuáles son las emociones que sentiré en la línea de salida? ¿En qué Km podrán faltarme las fuerzas? ¿Qué estrategia desarrollaré para paliar mis dificultades? Contempla todos los detalles. No escatimes en visualizarte a ti mismo superando los obstáculos que podrás encontrar por el camino, y lo más importante… visualízate cruzando la meta cumpliendo tu objetivo!!!!.

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Has de visualizar la situación de forma nítida y real. Aleja cualquier pensamiento negativo. No rumies el fracaso, aléjalo de ti. Visualiza el éxito. Si lo tienes todo previsto de forma, has entrenado y lo has visualizado…. Ya sólo te faltará cruzar la meta!!!!

Mr Farleks Killer

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Querid@s Bich@s, dicen que el Running es cuestión de sensaciones.
Por eso el estrenarme aquí y qué mejor manera que con una experiencia nueva. Mejor dicho, con dos una escribir para mis bich@s y dos compartir sensaciones.

Todo esto comenzó hace unos días, dicen que sin retos e ilusiones no hay vida y gracias a Little y Law decidí poner está en marcha. Siempre como no, con la aprobación de mi Sensei particular (mil gracias por sacar lo mejor de mí y presentarme a estos loc@s del deporte). Sinceramente esto es como todo, dar un paso y no parar.

Si hace un par de semanas me dicen Trail, Zenete y 27 Kilómetros, yo diría… !Ni de Coña!. Pero hechas la vista atrás y recuerdas.

Marzo 2014 te regalan una Zapatillas y decides reanudar lo que nunca debiste dejar, solo que tú ya no eres el mismo (mente de Runner cuerpo de persona sedentaria).

104 kilos lastraban mis ilusiones de ser el que era. Pero como siempre el querer es poder, no iba a rendirme en el primer paso.

Paso a paso fuí proponiéndome retos y fueron cayendo, a la vez que mi autoestima se reforzaba empujándome a dar un nuevo paso para seguir adelante y mi cuerpo se iba transformando sin darme cuenta.

Mi filosofía también cambiaba: antes corría para perder peso, ahora era porque me sentía runner. Estaba enganchado a esto. El peso era ya secundario, me sentía bien haciendo esto, era un premio a mi esfuerzo y constancia.

Primero fué correr 30′ (al principio andaba más que corría), después termine 5 kilómetros (con mi vena solidaria que aflora con este deporte, mi reto era correr por los que no pueden hacerlo) y coincidí con mi Sensei Mr Lizard y con él surgió otro nuevo reto.

Al principio ya sabréis lo que dije: Media Maratón… ¡Ni de coña!

¿Pero por qué no? Si él cree en ti, ¿por qué no creer tú? (Justo la misma situación de ahora, pero con diferentes protagonistas)

Gracias a Raúl conocí a los Bichos, los cuales me demostraron que no estoy loco. Los locos son los que no nos entienden (!Killo! Hay gente como yo. No soy un Bicho raro… soy un Bicho Runner)

Después vino el bajar marcas que ni me imaginaba hacer mese atrás y por fin mi última aventura… el Trail.

Sábado Día 20 de Junio, 8.00 de la mañana. El que me conoce sabe que madrugar no es lo mío, pero la fiebre del running es superior al sueño y mis sueños no se consiguen durmiendo, sino paso a paso.

Nervioso como el que no sabe lo que le espera, pero confiado. Quien mejor para bautizarme, que quien más confía en tí y te hace superarte con sus retos.

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Comienza nuestra subida, como todo lo que merece la pena cuesta, pero me encuentro bien. Poquito a poco se va complicado la cosa, esto no es asfalto y no es lo que suelo hacer, un ritmo a piñón y siempre igual.

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En mi mente no defraudar, pero cada vez cuesta más y llega el momento de tener que andar. Me cabreo conmigo mismo. En asfalto no acostumbro a parar. Raúl que sabe cómo soy me lo nota y me tranquiliza convenciéndome que voy mejor de lo que él esperaba, así que habrá que darle más caña.

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Me miro el pecho y siento a más de un bicho empujándome y eso me ayuda (cuando flaquean las fuerzas, recuerda que un Bicho nunca corre solo, la manada siempre está presente).

10574283_10153067250898353_7732610805804341239_nPor fin nuestra llegada a la cima. Como en la vida, llegar a lo más alto cuesta, pero mereció la pena. Satisfacción plena por haber completado el reto, ver el mundo a tus pies, acompañado de aire puro y vistas de fotos de libros. Una gran recompensa.

10153740_10153067249783353_5104637774647432367_nLa bajada es plenitud y disfrutar de sentir tus músculos libres. Recordar lo dejado a atrás y recordar lo que costó lograr lo conseguido. En la vida las bajadas no suelen ser buenas, ni los malos momentos tampoco, pero os aseguro que siempre quedan montañas por subir y carreras que correr (pregúntenle sino a Fali, gran Bicho, persona y un ejemplo a seguir. Nadie como tú sabe lo que es superar y burlar a quien tú sabes)
Me despido sin más, esperando a mis nuevos retos y montañas

 Mr Zuki

 

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Suena el despertador en la Turtle’s Home , contrariamente a nuestra naturaleza nos levantamos rápidamente y nos vestimos con el uniforme preparados para la batalla y las pinturas de guerra.

Estamos nerviosos, nos vamos de Trail y no sabemos que es…

Cuatro bichos han estado en Montejaque mientras nosotros dormíamos, esos son criaturas nocturnas no como las Tortugas,  al menos por ahora … nunca se sabe.

Llegamos a la línea de salida y vemos como siempre un montón de liebres que van a salir rápidas, nosotros a nuestro ritmo.

Son solo 14 Kilómetros nos decimos, pero no sabemos que los kilómetros en el campo no miden todos igual.

Dan la salida, nos indican que como nos vamos a cruzar en varios puntos vayamos siempre por la izquierda.

Salimos, los primeros vuelan y nosotros a ganar, a terminar nuestra carrera.

Por suerte el día está un poco nublado en Bobadilla, otra de las cosas buenas de correr es que vas adquiriendo cultura geográfica, eso sí, después de perderse en varias ocasiones. Empezamos a correr por una pista entre olivos y en diez minutos vemos una fila de corredores delante nuestra en fila cada uno a su ritmo y al fondo una subida por un sendero a un montecillo que  nos deja las piernas duras

Continúan los kilómetros, unos más lentos y otros más rápidos, subidas andando y bajadas corriendo y pasamos junto a unos pinares, y seguimos corriendo y en uno de los tramos más llanos miro el reloj que marca los ritmos 6’33” y ahí mi cabeza me lleva al 6 de Diciembre, empiezo a estar en modo Maratón y empiezo a ver la Alameda, y a los Bichos corriendo a mi lado, vuelvo al presente, me centro de nuevo en lo que nos queda y disfruto.

En el Kilómetro 12 Mrs. Turtle me hace una señal, 12 km lo que vamos a correr en Etiopía, esto ya está hecho, África nos espera,

Llegamos a meta, una vez más hemos vuelto a ganar, he estrenado la camel-bag.

Nos espera una paellita que dicen que ha supervisado el Chef Roncero con estrella Michelin, y entre unas cañas brindamos por las próximas carreras, ahí esta Jose María otro loco que va a correr Málaga, y Pablo al que intentamos liar para que se una a los maratonianos.

Nos volvemos, mandamos nuestra foto por wasap al resto de Bichos que están de Barbacoa con el Sensei, y volvemos a casa con la sensación del deber cumplido.

De nuevo en Turtle´s Home. Al final va a ser verdad que esto es algo más que correr.

Mr Turtle

 

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Hace un par de semanas, recibo un mensaje corto pero intenso, uno de esos que no te esperas y que va directo a la mandíbula:

“Echo en falta un #3- 101 pasos menos para el UTMB”.

Tenía toda la razón. No había escrito sobre la última carrera pero había una explicación: No tenía la motivación suficiente para ponerme a escribir sobre mi primera etapa de del desafío.

¿Debía desconectar de las carreras? ¿Me saturé de meter en la “buchaca” tantos kilómetros de una vez? ¿Muchos meses pensando en el día 101 y ahora que ha pasado he perdido la pasión por las ultras? Quién sabe….

Respondí a dicho mensaje diciendo que en mi próximo viaje de muchas horas en avión me pondría a escribir sobre mi carrera, y aquí estoy en medio del Océano Atlántico a muchos pies de altura, sobrevolando las nubes buscando la inspiración perdida estas semanas atrás para escribir algo que pueda ser de interés.

Os contare muy brevemente la carrera, ya que ni fue tan épica como mi anterior participación ni me apetece dar detalles de una carrera de guión pseudo-perfecta.

 Bueno, pues allá vamos: Objetivo sub 15 horas activado.

Pre carrera: Si el año pasado viajé solo a Ronda y con todas las incógnitas de la carrera sin resolver, esta vez íbamos varios bichos a la cita, todo perfectamente coordinado por Mrs Little y nuestro lugareño Mr Mountain, pudiendo permitirme incluso el lujo de dejarme en casa mi “motivador” (colchón inflable que se desinfla por la noche lentamente hasta tocar tus huesos contra el suelo y lo que más te apetece es que amanezca y que empiece la carrera cuanto antes).

Todo lo que acontece las horas previas a la carrera ya es conocido:

llegada a Ronda – cena de la pasta con buenos amigos – noche de nervios pre carrera – caminata al estadio –  nervios para coger posición adelantada en la salida – gorra en mano – vivas al rey  – gorra puesta de nuevo – allá vamos.

IMG_6741Recogida de dorsal y de camino a la cena de la pasta

IMG_6807Mr Law y Mr Pro me acompañan en la salida. Todo preparado para la aventura. 

La carrera: La carrera transcurre según mi plan inicial y marcando exhaustivamente los tiempos previstos en cada avituallamiento.

Las sensaciones son extrañas desde el comienzo: pesadez en las piernas y dolores puntuales en articulaciones, pero consciente de que muscularmente este año voy muy bien preparado, por lo que sigo marcando los ritmos previstos y voy llegando a los puntos de referencia principales con puntualidad británica: Km 56 (Setenil) en 7h y km 77 (Cuartel) antes de las 10h de carrera.

IMG_6699Km 56 en Setenil. Cumpliendo el plan al 100%. Mucha alegría ver a nuestras supporters allí.

Llego al cuartel con las fuerzas ya algo justas, no había podido comer nada sólido desde hacía 3 horas en Setenil y me había propuesto ingerir todo aquello que me pusieran por delante en el comedor para poder recargar combustible.

Problemas: estómago cerrado. Solo puedo tomar algo de sopa caliente y nada más. Esto no pinta bien. Decido salir lo antes posible de la trampa del Cuartel antes de que mi cuerpo se acostumbre al descanso. Hasta ahora los avituallamientos los había hecho muy rápidos y sin parar y me había ido bien, así seguiría esa estrategia aquí también.

Según salgo del cuartel rumbo a Montejaque, la poca sopa que me tomé en el comedor del Cuartel me empieza a molestar en el estómago y me impide correr, incluso trotar.
Ronda, tenemos un problema.

Sobre lo que pasó en los siguientes kilómetros volveré más tarde.

A 1 kilómetro de llegar a la Ermita de Montejaque recuperé las sensaciones y pude volver a correr, gracias a que pude comer una barrita de cereales, casi grano a grano, consciente de la necesidad de ingerir energías si quería llegar a ronda, aunque fuese andando.

Una vez recuperado, el resto de carrera seria apretar dientes, mantener el ritmo y mirar hacia delante.

A la 1:20 aprox. mando esta fotografía a mis compañeros de los bichos:

IMG_6693“Así luce el tajo ahora. No puedo quedarme. Me espera un sub 15 XD “

Y efectivamente cumplí mi objetivo con holgura: 14h 37′

Objetivo cumplido. Era lo que quería y lo que he estado buscando durante 3 meses de entrenamientos.

Cruzo la meta. Sí, estoy contento, pero me falta algo.

Había soñado ese momento muchas veces durante los entrenamientos y se me saltaban las lágrimas pensando en ese momento y ver a mis amigos allí esperándome.

Al llegar a Ronda efectivamente mis amigos que pudieron ir estaban allí esperándome (lo demás estaban también de alguna forma presentes), pero las lágrimas no aparecieron.

IMG_6758Fotografía tomada por mis amigos al entrar en meta. Gracias chic@s. Me alegré mucho de veros allí y de sentir al resto de la manada desde la distancia.

¿Por qué no salieron las lágrimas? Todo salió según lo planificado y soñado. ¿Entonces? ¿Qué es ese algo que me falta?
Cuando salí del cuartel con mi estómago dolorido por la paliza que le había dado de mucha agua y poco sólido, fui consciente de que no volvería a correr esa noche, que mis opciones de sub 15 se me iban reduciendo por cada corredor que me adelantaba mientras yo encaraba la larga noche rondeña con paso lento resignado a mi destino.

En ese momento empecé a pensar de que había estado buscando durante todo el día algo que no es habitual en mí: una marca.

Sería por falta de energía en mi cuerpo, por el cansancio o por el agotamiento mental, que me culpaba de haber querido hacer algo que va en contra del significado del running para mí. Perseguir una marca es una buena forma de auto motivarse, pero una vez en competición, lo que siempre busco es disfrutar.

Me culpaba de haber querido hacer algo que, en ese momento, pensaba que no era capaz.
Supongo que en esa caminata lentorra por la sierra debiera haberme culpado de todo el esfuerzo invertido, de levantarme los domingos muy temprano para entrenar, del tiempo robado a mi familia, y todo esos pequeños sacrificios que hacemos los que nos hemos enamorado de este deporte.

Pero no me sentía así. Sabía que lo había hecho todo bien.
Debido a mi falta de tiempo disponible, pedí ayuda a un entrenador profesional para tener el máximo rendimiento del tiempo invertido.

Para cuidar mi salud, hace ya tiempo hemos adaptado hábitos de comida saludable en casa y seleccionaba en lo posible la comida cuando debía comer fuera.
Para afectar lo menos posible mis entrenos a mi familia, entrenaba por las noches, a la hora de comer en el trabajo y hacía las tiradas largas muy temprano para volver a casa pronto.

Entonces, ¿por qué no me alegro de mi tiempo o al menos de haber terminado?
Siempre pensé que bajar de 15h los 101 era para gente que sabía correr en montaña. Sin embargo no me siento parte integrante de ese grupo de “élite.”

Ahora que escribo estas líneas, pienso que la razón de no sentirme “Dios del Olimpo” al cruzar la línea de meta es porque me rendí 24 kilómetros atrás. En ese momento tiré la toalla. Pensé que no podía correr y me lo creí. Game Over.

Acepté que mientras mantuviera ese ritmo de caminata llegaría a ronda en al menos 6 horas más…

Me ganó la mente. Me dejé engañar por el cansancio (incluso momentáneamente se me paso por la cabeza echar una cabezadita en alguna piedra, el sueño incluso me iba a vencer), y eso no estaba en mi plan. No contaba con esa parte. Esa supuesta experiencia que me hacía ver la carrera fácil y controlada me controló a mí.

No me acordé de la carrera del año pasado, de los 3 take-down que tuve y las 3 resurrecciones posteriores.

Scott Jurek, uno de los ultra fondistas más laureados de la historia, en su libro “correr, comer, vivir” cuenta lo que hace cuando le salen mal las cosas en una carrera:
1. Lamentarse de lo ocurrido y echarse la culpa. Desahogarse, somos humanos y tenemos sentimientos.

2. Analizar la situación y tomar una decisión. Ver en qué momento nos hemos equivocado y ver las opciones disponibles.

3. Actuar. Llevar a cabo la estrategia marcada.

4. Aprender de lo ocurrido. No puede volver a pasar, somos humanos pero racionales.

Pues eso debiera haber hecho yo. Pero ni tan siquiera inicie la primera parte. No llore, no me enrabiete, ni un grito de desesperación… simplemente agaché la cabeza y lo acepté.

Echando la vista atrás, solo hace 2 años que llevo entrenando y me falta mucho por aprender, muchas carreras por correr y como dice uno de los más grandes atletas (*) que conozco: lo mejor está siempre por llegar.

(*): él no gana carreras, pero nuestro Fali se gana la vida día a día, y nos enseña cómo se debe disfrutar de ella.

Me quedo con eso último: lo mejor está siempre por llegar. Aunque estas semanas las veces que he rodado no me haya cruzado con ese feeling que tanto nos gusta a los que corremos, no puedo dejar que la mente me vuelva a ganar.

En el fondo si escribo este texto es porque hago lo que Scott Jurek decía, ahora toca aprender y a que no vuelva a suceder.

Mañana empiezo mi nueva aventura, un pasito más lejos para estar un pasito más cerca del desafío UTMB 2017 , aunque mejor dicho, serian 125 pasos más cerca.

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4 meses, 16 semanas, 110 días, 125 kilómetros  y mucha ilusión por un reto de nivel superior a lo que me he enfrentado hasta ahora. Esta vez sigo confiando en mi entrenador y en la fuerza de la manada empujando por detrás.

Átense los cinturones, pongan el asiento en posición vertical y prepárense, que en breve comenzamos el vuelo.

Mr M

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Hoy tenemos el placer de contar con la colaboración de Sosaku Runner (Pincha para ver su página web).

Consideramos a Sosaku Runner como uno de los mejores y más veteranos bloggers de running en lengua castellana. Todo un maestro para los bichos y un referente para cualquier runner que se precie.

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He aquí su post denominado “LA LLAMADA”:c425f-coliseo2b2

Hay un momento en la vida de todo corredor en el que sentimos “la llamada”, ese algo interior que ya no nos deja escapar. A veces es un acontecimiento concreto, otras veces simplemente porque nos hemos dado cuenta de que nuestra vida sedentaria no puede continuar y necesitamos arreglarlo, pero hay un día en que la sentimos.

La llamada no llega el primer día que sales a correr, es algo que escuchas más tarde cuando haces la transición de trotón a runner. Lo normal es que las primeras veces que sales a correr no escuches nada, ni tus pasos. Con las mejillas enrojecidas, dolor de piernas y los pulmones a punto de estallar, es difícil que escuches ninguna llamada.

Pero hay un día donde todo parece fluir, no sabes cómo pero comienzas a disfrutar corriendo. Te sientes bien mientras corres y mucho mejor después de hacerlo. Tu cuerpo se ha adaptado a la carrera y comienzas a generar endocanabinoides que son un chute de bienestar para tu cerebro. Comienzas a mejorar los ritmos, alargas las distancias, sales más frecuentemente, ya no lo puedes dejar. Es ahí cuando escuchas “la llamada” y sabes que serás un runner para siempre.

En mi caso mi vocación como runner fue bastante temprana. Era un niño normal que no destacaba en los deportes. Jugaba al baloncesto con amigos y al frontenis en un club cercano a casa, pero nunca estuve en ningún equipo federado de nada. Como consecuencia de un par de enfermedades de esas que se trataban antes con chutes de cortisona, sobre los 10 años cogí mucho peso, daño colateral de aquellos medicamentos. Llegué a estar incluso enfermo un año sin hacer gimnasia en el colegio, un recuerdo duro que aún mantengo. Ver a tus amigos divertirse haciendo deporte mientras tú estás sentado en un escalón no es algo que mejore tu autoestima precisamente.

Ese lastre extra adquirido a los 10 años me acompañó hasta los 15. Sobre esta edad, supongo que por la entrada en la adolescencia, decidí que debía hacer algo para reducir mi peso. Elegí correr porque era algo que quemaba muchas calorías y no requería grandes complicaciones. Mis primeras salidas fueron duras, pero recuerdo que pronto estaba haciendo un buen tramo de ida y vuelta de la Avenida Marítima de mi ciudad, unos 6 kilómetros.

En aquella época apenas nadie corría, esa Avenida era solo para mí. Salía con mi walkman-ladrillo en la mano, a veces llegué a ponerme plásticos debajo de la camiseta de algodón para sudar más (¡). Así un día tras otro. Y sin darme cuenta, me enganché a correr. Por supuesto controlé bastante mi peso. Correr se había convertido en una necesidad vital.

Con 18 años fui a Madrid a estudiar. Mis recuerdos son de correr por la zona donde vivía, con calor y con frío. Más tarde estaría unos años trabajando fuera de casa y seguí corriendo. Aquello nunca me abandonó. Era un pacífico “jogger” que corría tres o cuatro veces por semana, más o menos siempre los mismos 45 minutos. No participaba en carreras, no lo necesitaba para sentirme bien. Tampoco sabía qué había que hacer para participar o donde inscribirse.

Me casé, tuve a mi primera hija y una nueva enfermedad marcó mi vida como runner. Mi mujer enfermó de una enfermedad de esas consideradas raras. Fue una época dura que se juntó con la crianza de un bebé. Comencé a salir a correr por las noches cuando la bebé ya dormía. El estrés hizo que cada vez corriera durante más tiempo. Aumenté el volumen sólo para desconectar durante más tiempo del estrés que tenía por aquella situación. Gracias a Dios, en un año se pudo conseguir un diagnóstico que pasaba por una operación que salió con éxito. De aquella experiencia salí como un mejor corredor, más duro y que era capaz de correr durante más tiempo.

Un día de 2008, llamado por la burbuja del trail me apunté en un maratón de montaña. Inocente, pensaba que podía terminarlo bien ya que “a ratos se caminaba”. Acabé con las piernas bloqueadas, no estaba preparado para aquel esfuerzo, pero terminé. Terminar fue un chute de autoestima. Y un día hablando con mi hermano que ya tenía mucha experiencia como corredor de larga distancia me dijo “si has terminado una maratón de montaña puedes acabar una de asfalto”. Aquello fue el espaldarazo definitivo que necesitaba.

Busqué un libro de entrenamiento por internet y comencé a entrenar para Mapoma en 2009. La terminé bien, con un tiempo modesto pero con muy buenas sensaciones que es lo que se pretende en una primera vez. Me había convertido en corredor. La Maratón me atrapó y no me ha abandonado desde entonces.

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Hoy son ya 14 maratones y 30 años desde que empecé a correr. Pasar muchos años de jogger me ha enseñado a respetar a todo el que corre, sea cual sea su nivel o sus ambiciones. También correr despacio tanto tiempo me ha ayudado a no lesionarme nunca en 30 años. Correr hoy es una necesidad vital que le da sentido a mi vida, algo tan necesario como respirar o alimentarme. Los comienzos fueron duros, mi cerebro lo ha olvidado porque nuestros cerebros vienen “de fábrica” para cuidarnos y ayudarnos a olvidar lo negativo. Hoy todos los recuerdos que tengo de correr son positivos, desde el primer momento en que sentí “la llamada”.

Mr Sosaku Runner